El enojo por el gasolinazo motivó que diversos actores
políticos –el presidente de la República, gobernadores, órganos autónomos y
partidos políticos– propusieran medidas de austeridad para apoyar a la economía
familiar (o simplemente para ser empáticos con la población).
Según análisis de Integralia,
el ahorro del Congreso sería significativo si redujeran los montos de las
asignaciones o prerrogativas de los grupos parlamentarios. Aunque la Auditoría
Superior de la Federación ha señalado la falta de transparencia y control sobre
estos montos, el Congreso mexicano sigue manejando dichos fondos con opacidad,
incumpliendo el mandato de la Ley General de Transparencia.
Durante el primer año
de esta Legislatura (septiembre 2015–agosto 2016), las asignaciones en la
Cámara de Diputados ascendieron a mil 166 millones de pesos. La Cámara de
Senadores no ha publicado la información de 2016, pero la más reciente data del periodo enero-junio de 2015, cuando las
asignaciones a grupos parlamentarios ascendieron a 527 millones de pesos,
lo que anualizado daría una cifra mayor a los mil millones de pesos. Ello significa que la suma de prerrogativas
a grupos parlamentarios de ambas cámaras arroja una cifra anual superior a dos
mil 100 millones de pesos. Si se
redujeran dichas prerrogativas –que son
adicionales a las dietas, viajes y gastos de funcionamiento cotidiano del
Congreso– el ahorro sería significativo.
Si a tal medida se
añadiera una reducción del financiamiento público de partidos, el ahorro
anualizado sería de varios miles de millones de pesos. No sólo es el monto
–siempre será marginal frente a los 270 mil millones que representará el IEPS
de gasolinas en 2017, por ejemplo– sino el simbolismo y la oportunidad de
reconstruir la confianza de la sociedad.
Finalmente, un argumento muy poderoso para reducir el
financiamiento de los partidos y las asignaciones de los grupos parlamentarios:
Los recortes –sean en una empresa familiar, una burocracia, la Iglesia o una
organización criminal– sirven para revisar procesos, mejorar la coordinación y
aumentar la eficiencia. Así como el exceso de dinero ha corrompido la misión de
los partidos y burocratizado su estructura y funcionamiento, una reducción
razonable y gradual del financiamiento podría tener justamente el efecto
virtuoso de recobrar su misión, reducir burocracias enajenantes y devolverles
el aire fresco y la pasión por la lucha política que casi todos perdieron hace
mucho tiempo.
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