Jaime Rodríguez Calderón
“El Bronco” llegó a la gubernatura de Nuevo León gracias al hartazgo del
electorado y al voto “anti”, anti Rodrigo Medina, anti PRI, anti PAN, anti
sistema…
Se vendió como
“independiente”, pero su dependencia
destaca en varios aspectos. Primero, traicionó en parte a su electorado porque
no ha cumplido sus promesas de campaña. Y luego, ha intentado evitar el
desgaste del poder con la inacción porque pretende llegar a la candidatura
presidencial en 2018.
Al Bronco muy pronto
se le olvidó gobernar. Llegó a la gubernatura el 4 de octubre de 2015 y en año
y medio no ha hecho nada significativo, más bien se ha dedicado a nadar de
muertito como guardando las formas para lanzarse nuevamente al ruedo electoral.
Sus promesas, la
mayoría incumplidas, han provocado una gran decepción. Había ilusión, había
deseos de cambio, había una expectativa fundamentada en su discurso, pero la
realidad ha terminado por lanzar un balde de agua fría a los nuevoleoneses.
Y es que “El Bronco”
empezó su Gobierno con el pie izquierdo de manera voluntaria. Rodrigo Medina no
está en prisión como prometió y seguramente nunca estará encarcelado. La impunidad de su antecesor es asociada a
un pacto por debajo de la mesa, porque el caso judicial fue armado de manera
lamentable por la subprocuraduría, algo que algunos activistas consideran que
fue a propósito.
El siguiente paso
fallido fue incumplir su promesa de quitar la tenencia. Argumentando
problemas financieros, el nuevo Gobernador no solo no retiró la tenencia
llegando, sino que solicitó a los diputados no eliminarla y planteó que el
cobró a los ciudadanos se fuera quitando gradualmente.
Su promesa de
honestidad también está en duda. El primer escándalo fue el llamado
“cobijagate”, un caso de compra de 200 mil cobertores con precios inflados
realizado por el subsecretario de Administración, Rogelio Benavides Pintos,
quien registró cada cobertor con un precio de 144.90 pesos y resulta que el
mismo tenía un costo en el mercado de 51 a 54 pesos. Este caso quedó en la
impunidad, ya que solamente se saldó con la dimisión del funcionario, pero
nunca se investigó judicialmente.
En su pasado informe
de Gobierno la mentira fue un recurso utilizado por el Gobernador de Nuevo
León. Entre otras cosas dijo que su Gobierno se había ahorrado 700 millones de
pesos en la reciente negociación de la armadora de vehículos Kia, pero el nuevo
convenio no se ha hecho público.
Luego, engañó a los ciudadanos diciendo que por primera vez
su Gobierno se había ahorrado 140 millones de pesos de intereses por tener
dinero en el banco, pero esa misma
cantidad también se la ahorraba el Gobierno anterior.
A pesar de que “El Bronco” se presentó al electorado como
una víctima de la violencia y en particular de la muerte de su hijo que primero
estuvo desaparecido, el Gobernador se ha negado a apoyar a las madres de los
desaparecidos.
A ellas y a la
sociedad en general les ha incumplido la promesa de crear tres fiscalías que
atiendan los casos de desaparición que en Nuevo León se cuentan por miles.
A las madres las recibió solamente al inicio de su mandato para ofrecerles una
disculpa por haber dicho que sus hijos estaban desaparecidos porque en algo
andaban.
En términos de
género, “El Bronco” ha mostrado su machismo en varias ocasiones. Por ejemplo,
cuando dijo que a las niñas “gordas” no las quería nadie y consideró a las
mujeres que dan a luz por medio de cesáreas como “malas madres”.
Además, el Ejecutivo
estatal se ha negado a declarar la alerta de género a pesar de haberse
registrado decenas de feminicidios desde su llegada al poder.
A la comunidad LGBTTI
también les ha quedado mal. Incumplió su compromiso de encabezar la marcha del
orgullo gay. Y declaró que las parejas del mismo sexo que quisieran caerse se
fueran a Saltillo, lugar donde está permitido.
En el ámbito
ecológico, “El Bronco” también sale reprobado. Algunos ecologistas lo
consideran un “depredador ambiental” por no cuidar las áreas verdes y por no
haber clausurado las pedreras a pesar de haberlo prometido en campaña.
Como es sabido, “El Bronco” se peleó con una buena parte de
los medios de comunicación. Y así ha gobernado, haciendo gala de su nepotismo e
incluyendo a miembros de su familia en el Gobierno.
A pesar de todo lo
anterior, a pesar de haber caído estrepitosamente su nivel de aceptación, “El
Bronco” anda en campaña preparando su candidatura a la presidencia.
Su propaganda incluye videos ridículos con un discurso
facilón que pretende impactar en la gente de a pie gracias. Su creativo Memo
Rentería, quien se adjudica el triunfo de “El Bronco” sigue produciendo
materiales visuales muy criticados. Uno de los últimos, relacionado con el
ahorro del agua fue muy criticado porque decía que para cuidar el agua, era
mejor comer tacos.
Luego, lanzó un video con imágenes de su campaña a la
gubernatura, invitando a todos a ser “locos y atrevidos” a cambiar el mundo. Y
aún hay más: se comparaba con el “loco” de Albert Einstein a quien según él, la
gente tampoco le creía.
Mientras “El Bronco”
sigue en campaña rumbo a la presidencia, Nuevo León se hunde cada día más: el
desempleo, el incremento de la pobreza, el aumento de la violencia y la
corrupción gubernamental, son males que permanecen con su supuesta
“independencia”.
La pregunta surge de manera inmediata: ¿Puede ser un mal
Gobernador un buen Presidente?
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