Salvador Camarena.
Durante años asistimos al espectáculo de la satanización de
Andrés Manuel López Obrador. Ahora, y desde hace meses, estamos ante algo que
podríamos denominar la normalización de AMLO.
El 'Coco' dejó de ser
el 'Coco'. O al menos eso parece si vemos el actual comportamiento de figuras
nada modestas de la iniciativa privada.
El último tango de esa movida la interpretó este fin de
semana Miguel Torruco, consuegro de Carlos Slim y hasta el domingo secretario
de Turismo de la Ciudad de México.
Como se sabe, Torruco
apareció ese día en la primera plana de El Universal en una nota que destacaba
a los empresarios cercanos a López Obrador. Acto seguido, el jefe de gobierno
Miguel Ángel Mancera le comunicó, vía chat electrónico, que debía presentar su
renuncia.
Resulta curioso que
Mancera se destape como anti-Peje, y más curioso aún que crea que tiene
posibilidades el año que entra, pues sólo así se explica su celo de no
permitir que alguien de su gabinete colabore con otro precandidato. Pero ese es
otro tema.
Torruco narró ayer
que claro que está con AMLO. Que estuvo en la elección presidencial de 2012,
como parte de un eventual gabinete, y que hoy su convicción es la misma, que el
cambio lo personifica el tabasqueño.
El hoy exsecretario de Turismo capitalino es el segundo
personaje que en menos de una semana dijo a Gómez Leyva una idéntica frase: los empresarios ya no temen a López
Obrador. Hace siete días, en ese mismo programa de radio, Alfonso Romo
sentenció que AMLO ya no era el 'Coco' de la IP mexicana.
¿Ante qué estamos?
¿Será que de repente
los hombres de abultado capital tuvieron una epifanía, no sólo colectiva sino
simultánea, que les llevó a concluir que o se combate a la corrupción o a este
país se lo carga el tren? ¿Será que tras tamaña caída de veinte, los
empresarios analizaron a los prospectos rumbo a 2018 y encontraron que el único
que ha hecho de la anticorrupción su eje discursivo es… eerrrr, hmmm, sí, López
Obrador?
No, seguramente no estamos ante eso.
Es más probable que –pragmáticos como son, sin más religión
que su dinero– el empresariado hizo cuentas, revisó sondeos (como la encuesta
de EL FINANCIERO del 31 de enero pasado, donde AMLO pega un salto de cuatro
puntos gracias al gasolinazo (http://bit.ly/2kVHIPd) y han iniciado, o
retomado, según sea el caso, los coqueteos con el tabasqueño.
Aunque también es
cierto que López Obrador esta vez parece dispuesto a poner de su parte si de
pavimentar el camino a Los Pinos se trata.
De ahí el protagonismo que le dio al regiomontano Alfonso
Romo al presentarlo hace un par de semanas como cabeza de sus asesores; de ahí
la incorporación a los mismos del representante de Ricardo Salinas Pliego,
Esteban Moctezuma; de ahí el surgimiento de otros nombres entre los empresarios
cercanos a AMLO, como el de Marcos Fastlicht, suegro de Emilio Azcárraga Jean.
(http://eluni.mx/2lEqfvP)
Y de ahí también que
hoy AMLO acepte entrevistas con periodistas críticos que hace poco se antojaban
imposibles, como la charla que sostuvo con León Krauze, para Univisión
(https://youtu.be/HkpSELrKw6U)
Todo muy bien. Empresarios
que ya no temen a AMLO, AMLO que se deja querer por empresarios.
Salvo un pequeño
detalle. Si en 2006 el error fue (dicen) que no quiso ver a los empresarios, no
vaya a ser que en 2018 se le vea demasiado cerca de los hombres del capital, no
vaya ser que AMLO termine demasiado, digamos, normalizado. Demasiado igual que
el PRIAN, pues.
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