Salvador Camarena.
Luego del gasolinazo, y ante la amenaza Trump, diversas
entidades (INE), algunos estados (Jalisco, Ciudad de México) y el propio
gobierno federal han anunciado, en los últimos días, medidas de austeridad.
Contra la idea –increíblemente propagada sobre todo por
voceros oficiales y oficialista– de que por más que se recortara el gasto
público no había manera de acercarse al monto que evitaría el gasolinazo (200
mil millones de pesos), el instrumentar medidas de ahorro en el gasto público tendría
al menos cuatro consecuencias positivas:
-Manda la señal de que la clase política es sensible ante la
tormenta que se aproxima.
-Obliga a las entidades a revisar su operación, es decir,
también habría una señal hacia adentro de la administración pública de que el
ajuste va en serio.
-Permite ahorros de cara a venideros, en cuestión de
semanas, aumentos en los combustibles.
-Haría más rendidor el gasolinazo: la recaudación
gubernamental por cada tanque significaría 'más recursos' si los compromisos,
los gastos gubernamentales pues, son menores, así sea 'en unos cuantos' miles
de millones de pesos. Dicho lo anterior, y subiéndome al
#ustedesquéhubieranhecho, enlisto cosas que podrían hacer algunas instituciones
para bajarle al gasto. Son apuntes sueltos, pero (creo) realistas:
Que las entidades
federativas y el gobierno de la República suspendan las mal llamadas
'cortesías': ponen choferes-custodios a empresarios, figuras del show biz y por
supuesto a funcionarios e incluso exfuncionarios. Esta medida debe incluir el
publicar quiénes recibían esta 'prestación', y quiénes la seguirán recibiendo
(así la ciudadanía puede medir el ahorro y la pertinencia del gasto que, en
efecto, habrá que hacer en algunos funcionarios, en muy pocos, en los que esté
justificado).
Cancelar la
publicidad gubernamental en medios de comunicación de todo tipo. Todo tipo,
toda entidad. Para emergencias climáticas, de protección civil o campañas y
alertas de salud, los gobiernos usarán redes sociales y tiempos oficiales en radio
y TV.
Que se cancelen todo
tipo de seguro privado de salud a funcionarios de todos niveles y organismos:
Corte, Cámaras, gobiernos. Todos.
Que se suspenda toda
pensión vitalicia incondicional a exfuncionarios (Corte, jueces, banqueros
gubernamentales, presidentes, etcétera): si ese exfuncionario consigue
empleo (tipo Felipe Calderón) o se involucra en negocios, y los ingresos por
ese concepto son iguales o mayores al 80 por ciento de su pensión, la misma
queda suspendida de inmediato. Si vuelve a quedarse sin empleo, recupera su
pensión.
Quedan prohibidos los
vales de gasolina como prestación salarial. Sólo pueden ser utilizados como
mecanismo para cumplir las funciones: a un policía se le da para sus rondines,
a un legislador por qué diablos.
Las dependencias
contarán con un sistema de logística para la movilidad de los funcionarios en
diligencias específicas, pero NO con choferes y/o escoltas exclusivos para los
mismos. Es decir, adiós a asignar guaruras de forma permanente.
Salvo las Fuerzas Armadas
y la Policía Federal, el procurador y el presidente de la República, todos los
vuelos de los funcionarios se realizarán en líneas comerciales.
Los aguinaldos de la
burocracia no serán mayores a los que establece la Ley Federal del Trabajo para
asalariados de cualquier otro rubro.
Cero bonos al dejar
un empleo en la administración pública: adiós a casos como el de Enrique Ochoa
en la CFE.
Iluso. Imposible de llevar a cabo. No sabes cómo opera el
gobierno. No ganarías más que cacahuates. La ley no es retroactiva... Todo eso
se puede decir de apuntes como los anteriores y de otros similares.
Salvo que no estamos en tiempos normales: o cambiamos o todo
el país será aquella ranita condenada por su inacción a morir a fuego lento.
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