Organizaciones
sociales alertaron sobre la “amenaza a los derechos humanos y el Estado de
Derecho”, que representa la eventual aprobación de la Ley de Seguridad Interior
por el Congreso de la Unión, que otorga el control a las Fuerzas Armadas.
A 10 años de iniciada la “guerra contra el narcotráfico”,
apoyada en las Fuerzas Armadas, y tras el anuncio del inicio de trabajos entre
representantes de ambas cámaras y del Ejecutivo, en un posicionamiento los activistas resaltaron que el Congreso de la
Unión “no cuenta con facultad expresa para legislar sobre seguridad interior,
en términos del artículo 73 de la Constitución”.
Los firmantes
recordaron que, luego de una década en la que la militarización ha sido la
estrategia central en el ámbito de la seguridad, es evidente que “el país es
hoy más violento” que antes de que se emprendiera la “guerra contra el
narcotráfico”.
Al señalar que el
debate iniciado excluye la perspectiva de derechos humanos, los firmantes del
texto destacaron que la reglamentación que pretenden aprobar las fracciones del
PRI, PAN y PRD “incumpliría” abiertamente la Constitución, en cuyo artículo 21
“establece que la seguridad pública estará a cargo de las autoridades civiles,
lo que soslayaría una Ley de Seguridad Interior como la que en este día se
anunció”.
Las organizaciones y especialistas se pronunciaron en contra
de las “falsas soluciones” que puede significar dejar en manos de las Fuerzas
Armadas la seguridad del país, pues “no
es el camino adecuado normalizar lo que hoy es irregular, ni dar un barniz de
legalidad a lo que hoy es ilegal”.
Apuntaron que la
medida es inadecuada “máxime cuando el propio secretario de la Defensa Nacional
(Salvador Cienfuegos Zepeda) ha aceptado que el Ejército y la Marina no están
capacitados para las labores que hoy realizan”.
Los activistas y expertos que acompañan la comunicación
resaltaron que el concepto de seguridad interior planteado por las fracciones
mayoritarias en el Congreso de la Unión y la Presidencia de la República, es
además opuesto a los tratados internacionales firmados por México.
Funestas consecuencias para DH.
Incluso, recordaron
que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se ha referido a ese
modelo adoptado en Venezuela que acarrea “funestas consecuencias para los
derechos humanos”.
Ante las pretensiones de los representantes de los partidos
y del Ejecutivo por aprobar “un marco jurídico que diseñe los supuestos en los
que las Fuerzas Armadas podrán intervenir en determinadas porciones del
territorio nacional que consideren objeto de una afectación a la seguridad
interior”, los firmantes advirtieron que
un proyecto de esa naturaleza no sólo no incentivará el fortalecimiento de las
policías civiles, sino que profundizará “el protagonismo de las Fuerzas Armadas
en labores de seguridad nacional sin que se generen adecuados mecanismos de
contrapesos y rendición de cuentas”.
Las organizaciones y especialistas recordaron que aprobar
una legislación con estas características “es especialmente preocupante dada la
impunidad crónica que prevalece en México respecto de violaciones a derechos
humanos cometidas por el Ejército”.
Al señalar que si bien la militarización de la seguridad ha
acarreado mayor violencia, los firmantes
admitieron que las Fuerzas Armadas “no pueden dejar de hacer súbitamente las
labores que hoy efectúan en regiones del país donde el Estado mexicano no
cuenta con el monopolio legítimo de la violencia”.
Los activistas destacaron que en la reunión realizada este
martes no participaron las voces discordantes al proyecto de las fracciones
mayoritarias y la representación de la Presidencia, mucho menos organizaciones
civiles de derechos humanos.
Ante la posibilidad
de aprobar una Ley de Seguridad Interior de “forma apresurada y opaca”, los
firmantes exhortaron a incorporar “todas las perspectivas” y tomar en
consideración la recomendación de la ONU de diseñar “un programa de retiro
paulatino de las Fuerzas Armadas de las tareas de seguridad que hoy realizan,
que se acompañe de un verdadero plan de fortalecimiento progresivo de las
instancias civiles de seguridad”.
Insistieron en que implementar “una política de seguridad
compatible con los derechos humanos y el Estado de Derecho es posible mediante
la adopción de leyes que incluyan cambios de fondo en el paradigma de seguridad
que ha imperado en la última década”.
Entre los firmantes del comunicado destaca la Red Nacional
de Organismos Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todas y
Todos, con 80 organizaciones afiliadas en 21 estados, así como el Instituto de
Justicia Procesal Penal y México Unido contra la Delincuencia, en tanto que a
título personal se sumaron Denise Dresser, Miguel Concha Malo y José Antonio
Guevara, entre otros.
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