Jorge Suárez-Vélez.
El peso está en caída libre y ha alcanzado niveles que poco
tienen que ver con la realidad estructural de la economía mexicana. El inicio
de año se ha visto influido por una tormenta perfecta de tuits de Donald Trump
obsesivamente agresivos contra México, la liberalización de los precios de las
gasolinas y el mal ambiente social como resultado de éstas.
México tiene cierto control sobre dos de los tres factores.
Dígase lo que se diga, el gasolinazo era indispensable si queremos que fluya
capital privado a actividades económicas donde nada tiene que hacer el Estado,
como la distribución y comercialización de combustibles. La competencia abierta
y sin distorsiones hará que, a la larga, los consumidores tengan acceso a más
estaciones de servicio con tiendas de conveniencia adecuadas, baños limpios, e
incluso a 'lujos' como los 'litros de a litro'. Quienes critican la medida
tomada por el gobierno ponen como ejemplo a los precios de la gasolina en
Estados Unidos, un país donde exploración, explotación, distribución y
comercialización de combustibles están todos en manos de empresas privadas.
En cuanto a los disturbios ocasionados por el alza, cuesta
trabajo discernir cuánto proviene de manifestaciones espontáneas, cuánto de
quienes “ven burro y se les antoja viaje”, y cuánto provocado por quienes se
benefician del caos. El sistema de distribución manejado por el sindicato de
Pemex le generó cuantiosas fortunas a muchos que no han de estar contentos de
perder el negocio. El origen de los saqueos en Hidalgo y la participación en
éstos de Antorcha Campesina ponen el reflector sobre el 'rudo' Osorio Chong,
quien querría pegarle a los 'técnicos', Meade y Videgaray.
Pero la que más me preocupa es la que no está en nuestras
manos. El manejo de la relación con Estados Unidos ha sido errático y miope.
Invitar a Trump a México sí fue un error, y dejarlo limpiarse los pies en
nosotros lo fue más. Estamos cosechando la falta de respeto que sembramos, y el
presidente electo ve a México como la fruta más a su alcance, sin el riesgo de
reacciones fuertes como las que podría esperar de China.
Videgaray cree en una estrategia de apaciguamiento digna de
Neville Chamberlain, en no hacer olas y mandar mensajes por medio de Jared
Kushner, el yerno (y recientemente nombrado principal asesor) del casi
presidente. Cree en convencer a Trump y a su equipo sobre la importancia
comercial de México. Se equivoca de estrategia.
Primero, considerando la magnitud del impacto que tendrá
para la economía de Estados Unidos la reducción en tasas de impuestos
personales y corporativas que se piensa proponer, la repatriación de dos
billones de dólares, en combinación con un impuesto transfronterizo (¡propuesto
éste por Paul Ryan!) que tendría todo el sentido del mundo para ese país, la
relación con México equivale a un error de redondeo en las cifras de la
economía estadounidense.
Trump ataca una y otra vez a México porque no tiene
consecuencia para él, nos percibe débiles. Trump es un bully. Los bullies sólo
entienden la fuerza. Nosotros también podemos tuitear. Propongo que el
presidente Peña mande un tuit en el cual diga: “México lleva 22 años de ser
socio de Estados Unidos y Canadá. Juntos hemos forjado competitividad
sobresaliente. Pero, ante medidas proteccionistas, consideraríamos un impuesto
de 35 por ciento a las importaciones de maíz, para fomentar producción local.”
La reacción en estados republicanos en el midwest estadounidense (Iowa,
Nebraska, Indiana) sería fortísima, pues ya están muy presionados ante la
posibilidad de perder subsidios importantes. Lo que necesitamos es que ellos
presionen desde dentro.
El argumento de México no puede ser comercial, es de
seguridad. La entrada no es Kushner, sino el general John Kelly, quien
encabezará Homeland Security. Estados Unidos no puede asegurar su frontera sin
nuestra ayuda. Para un control real, no sólo necesitan de un programa de
migración temporal formal (nada que ver con un “camino a la ciudadanía”), sino
que necesitan que México sea un país próspero.
Tienen que entender que cada tuit del presidente electo
debilita al gobierno, debilita las reformas estructurales que sí son el camino
correcto, y pone a López Obrador más cerca de la presidencia. López Obrador
echaría para atrás décadas de avance económico del país. Gente como Ricardo
Raphael se equivocan al poner como ejemplo de política fiscal a Venezuela,
Bolivia y Ecuador. Lo último que Estados Unidos necesita es eso en su frontera
sur.
La política fiscal propuesta y el alza en tasas de interés
provocarán una fortísima revaluación del dólar contra todas las monedas, el
peso incluido. El efecto sobre la economía mexicana podría ser catastrófico.
Eso es lo que tiene que entender el gobierno de Trump. Si creen que la crisis
de refugiados siria es un problema, para ésta no habría muro que la detenga.
Nuestro interlocutor es Kelly, y nuestro vocero no es Videgaray, sino el
almirante Vidal Francisco Soberón.
No hay tiempo que perder.
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