Salvador Camarena.
Miguel Ángel Yunes, gobernador de Veracruz, anunció ayer que
quiere anular las fotomultas de tránsito.
Por ello envió este
lunes una iniciativa de ley al Congreso veracruzano para que proceda a cancelar
la posibilidad de que entidades privadas operen las fotomultas.
De esa manera, y si la ley es aprobada como la envió Yunes, Autotraffic –que cobró notoriedad el año
pasado cuando justo en enero los chilangos supieron que esa empresa cobraría
hasta 46% de cada fotomulta que impusiera en la capital–, perdería la capacidad
de aplicar fotomultas en Veracruz.
Una reportera preguntó ayer a Yunes si no habría que pagar a
Autotraffic alguna indemnización. El
gobernador contestó que no, porque “al momento en que apruebe esta reforma a la
ley, el contrato queda sin materia”.
Bienvenidos al trumpismo tropical.
Dos abogados me
explican que lo que dice Yunes es cuestionable. Por supuesto que habría que
revisar el contrato de Autotraffic –que
por cierto cobra en Veracruz la barbaridad de 315 pesos por multa aplicada– para
saber las cláusulas específicas en que fue pactado, y el procedimiento mediante
el cual puede ser revocada la concesión.
Sin embargo, lo que llamó la atención de los abogados a los
que consulté es el mensaje que Yunes envía: bye bye seguridad jurídica. Una
empresa recibe un contrato, hace una inversión, comienza a operar, pero al
llegar otro gobernante manda un cambio a la ley y adiós al contrato.
Yunes dijo en rueda de prensa que eso de las fotomultas seguro era otro de los negocios del fugado Javier
Duarte. Eso, por supuesto, no se puede descartar.
Como tampoco se puede
descartar la probabilidad de que ese contrato abuse de los veracruzanos, a
los que exprimía; exprimía porque en un gesto preelectoral Duarte anunció antes
de las elecciones del año pasado que quedaban suspendidas las fotomultas.
Por impopular que sea
Autotraffic, por abusivo que a todas luces parezca el monto que cobraban por
cada multa, la manera correcta de reconstruir una entidad como Veracruz es
con procedimientos apegados a la ley y al espíritu de la ley, no con
desplantes.
Porque el caso de
Autotraffic es sólo el último botón de muestra del estilo trumpesco al que
recurre Yunes.
El fin de semana, al contestar una crítica de Andrés Manuel
López Obrador, Yunes insistió en que “antes de tomar posesión recuperé más de
mil doscientos millones de pesos que estaban en la bolsa de sus cómplices”.
(https://www.facebook.com/MiguelAYunesLinares/?fref=ts)
Junto con la Procuraduría General de la República de Raúl
Cervantes, Yunes vive en otra época, en una donde a los mexicanos no había que
informar.
Nos dice que recuperó
1,200 millones de pesos de los “cómplices” de Duarte, pero ni él ni Cervantes
explican a cambio de qué, mediante qué procedimiento legal, fundados en qué
negociación, etcétera, se habría recuperado ese dinero.
Duarte es un pillo,
qué duda cabe, pero México no necesita vengadores.
Sin embargo, parece que a Yunes no le interesa siquiera
guardar las formas. Compruébenlo con esta entrevista de Carlos Loret de Mola,
realizada el 23 de diciembre en el canal 2, http://bit.ly/2iFZ4kT
En esa conversación, con total desparpajo, Yunes cuenta cómo
“logró” que José Juan Janeiro y Moisés Mansur confesaran sus negocios con
Duarte. Al primero lo emboscó, al segundo lo amenazó. Y pactó, así lo reconoce, impunidad para familiares de ambos.
Yunes es sólo gobernador de Veracruz. No es fiscal ni juez
ni legislador. Y sin embargo desde Autotraffic hasta el caso Duarte, hay motivos para preocuparse por su manera
de gobernar, para cuestionar ese particular estilo, que remite forzosamente al
erosionador trumpismo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.