Diego Petersen Farah.
Hoy es uno de esos días que siempre han soñado los
apocalípticos: el punto de quiebre donde todo se derrumba, se cumplen las
peores profecías y el mundo deja de ser lo que era. Pero, ¿de verdad todo va a
cambiar de manera tan drástica?, ¿es realmente la llegada de Trump el fin de
una era y comienzo de otra?
Sobre la presidencia de Trump he oído de todo, desde quienes
sostienen que, como diría Mafalda, “es el comenzose del acabose”, los que dicen que este señor es capaz de
desatar una guerra atómica (de la cual, por suerte, no nos enteraríamos,
simplemente desapareceríamos como especie antes de que alguien pueda siquiera
mandar un tuit) hasta los que aseguran que lo único que va a provocar es un
debilitamiento de la economía estadounidense a mediano plazo y,
finalmente, los que, más con ganas de
que suceda que con datos, apuestan que el señor no terminará ni el primer
periodo de gobierno, pues será víctima de las sólidas instituciones de la
democracia estadounidense.
Todas son apuestas, más o menos informadas, pero apuestas, a
fin de cuentas. No hay manera de saber cómo va a gobernar porque nunca lo ha
hecho antes: nunca fue Diputado, Senador o Gobernador. Lo que sí podemos
esperar, en función de sus discursos y del corrimiento que hay en el mundo
occidental hacia la derecha, es que Trump encabece una especie de
nacional-populismo, un fascismo red neck, con las particularidades gringas, que
hará que las manifestaciones de odio se incrementen no sólo en Estados Unidos sino
en todo el mundo occidental. La llegada de Trump fortalecerá los partidos de
extrema derecha en Europa y parte de América y que incrementará la tensión con
el mundo árabe, con lo que el planeta no solo será más inseguro, sino más lleno
de miedos.
¿Es Trump el fin de una era, el comienzo de otra o una
piedra en el camino del sistema neoliberal inaugurado por Ronald Reagan y
Margaret Thatcher en los años ochenta? No pocos quieren ver en la llegada de
Trump a la presidencia de Estados Unidos el signo de la decadencia del sistema
neoliberal que parece agotarse en función de su incapacidad manifiesta de
resolver el tema de la pobreza, pero sobre todo por el nivel de incertidumbre
en que metió a las clases medias. Pero, otra vez, parece demasiado aventurado leer
en esto, por aberrante que nos parezca, algo más que la llegada de un político
antisistema a la Casa Blanca, con lo que ello de por sí implica en términos de
inestabilidad y violencia, no solo para México sino para los propios ciudadanos
estadounidenses.
La era Trump puede ser más que un mal rato de la democracia
gringa y convertiste en un punto de quiebre en la hegemonía de Estados Unidos
donde China sería el gran beneficiado. Lo que es seguro es que, en cualquier
escenario, los mexicanos pasaremos las de Caín: podemos esperar lo peor y con
tendencia a empeorar. Así que más vale que nos pongamos a pensar, a trabajar y
a remar para otros rumbos (en ese orden).
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