Raymundo Riva Palacio.
El 21 de diciembre, el Departamento de Justicia de Estados
Unidos informó que el conglomerado brasileño Odebrecht y su filial petroquímica
Braskem aceptaron su culpa por haber sobornado a políticos y funcionarios de 11
países, entre 2011 y 2016, y aceptaron pagar multas por tres mil 500 millones
de dólares, la mayor suma jamás desembolsada para resolver un caso de
corrupción extranjera en las cortes de ese país, que sería entregada a los
países que participaron en la investigación: Brasil, Estados Unidos y Suiza. Lo que nunca se hizo público es que México
había participado en las pesquisas y que en vísperas de que se hiciera público
el caso, el gobierno del presidente Barack Obama excluyó al gobierno mexicano
de colgarse la cuarta parte de la medalla.
Personas que conocen
el caso dijeron que los propios ejecutivos de Odebrecht que estaban negociando
cómo llegar a un acuerdo con los cuatro países, se mostraron sorprendidos
porque el gobierno mexicano fue excluido, por lo que hicieron contactos con la
PGR para tratar de llegar a un acuerdo bilateral similar, que evitara que les
congelaran sus obras en este país y actuaran eventualmente contra sus
ejecutivos. De acuerdo con documentos de la Corte Federal de Brooklyn, en
Nueva York, Odebrecht pagó sobornos por
más de 10 millones de dólares a funcionarios mexicanos, entre 2011 y 2014, para
asegurar que les dieran obra pública, con lo cual obtuvo un beneficio de 300
por ciento.
Uno de los casos que resaltó la Corte, como se describió en
este espacio el 23 de diciembre, se refería a un evento en octubre de 2013,
donde Odebrecht “aceptó pagar un soborno a un alto funcionario de una empresa
paraestatal mexicana, controlada por el Estado, a cambio de ayudarla a ganar un
proyecto. Entre o alrededor de diciembre de 2013 y finales de 2014, Odebrecht
pagó a ese funcionario seis millones de dólares”. El conglomerado brasileño
tiene un largo historial de negocios en México, al igual que su filial Braskem,
y es posible ver sus actividades a través del portal de Transparencia del
gobierno mexicano.
En 2014, el año que
usa la Corte en Brooklyn como ejemplo de la corrupción en México, Odebrecht
ganó la licitación de Pemex, a través de su filial Tag Pipelines, del tramo dos
del colosal desarrollo del gasoducto Los Ramones, que recorre los estados de
Nuevo León, San Luis Potosí y Tamaulipas. El contrato fue de 935 millones de
dólares. No existe en esta documentación ningún indicio de que este es el
contrato por el cual se pagó el soborno.
Sin embargo, por las
fechas señaladas, los documentos de la Corte neoyorquina sugieren que se dio
durante la licitación del gasoducto Los Ramones, ganada por Tag Pipelines, que
desde un principio levantó oposición y críticas porque el proyecto llevaba un
sobreprecio de 60 por ciento, así
como la exigencia de que se frenara al entonces secretario de Energía en el
gobierno de Felipe Calderón, Jordy Herrera, que conoció con detalle la obra
cuando fue previamente director de Pemex Gas y Petroquímica Básica, el área que
supervisó Los Ramones. Nunca pasó nada. Cuando Herrera dejó el cargo en
Pemex lo sustituyó Alejandro Martínez Sibaja, quien fue el primer funcionario
que removió bruscamente José Antonio González, cuando sustituyó a Lozoya en la
dirección general de la empresa. Oficialmente,
Martínez Sibaja pidió su jubilación.
Los documentos de la Corte neoyorquina no identifican a
ningún funcionario corrupto, pero personas que conocen a exempleados de Pemex
estrechamente vinculados al exdirector de la empresa, Emilio Lozoya, señalaron que uno de los más nerviosos por
el escándalo de Odebrecht es Froylán Gracia García, coordinador ejecutivo
de la dirección general en la administración anterior. En este espacio se publicó en octubre de 2015 que una investigación en
la Secretaría de Energía –que nunca fue reconocida oficialmente– buscaba
comprobar acusaciones en su contra por actos de corrupción. La PGR también ha
recibido información en los dos últimos años de que el exdirector de Procura y
Abastecimiento, Arturo Henríquez Autrey, presionaba a empresarios para que
pagaran montos multimillonarios específicos que, dijeron a las autoridades, se
entregarían a Lozoya. El exdirector de Pemex ha reiterado en varias
conversaciones a lo largo del tiempo que las imputaciones son falsas y que sus
colaboradores nunca participaron de actos de corrupción. Tampoco hay acciones en su contra.
La ruta de la
corrupción de Odebrecht en México iba a ser dibujada por sus ejecutivos cuando
se acercaron a la PGR, en busca de una negociación fuera de tribunales. De acuerdo con personas que fueron
informadas de lo que quería intercambiar la empresa brasileña para que le
permitieran seguir trabajando en México, eran detalles de cuánto dinero invirtieron en campañas políticas en
Veracruz y Tamaulipas, en qué años y a quiénes. La relación de la empresa con funcionarios veracruzanos en particular,
es estrecha. La embajadora en Brasil, Beatriz Paredes, incluso le organizó una
visita a Sao Paulo al exgobernador Javier Duarte, para hablar con los
ejecutivos del emporio latinoamericano de la construcción.
Lo que ha pasado con
la corrupción de Odebrecht en México es un misterio. Dejaron de buscar un
acuerdo de colaboración con la PGR, pero tampoco han tenido problemas para
seguir trabajando en este país. En todo caso, a diferencia de lo que sucede
en Latinoamérica, donde van apareciendo más políticos involucrados en su
corrupción, en México no pasa nada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.