Así funciona en la mayoría de los casos: la universidad pública recibe un contrato
millonario de parte de dependencias federales, y en vez de cumplirlo contrata a
otras empresas que no existen o no realizan los trabajos.
La Auditoría Superior de la Federación (ASF) alertó que durante los últimos cuatro años
las universidades públicas han recibido contratos de las dependencias federales
para realizar obras o servicios, pero han subcontratado con empresas
particulares, de manera irregular, para provocar un daño al Estado por tres mil
400 millones de pesos.
“No obstante las
recomendaciones, denuncias de hechos presentadas y otras acciones promovidas,
persiste la recurrencia de anomalías en las adjudicaciones directas que
realizan las dependencias y entidades. Estos
esquemas permiten en muchos casos eludir las licitaciones públicas, y propician
que se puedan simular los servicios y las adquisiciones; subcontratar
proveedores sin el perfil ni la capacidad técnica, material y humana para
prestar los servicios comprometidos, y que éstos a su vez, subcontraten a otras
empresas y personas físicas; incluso, se ha dado el caso de la subcontratación
de empresas inexistentes o vinculadas”, explicó la ASF.
Juan Manuel Portal, auditor superior de la Federación, dijo
que “se ha abusado de esta figura,
haciendo adquisiciones que en ocasiones van a parar a manos de terceros. Se
contrata a una universidad para que haga un edificio…la universidad no tiene
nada que hacer y subcontrata el servicio y éste con otro y otro. Hay una
disposición de recursos que acaba siendo corrupción. La suma es preocupante:
llevamos más de 3 mil 400 millones de pesos”.
En 2013, la Universidad Autónoma de Morelos firmó un
contrato con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) para realizar el
aprovisionamiento y distribución de equipo y material de apoyo para la
operación de promotores al interior de la “Ruta sin Hambre” en 400 municipios. El contrato fue por 667 millones de pesos.
La Universidad
contrató a la empresa Grupo Comercializador Cónclave, S.A. de C.V. para
realizar el trabajo, pero la ASF nunca pudo encontrar a la empresa.
“La ASF realizó una visita en dos domicilios, el que se
consigna en la factura emitida, y el que aparece en la cuenta bancaria donde se
depositaron los recursos federales por parte de la universidad. En ninguno fue
localizada. En el primero, se encuentran consultorios médicos y en otro, un
despacho de abogados”.
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