Diego Petersen Farah.
Hay una gran preocupación por el desempeño de la economía
mexicana en este año. Ahora sí que se nos alinearon los planteas: gasolinazo,
Trump, deuda pública, alza internacional de tasas de interés y las que queramos
sumarle al rosario, cada vez más rezado, de justificadas quejas en todos los
rincones del país. Sin embargo, y a pesar de todo ello, no hay un sólo analista
económico que no prevea un crecimiento, aunque sea menor a uno por ciento, de
la economía mexicana. El Gobierno cree que el crecimiento será entre 1.7 y 2.3
por ciento, y Erneto O´Farril de Bursamétrica, por citar a uno de los menos
optimistas pero más serios, lo estima entre 0.8 y 1.2 por ciento. No se
vislumbra, pues, un buen año en términos económicos, (cualquier escenario por
debajo del 1.2 por ciento, que es lo que crece la población en México, implica
una pérdida del ingreso per capita) pero tampoco será terrible, a menos que la
descomposición política haga de las suyas y convirtamos un año difícil en uno
desastroso.
Hay, me parece, tres
variables políticas que hay que vigilar con lupa porque son las que pueden
generar un entorno complicado y que, si llegara el caso en que las tres se
agraven, pueden provocar una tormenta perfecta de consecuencias fatales: 1) La
relación con Estados Unidos; 2) la capacidad de acuerdos internos entre el
Gobierno de Peña Nieto y las fuerzas políticas; y 3) el incremento en la
protesta.
La relación con Estados Unidos en este primer año de Trump
puede ir desde encontrar un tono en el que, atendiendo cada país a sus
intereses y cada gobierno a su agenda, baje la agresividad, de manera que no se
vuela un tema de inestabilidad. El escenario podría agravarse si Donald Trump
hace del discurso antimexicano una muletilla, pero sobre todo si el resultados
de las negociaciones del TLCAN y de nuevos acuerdos migratorios fracasan. El
riesgo de esta variable es que tengamos una gran inestabilidad social en la
frontera norte.
La relaciones del Gobierno de Peña Nieto con las fuerzas
políticas y con los partidos, principalmente con su partido, el PRI, será clave
para la gobernabilidad en un año como el que arranca. Lo forzado del pacto del lunes pasado no es un buen augurio, pues
mostró a un Gobierno federal que sigue montado en el macho del autoritarismo y
la auto-adulación. El riesgo es que, ante la sordera del Gabinete y la
cercanía de la sucesión presidencial, el Gobierno pierda capacidad de
interlocución y por lo mismo de respuesta.
Lo más delicado, sin embargo, es el ánimo de protesta, el
mal humor social. El mejor de los casos se quede como está –una serie de
marchas aisladas-, pero fácilmente este movimiento puede escalar a que el
gasolinazo amalgame otras causas (como la Reforma Educativa, los precios de la
canasta básica, el transporte público, la inseguridad, etcétera) hasta, y ese es el riesgo mayor, a una
desestabilización social alimentada por intereses y aceitada con recursos
del crimen organizado.
Protejamos la economía; atendamos la política.
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