Isidro Baldenegro López fue muerto a sangre fría el pasado
15 de enero en la comunidad de Coloradas de la Virgen, en el municipio de
Guadalupe y Calvo, Chihuahua. Isidro fue asesinado con un arma de fuego;
recibió seis impactos de bala que lo alcanzaron en el pecho. El vil atentado
mortal contra el líder ambientalista indígena de 51 años es un crimen político
que tiene como objetivo continuar con la destrucción de los últimos bosques
intactos que quedan en México, y por ende los pueblos originarios que viven en
ellos.
Isidro era rarámuri, y nació en la sierra alta de Chihuahua
donde se dedicaba a la agricultura para el autoconsumo. Toda su vida estuvo
marcada por los árboles de pino y las montañas: su papá, también un defensor de
los bosques, fue asesinado por actores armados (quizá sicarios, o
paramilitares) en 1986. Esta zona de la Sierra Tarahumara, donde Chihuahua
colinda con los estados de Sinaloa y Coahuila, es uno de los últimos enclaves
boscosos de México, un paraíso por su megadiversidad en flora y fauna con
presencia de más de un 15% de especies endémicas. Las mariposas monarca, por
ejemplo, pasan por aquí y hacen escala durante su ruta migratoria.
El oro verde.
El estado de
Chihuahua tiene la mayor extensión de bosques del país, 7.6 millones de hectáreas
en total. Tristemente, este paraíso natural es también un territorio de lucha
por la tala de árboles para los Estados Unidos y la producción de mariguana y
heroína, también para los Estados Unidos.
El 40% de las tierras boscosas son ejidales, y desde las
reformas constitucionales de 1992 impulsadas por Carlos Salinas de Gortari, las
poblaciones de estas tierras se encuentran bajo presión para desocupar o
vender, en el mejor de los casos, los ejidos. Muchos campesinos viven o
trabajan en tierras sin saber quiénes son ya sus dueños. Luego de la firma del
Tratado de Libre Comercio de América de Norte, se redujeron en 2003 a 0% los
aranceles sobre las maderas, una política económica que catapultó la tala de
bosques en Chihuahua, al igual que en todo México.
A la fecha se calcula que el 99% de los bosques de la región
han sido destruidos para alimentar la industria maderera y celulosa y hacer
espacio para la agricultura. También la cacería ha afectado la fauna de la
sierra. Sin embargo, la población local no ha podido beneficiarse de estos
movimientos económicos. De hecho, las poblaciones indígenas de Chihuahua son
las más pobres y marginadas del país. Según datos del Consejo Nacional de
Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 90.6% del
municipio de Guadalupe y Calvo vive en pobreza sin poder cubrir las necesidades
básicas, y el 47.1% vive en pobreza extrema que se manifiesta en la
desnutrición.
El Triángulo Dorado.
Además, el bosque se encuentra dentro del famoso Triángulo
Dorado, la sierra que comparten Sinaloa, Coahuila y Chihuahua. El Triángulo
Dorado es el epicentro del cartel de Sinaloa para la producción y trafico de
mariguana y heroína para los Estados Unidos. Aquí nacieron “El Chapo” Guzmán,
los Beltrán Leyva, Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Aguilar y el “Jefe de
Jefes” Miguel Ángel Félix Gallardo.
El bosque de la Sierra Tarahumara se encuentra en estado
crítico, está amenazado con su extinción. Sólo 0.6% de la flora se puede
clasificar como intacta. La destrucción forestal es un crimen ambiental y debe
ser castigado. Sin políticas públicas efectivas para revertir la deforestación
y proteger a las poblaciones locales, ya no habrá más bosques que conservar
dentro de un sexenio o dos.
En este contexto extremadamente complejo donde mercados
internacionales tanto legales como ilegales, definen la vida y la muerte de las
poblaciones locales, Isidro Baldenegro organizó el grupo ecologista Fuerza
Ambiental para defender los bosques de Chihuahua. Luego de manifestaciones
pacíficas fue detenido en 2003 y no salió sino hasta 15 meses después por falta
de evidencias. Dada la falsedad de las acusaciones, Isidro fue declarado preso
de conciencia, y el caso fue documentado por Amnistía Internacional.
La ciudadanía desprotegida.
Isidro merecía toda la protección del Estado mexicano en
caso de una urgencia como la destrucción forestal en poblaciones altamente
marginadas y victimizadas por el crimen organizado en Chihuahua. En 2005,
Isidro recibió el prestigioso Premio Goldman “por su campaña no violenta para
proteger los bosques milenarios de la deforestación en una región plagada por
la violencia, el narcotráfico y la corrupción”.
En los últimos años, Isidro Baldenegro siguió recibiendo
amenazas e intimidaciones, pero no dejó de luchar para que se cumpliera la ley
y proteger los bosques de pino. De hecho, acababa apenas de regresar a la
comunidad luego de estar un tiempo “en el norte”, debido al nivel de peligro.
Una figura como la de Isidro es tan necesaria en México para
recomponer un pacto social basado en el estado de derecho administrado por
autoridades competentes, con ciudadanos en activo por el ejercicio de la
justicia y la legalidad. México necesita estos líderes, y los necesita vivos,
que sigan alertando a la ciudadanía de los abusos de las autoridades o de los
grupos criminales. Ciudadanos que defiendan los recursos naturales de todos los
mexicanos.
Los últimos (bosques)
La muerte de Isidro
es un ataque a la participación ciudadana y los derechos humanos, en particular
de los indígenas, y a la conservación del medio ambiente en México. El
asesinato tiene que ser investigado con el fin de que se encuentren los
responsables y se haga justicia.
Su ejecución
extrajudicial fue organizada para terminar su lucha por la protección de la
sierra, tanto como la de su padre, y es un atentado contra la conservación del
medio ambiente. El caso será seguramente retomado en el segundo reporte que las
Naciones Unidas que están preparando este año sobre la violencia contra los
defensores de los derechos humanos en México.
Porque además de
Isidro, hay más de 33 líderes comunitarios que han sido asesinados en México
desde 2010. Porque lo que sucede con los rarámuris en los bosques de
Chihuahua, sucede en cualquier otro estado del país. Porque si no se hace
justicia luego del asesinato de Isidro Baldenegro, no sólo se estarán destruyendo los últimos bosques de pino en la sierra
Tarahumara, sino también a los rarámuris.
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