Martín Moreno.
Más allá de
fanatismos, filias o fobias, hay, al menos, seis razones válidas y de fondo por
las cuales Enrique Peña Nieto debería considerar, en algún momento, solicitar
licencia al Congreso como Presidente de México. (Razones aplicables, por
supuesto, en cualquier país con rasgos de democracia, aún incipientes o en
desarrollo):
NULO APOYO CIUDADANO.
Bajo cualquier circunstancia, ya es muy difícil gobernar con un raquítico 12%
de respaldo ciudadano (Fuente: Encuesta de REFORMA 18/Enero/2017). Si solamente
12 de cada 100 apoyan a un mandatario,
es momento de reflexionar en Los Pinos y ver qué tan conveniente es para el
país tener a un Presidente con nulo apoyo popular. Sin credibilidad ni
confianza. Es momento de evaluar cómo quiere pasar Peña a la historia: como
el peor Presidente de México o como el Presidente que prefirió hacerse a un
lado en aras de intentar rescatar a un gobierno que naufragó en su cuarto año.
Aún le queda tiempo para hacerlo.
CAUSAS DEL NAUFRAGIO.
Lo más grave para Peña Nieto – y lo peor
para México-, son los motivos por los cuales los ciudadanos retiraron su
respaldo al Presidente: la corrupción del gobierno peñista; la Casa Blanca y
los conflictos de interés con grupos empresariales (Grupo HIGA y OHL); la
adquisición oscura de mansiones a cambio de favores (familia Peña Rivera y Luis
Videgaray); caso Ayotzinapa y una investigación gubernamental amañada y
manipulada; la protección desde Los Pinos a gobernadores corruptos (Moreira,
los Duarte, Medina, Borge, etc); los gasolinazos (las falsas promesas de Peña y
su equipo de erradicarlos); la ineficacia a la hora de gobernar. Todos
estos factores generaron un caldo de cultivo propicio para que, a solo 20 meses
de concluir su sexenio, los mexicanos decidieran retirar su respaldo al Presidente.
DAÑO IRREVERSIBLE.
Peña Nieto no tiene ni remedio ni solución. Sus pecados no los absolverán los mexicanos. Es un político repudiado y
odiado, pero no de manera gratuita: allí están – abiertos, impunes- sus abusos
de poder. Cada vez escucha menos y está más aislado de la realidad nacional.
Sus oídos únicamente están abiertos para Videgaray, Nuño y Eduardo Sánchez.
Todos los demás son enemigos. Para colmo, sigue diciendo disparates: en Puebla
se ufanó de que los poblanos “no protestaran tanto por el aumento a las
gasolinas”. Iluso el señor Peña: el autoengaño radicó en que Moreno Valle
solamente rodeó al Presidente de aplaudidores oficialistas y le evitó cualquier
momento desagradable a la vista. Un mundo feliz a la medida del mandatario
repudiado. No en balde se han cancelado giras presidenciales.
NO HAY SOLUCIÓN.
A 20 meses de su salida de Los Pinos, no
se vislumbra que el país mejore en sus parámetros más sensibles y urgentes: más
seguridad, mejor economía, menos corrupción, castigo a los corruptos, mayor
sensibilidad gubernamental a los reclamos ciudadanos, menos pobreza. Muy al
contrario: la situación podría empeorar con el embate racista y enfermizo de
Donald Trump que ya le causa estragos a la economía nacional con la cancelación
de inversiones y empleos. De entrada, Trump le marcó agenda a Peña Nieto.
Es el gringo quien fija hora, fecha, temas de discusión, etc. Enfrentar a Peña contra Trump es como
enfrentar a los Gallos Blancos contra el Real Madrid. No hay punto de
comparación.
VACÍO DE AUTORIDAD.
Al aislarse del país y, por tanto, de lo que sucede en su entorno, Peña Nieto ha provocado un vacío de
autoridad que está siendo devorado por la dinámica de la sucesión presidencial
en 2018. Los vacíos se llenan: los grupos que pretenden arrebatarle a Peña el
control sucesorio, han entrado en franca batalla por la candidatura
presidencial. Allí están Videgaray – al frente del equipo de Los Pinos-; Osorio
Chong – arrinconado aunque, precisamente por ello, peligroso-; Manlio Fabio
Beltrones – engallado por la ausencia de autoridad presidencial y dispuesto a
buscar la candidatura apoyado por gobernadores, teniendo como plan B a su
cachorra, Claudia Pavlovich-; Ivonne Ortega – ex gobernadora yucateca que ya
está, sin tapujos, buscando la candidatura presidencial priista-. Los grupos de
poder priistas, ante la evidente debilidad de Peña Nieto, buscan la candidatura
y, en ese lance, darían el tiro de gracia a un país que sería rehén de las
ambiciones políticas en lo que resta del gobierno de EPN.
2018 Y LA CRISPACIÓN
POLÍTICO-SOCIAL. Si Peña Nieto se
aferra a una presidencia débil, desprestigiada e inoperante, la crispación
social y el entorno político rumbo al 2018 se agravarían. El empecinamiento de un mandatario
disminuido como Peña Nieto al tratar de imponer al candidato presidencial del
PRI e intentar descarrilar a López Obrador – cada vez más consolidado-, podrían
desembocar en una crisis nacional de consecuencias aún más funestas para el
país. Cada día que transcurre con Peña en Los Pinos, es un día que acumula
mayores rencores políticos y sociales. Bien ganado lo tiene el mexiquense. Peña
ya no une. Desune. Por ello, se necesitaría a un gobierno de transición que
llevara a buen puerto las elecciones presidenciales del 2018. Evitar el choque
mortal y frontal.
Estoy seguro que Enrique Peña Nieto se aferrará a la
presidencia, sin importar que en su
necedad, lleve al país a una crisis político-económico-social aún más grave y
que se agudice de cara al 2018.
Al no ser estadista, Peña optará por la imagen personal en
lugar de anteponer la viabilidad de México a futuro.
De ser estadista, Peña ya estaría considerando solicitar
licencia al cargo, reconociendo el fracaso de su gobierno y permitiendo a un
gobierno de transición medio enderezar las cosas de aquí a 20 meses.
Pero no lo hará. Al
Presidente le importa Peña Nieto. No México.
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