martes, 24 de enero de 2017

Más armas = más violencia.

Ha pasado casi una semana de la tragedia que enlutó a nuestro país, de que un joven de apenas 15 años, disparara contra su maestra y compañeros en el colegio Americano Noreste de Monterrey, y hay varias visiones en la mesa sobre qué hacer con el tema que asomó la cabeza en los terribles hechos: el control y la regulación de armas.

No solo no es un tema menor, sino que es uno que exige definiciones para que lo de Nuevo León, que decenas de veces hemos visto en escuelas y universidades de Estados Unidos, no solo no se convierta en una constante, sino que no vuelva a suceder.

Están de un lado quienes, como el senador del PAN Jorge Luis Preciado, pretenden armar a la sociedad y están a favor de que cada ciudadano pueda portar una pistola lo mismo en su coche, que tener una en su casa o negocio; en el otro extremo está la postura de Miguel Ángel Mancera, para no solo buscar frenar la proliferación de armas, sino sancionar la portación.

Son dos visiones que retratan a cada uno de quienes se colocan al frente de las posturas.

La iniciativa que en octubre pasado presentó Preciado –que ni su partido apoyó-, famoso por protagonizar escándalos, lo mismo personales que por organizar fiestas en el Senado utilizando recursos públicos, propone que cualquiera no solo pueda poseer sino portar armas en público.

Enfrente, Mancera, ayer, al encabezar la instalación de la Comisión de Seguridad y Justicia de la Conago, en el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano capitalino, conocido como C4, aprovechó para señalar que empujará la prisión preventiva por portación ilegal de armas y las políticas de destrucción de armas de fuego, como ya se hace en la CDMX desde hace años, con el programa de Desarme Voluntario.

Son dos posturas diametralmente opuestas. Cada quien sacará sus conclusiones pero, por lo pronto, no hay evidencia que indique que armar a la sociedad contribuye en algo a disminuir la violencia. Al contrario. Más armas es igual a más violencia, a más muertes. Lo acabamos de ver en Monterrey. El arma que el joven disparó estaba en su casa. Era de su padre.


La portación de armas en público detonaría –todavía más- la violencia. Eso ocurre en todos los lugares donde la sociedad se arma. ¿Cuántas matanzas y masacres no hemos visto, por ejemplo, en EUA, en buena medida gracias a la facilidad con la que se consiguen armas?

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