En diciembre pasado, la Secretaría
de Hacienda anunció un aumento de 20 por ciento en las gasolinas Magna y
Premium, así como del Diesel. Un mega gasolinazo. Una crítica noticia con la
que millones de mexicanos atravesaron el Año Nuevo. El colmo de la
incertidumbre porque pronto, el 20 de enero, Donald Trump tomará posesión como
Presidente de Estados Unidos. ¿Qué pasará? ¿Cumplirá el republicano con
clausurar el TLCAN? ¿Deportará a los millones de connacionales que puntuales,
envían remesas a México?
Por lo pronto, las calles de varias
ciudades de México ardieron. Marchas airadas y saqueos de tiendas comerciales
fueron la crónica más fiel del enojo que causó el anuncio de Hacienda,
bautizado como “mega gasolinazo”.
Entonces, el INE decidió suspender
sus planes. Antes de que concluyera la primera quincena de enero, Lorenzo
Córdova Vianello, el presidente consejero, salió ante los medios para anunciar
que el consejo de esa autoridad electoral había determinado no gastar en el
nuevo edificio ni en celulares. Primero, convocó a una conferencia de prensa.
Después, citó para entrevistas a varios medios en su despacho de Viaducto
Tlalpan, en la antigua y emblemática edificación de la autoridad electoral, el
mismo sitio donde fue inaugurada en 1990.
Ante SinEmbargo, el abogado con Doctorado
en la Universidad de Turín, expuso:
“Las medidas de austeridad que hemos
tomado tienen un doble propósito. Demostrar la sensibilidad que deben tener
todas las instituciones públicas y todos los servidores ante una situación tan
complicada para la sociedad mexicana. Por otra parte también tratar de
contribuir con la racionalización de los recursos para enfrentar estas
circunstancias graves para la economía nacional”.
– ¿Pero cómo serán las elecciones de
2018? ¿Esta convulsión social de ahora es ya la gran antesala?
– Es el contexto en el que hemos
venido operando. En 2015 tuvimos elecciones que se realizaron en condiciones
inéditas. Lamentablemente inéditas. Las protestas cobraron una especie de
legitimidad, de falsa legitimidad. El discurso de boicot de las elecciones como
una manera para poder conseguir o reclamar la satisfacción de necesidades que
incluso en cuanto tales podían ser legítimas, como las de los derechos humanos.
En muchos sentidos fue expresión de inconformidades y desasosiego con el estado
de cosas en el país, que es justo lo que ha venido ocurriendo con las protestas
del gasolinazo. Esto nos habla de un medio ambiente. De un contexto en el que
la democracia se está recreando. Un ambiente que es profundamente adverso
porque termina por estimular conductas y actitudes con la lógica misma de la
democracia. Pero las elecciones siguen teniendo un enorme poder civilizatorio.
El hecho de que nos estemos avecinando a lo que van a hacer las elecciones más
grandes, es también paradójicamente un momento de oportunidad. También es
cierto que a pesar de las complejidades, las elecciones siempre se han llevado
puntualmente y hasta ahora han servido para cumplir el propósito que tienen en
una democracia; es decir, ser las vías institucionales para que el poder
político se realice sin derramamiento de sangre, como dicen los clásicos.
– ¿Qué pasó? Cuando surgió el IFE
había confianza. ¿Qué pasó en el camino de dos décadas?
… Se están conjuntando muchos
grandes problemas estructurales. Pobreza, desigualdad, crisis de derechos
humanos, ahora, un estancamiento y una situación económica muy delicada. [Estos
factores] están generando una crispación que es justo lo que hemos visto en los
días pasados [en referencia a las protestas en contra del gasolinazo] con
expresiones que de no atenderse y no entenderse adecuadamente pueden poner en
riesgo las conquistas democráticas que hemos logrado afanosamente en más de
tres décadas.
– ¿Ve usted directrices para salir
de esta crisis?
– Si bien hoy tenemos gobiernos
democráticamente electos están resultando a ojos de todos ineficaces para
enfrentar estos grandes problemas estructurales. El modelo económico que
acompañó la apuesta por la transición se ha demostrado a todas las luces insuficiente
para lograr crecimiento. Ahí están las tasas de los últimos años que hoy nos
tienen en una situación muy delicada, sea por factores externos pero también de
una política que no logró generar el bienestar prometido a la par de la
democratización.
– La crisis de credibilidad, según
arrojan las encuestas y la misma manifestación callejera, está dirigida a las
instituciones y la clase política. Y las sumas millonarias que reciben los
partidos políticos es uno de los grandes elementos del enojo social. Entonces,
¿cuál es la transformación conveniente para el sistema de partidos?
–… Yo soy un defensor del financiamiento
público, pero eso no significa que esté en contra de la racionalización del
monto que se entrega por parte del Estado a los partidos políticos. (Hay que
tener cuidado) de caer en estas posturas simplistas o demagógicas de ah,
‘quítesele la mitad del dinero a los partidos’. Creo que plantearlo así incluso
puede llegar a ser irresponsable. Tiene que haber un diagnóstico. Si hay una
lógica de reducción de los recursos no caer en los extremos de cerrarles la
llave del financiamiento que orille a los partidos políticos a buscar dinero
donde no queremos que lo busquen. Hoy en México y el mundo hay muchos
dispuestos a financiar la política. Desde fuentes ilegales como grandes
intereses que podrían, lejos de robustecer el sistema democrático, transformar
las democracias en plutocracias; es decir, en el reino del dinero. Eso no
significa que no tengamos que avanzar de discutir los montos con que se
financia la política. En el caso de los partidos está determinado con una
fórmula determinada en la Constitución, pero hay muchos recursos para que
disminuya ese financiamiento. Su dinero está en el centro de la atención y
tensión social. (La disminución de financiamiento público) puede ser una manera
de recomponer la imagen pública de los partidos políticos.
–Si la medida de austeridad del INE
intenta ser ejemplar y el mensaje ya está dado. ¿Qué institución debe seguir en
la aplicación de medidas de austeridad?
– Yo aspiraría a que lo fuera. El
mensaje de austeridad que nosotros quisimos tenía dos propósitos, uno tratar de
demostrar esa sensibilidad a la que hacía referencia hace un momento de cara a
la sociedad que está padeciendo un momento económico muy complejo, muy
complicado, y por otra parte tratar de proveer al Estado mexicano de recursos
que si bien estamos convencidos tenían un destino y una racionalidad
absolutamente justificada, por el ejemplo, el dinero que se autorizó por la
Cámara de Diputados al INE para construir una nueva sede de oficinas centrales
que nos permitiera concentrar oficinas que hoy están dispersas en locales
rentados en un único espacio propio y que tenía el propósito del ahorro.
Córdova, sin 3de3, se lanza por la
transparencia.
A la par de las medidas de
austeridad, Lorenzo Córdova Vianello expone que aspira a que el instituto tenga
mecanismos de rendición de cuentas para que informe cada trimestre sobre el
ejercicio de sus recursos públicos. “Ningún órgano del Estado lo hace como
nosotros lo hemos hasta ahora”, expresa el presidente consejero.
Abunda que “la idea es que se cree
un contexto de exigencia y en consecuencia una mayor rendición de cuentas.
Finalmente decidimos instruir a la junta general ejecutiva para que en el mes
de febrero se presente además de estas medidas, un análisis que nos permitan
tomar medidas de racionalidad que generen economías y eventualmente mayores
recursos que podríamos poner a disposición para tratar de compensar o de
contribuir a tratar de mejorar las condiciones actuales”.
– ¿Cómo evalúa la corrupción
nacional?
– El problema de la corrupción es el
resultado de la impunidad. Hay un déficit en el país. No lo digo yo. Lo dicen
análisis internacionales que califican muy mal al país en esta materia. Creo
que no hay que ir muy lejos. Parte de la irritación social respecto de la clase
política, respecto de la función pública tiene que ver con episodios de
corrupción que son muy lamentables y que han generado la sensación de que se trate
de un fenómeno muy extendido. Ese es uno de los puntos clave que tienen que
combatirse y que estoy convencido están en la base de la irritación social.
– Y entonces, ¿presentará su
declaración 3de3? [al momento de la entrevista, Lorenzo Córdoba Vianello es una
de las personas de interés que no han publicado en esta iniciativa ciudadana el
documento que ayudaría a ver cuál es su fortuna y si esta ha evolucionado a
partir del día que tomó posesión como presidente consejero del INE, en 2014].
– Estoy convencido de que la
rendición de cuentas tiene que tener unos mecanismos legales de absoluta
robustez. Y soy ¡copartícipe de la rendición de cuentas como parte de un
contexto de exigencia, como parte de la propia ciudadanía. ¿Qué quiero decir?
Que el problema de la corrupción no es solamente que la comunidad se entere,
sino que existan mecanismos institucionales legales eficaces que evidencien y
sancionen todo caso de corrupción y hoy estamos en una situación muy precaria.
Desde el punto de vista institucional en este sentido, lo demás no sirve. Lo
demás es fuego de artificio. No digo que no sea necesario, pero la columna
vertebral del combate a la corrupción es que los mecanismos de sanción estén
claramente establecidos institucionalmente y funcionen, que sean eficaces.
Aquellos 90
Hubo un tiempo, en los noventa, en
que el INE (antes IFE) fue una de las instituciones con mayor confianza de los
mexicanos. En 1990, dos años después del controvertido triunfo de Carlos
Salinas de Gortari en las elecciones en las que “se cayó el sistema”, nació el
IFE que organizó su primera elección a la Presidencia cuatro años después, con
credencial de elector con fotografía.
Al candidato priista, Luis Donaldo
Colosio Murrieta, lo asesinaron ese año y al final, su sustituto, Ernesto
Zedillo Ponce de León ganó la elección. No hubo impugnaciones, ni señalamientos
de fraude. El entonces IFE entregó los paquetes electorales en un ejercicio que
no fue cuestionado.
En 2000, el instituto realizó las
elecciones en las que el PRI concluyó 71 años en el poder y con las que se
inició la alternancia partidista. Entonces, había confianza y esperanza, según
dan cuenta ejemplares de diarios nacionales de esa época. Años de fraudes
quedarían sepultados. Ya no existiría o empezaría a diluirse aquella conocida
semántica de “la operación ratón” o la “tamal”.
En 2006, el triunfo de Felipe
Calderón Hinojosa fue impugnado por el Partido de la Revolución Democrática que
había postulado a Andrés Manuel López Obrador. La historia se repitió en 2012,
con el regreso del PRI a Los Pinos con la persona de Enrique Peña Nieto.
Hoy, al transformado INE, ya no lo
envuelven los factores de la confianza, ni de la esperanza. El año pasado, en
los comicios del 7 de junio en los que se eligieron gobernadores, hubo un
llamado extendido a no votar.
–¿Qué ocurrió doctor Córdoba? ¿Por
qué se desmoronó una de las instituciones con mayor prestigio en México?
– Yo creo que las instituciones
electorales han padecido a la par del desgaste y del desencanto democrático… Lo
que ha pasado desde el año 2000 a la fecha ha sido un asentamiento del proceso
democrático. Pero también, digámoslo así, los gobiernos emanados de procesos
democráticos no han sido capaces de resolver los grandes desafíos en materia de
derechos humanos que se plantearon a la par del proceso de transición en el
mundo. Hoy vemos que hay un desencanto con la democracia, con los partidos
políticos. El año pasado estuvo plagado de fenómenos en los que esto se
presentó de manera clara muy nítida. A la par de este proceso de desencanto ha
habido este desprestigio cada vez mayor respecto a la clase política y también
a las instituciones del Estado. Y las instituciones electorales no han sido
ajenas.
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