En esta ciudad hierve
la sangre y hasta los niños que salen de la escuela preguntan cómo es que
Antonio Luna Hernández, velador de una finca en la salida a Dolores Hidalgo,
pudo haber asesinado a sus tres hijos en el baño del inmueble que cuidaba
mientras un operativo de agentes ministeriales se enfrascaba en un tiroteo
descomunal con supuestos delincuentes que habían rentado el lugar, en la
madrugada del sábado 14.
Las protestas de
familiares, amigos y ciudadanos sanmiguelenses que permanecen incrédulos
mientras Antonio permanece detenido y a disposición de una juez de control del
sistema penal acusatorio, llegaron el miércoles hasta la sede de los Juzgados
de oralidad del Poder Judicial estatal, la Subprocuraduría de Justicia y la
Presidencia Municipal, con pancartas
que exigen como demanda principal la renuncia del procurador Carlos Zamarripa
Aguirre.
“¡Queremos ver a
Toño, queremos ver a Toño!”, fue un grito repetido decenas de veces en este
recorrido del grupo de manifestantes, que por la tarde del miércoles bloquearon
durante varias horas la salida a Querétaro y Celaya, a la altura de los
edificios públicos mencionados.
Mientras esto ocurría, la audiencia que se celebraba en el
juzgado para desahogar testimoniales de elementos de la Agencia de
Investigación Criminal (AIC) que ingresaron a la finca donde se encontraban
Antonio, Juana su esposa y sus tres hijos de 4, 8 y 11 años, fue interrumpida a
solicitud del abogado defensor del acusado, luego de que éste debió recibir
atención médica.
Por ello, se pospuso
para el jueves la presentación de datos de prueba que servirían para que la
juez determine si lo vincula o no a proceso, lo que se prevé dará a conocer el
viernes.
Presuntamente, los agentes de la AIC expondrán
circunstancias que para la Procuraduría de justicia son determinantes al
fundamentar la acusación por el multihomicidio de los menores, hijos del
matrimonio.
En contraparte, el defensor, José Luis Vargas, sostiene:
“(Antonio) está
destrozado. Esto que está sucediendo es una tragedia; él es víctima”, y afirma
que el velador fue torturado.
“Lo tuvieron detenido durante más de nueve horas; argumentó
la Policía Ministerial que porque andaban en el operativo buscando a las otras
personas. Nueve horas tardaron en buscar y nosotros manifestamos que no debió
ser así, porque precisamente estamos en un nuevo sistema y para eso son los
jueces de control de garantías, para que no ocurran estas cosas…”.
No obstante, ante la
presentación de los datos de prueba por parte de la Fiscalía, la juez de
control calificó de legal su detención.
La audiencia fue
declarada privada, tal y como ha ocurrido desde el primer día del desahogo de
la imputación.
El abogado José Luis Vargas se dijo sorprendido de que a la audiencia se presentara Juana Antonia
Luna, esposa de Antonio y madre de los tres menores asesinados, en calidad de
ofendida y con la Fiscalía que detalla la imputación de cargos contra su
esposo.
Juana no llegó sola: con ella entró la regidora del PAN en
el Ayuntamiento de San Miguel de Allende, María Dolores Rosales, quien dijo
acompañarla en calidad de “ciudadana sanmiguelense y vecina”; negó que
estuviera ‘sacando raja política’ del caso y alcanzó a señalar a los
reporteros: “yo creo en la inocencia de Antonio, pero una cosa es lo que yo
creo y otra cosa son las leyes, ¿verdad?”.
“Ha estado hablando
con ella mucha gente que trata de tener protagonismo e intervenir; en lugar de
hablarlo con nosotros lo han hecho con ella”, comentó el abogado de Antonio.
Afuera, ante el grupo de manifestantes que llegó a la
Presidencia Municipal en ánimo de tomar el edificio –después de que en la
Procuraduría le hicieron saber que el caso “ya está en manos de un juez”- el
gobierno del alcalde panista Ricardo Villarreal optó por emitir un comunicado
en el que se solidarizó con las familias sanmmiguelenses, y exigió “justicia
pronta y completa, con juicios bajo el debido proceso e información oportuna a
nuestra sociedad”.
Por la noche, en la casa de los Luna en la colonia San Luis
Rey, mientras se rezaba el segundo de los rosarios frente a las imágenes de los
santos y una fotografía de los tres niños, los
familiares no vacilan en describir a Antonio como un hombre trabajador, que
pocas veces toma un descanso, muy unido con su esposa y sus hijos.
La incredulidad permea entre los presentes, principalmente
entre los hermanos de Juana y Antonio que recibieron las llamadas telefónicas
de ella en la madrugada del sábado 14 desde la finca donde estaba con su esposo
y los niños.
“Nos pedía que
llamáramos a la policía, que fueran a ayudarlos porque los querían matar, que
había muchos disparos, que estaban echando gas y sus niños estaban adentro
–narró Bertha Chávez, tía de la pareja-. Nunca nos dejó pasar la Policía
Municipal desde la carretera, no pudimos hacer nada, les fallamos…”
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