Alejandro Páez Varela.
El problema del
Estado de México es la impunidad. En Tultepec pueden morir más de 40 personas
en un mercado que fue vendido (y seguramente pagado así, con recursos
abundantes) como el más seguro de América Latina, y NADIE va a prisión porque
los funcionarios allí no van a prisión: son amigos, con compadres, son entre
ellos, son del mismo clan, alguien los palomeó.
El ex Gobernador
Arturo Montiel puede ser acusado del desvío de millones y qué: nadie se
levanta, nadie reclama, todos somos nuevo PRI, todos somos la generación
del cambio y es fácil lavarle la cara al
político embarrado de fango: es el sobrino, Enrique Peña Nieto, quien lo
absuelve, y ya, asunto arreglado; fortuna legitimada.
El problema del
Estado de México es el descaro: David Korenfeld vive literalmente del erario
público: viaja en naves de la Nación, entrega contratos a la universidad que
después le va a dar un honoris causa. Korenfeld como ejemplo de cientos que
disfrutan del dinero público como si se lo hubieran ganado y como si lo hubieran
hecho con sus propias manos.
En Edomex, las
fortunas de los funcionarios crecen al amparo de la frase que adoran las
generaciones de corruptos por venir: “Un politico pobre es un pobre político”,
dijo el profesor Carlos Hank González, padrino de los Del Mazo (sí, como el que
es candidato), de los Montiel, de los Peña y de todos los demás. “Un político honesto es un pobre pendejo”,
es una traducción; o “un político que no roba es un pendejo que no vale un
centavo”.
El aire de Ecatepec,
el pueblo de Eruviel Ávila, huele a mierda por el drenaje abierto; pero déjenlo
así, que huela: en Edomex, el descaro es el que legitima la regla.
El problema de Edomex
es su propia gente, desmovilizada:
90 años votando por sus verdugos; 90 años votando por el PRI. Se necesita
estar hecho de alguna madera para resistir tanto; se necesita de verdad estar
educado distinto. 90 años de pobreza,
marginación, abandono. 90 años sin transición a nada y salen a aplaudirle al
PRI en cada elección. 90 años conformándose con basura, con regalitos; 90 años
aceptándose a sí mismos como lo que son: apenas el moco de alguien que
estornudará mañana que no necesite el voto.
El problema del
Edomex es también falta de dignidad; que millones decidieron conformarse con lo
que les dan y arrastran a todos los demás al fango; son millones de votos que
sostienen al PRI, que paren diputados y senadores; que son capaces de elevar
una burbuja al cielo (como lo hicieron con Peña Nieto) a pesar de que la
burbuja sea eso: burbuja de nada. Son millones que se compran las promesas
y perdonan a los que les dan un cacahuate a cambio; millones que creen que perderán algo si votan por los que no son
corruptos; que creen que están bien, así, en el último estrato, sin
dignidad.
El problema del
Edomex es Edomex mismo: que no quiere arriesgarse a decir NO a la bola de
patanes que lo han gobernado; NO a los corruptos, NO a los fantoches y
vividores. El problema de Edomex es que no quiere aprender que si en esta
elección no dice adiós a sus patrones-abusadores-vividores, nos dará mucha,
mucha, pero mucha pena ajena a todos los demás.
Y aquí, para que vea, Edomex “no somos todos”: Edomex es usted, el mexiquense; el que
vota por Eruviel y Peña; el que sostiene a Cesar Camacho en la nómina; el que
pare gente como Korenfeld. Edomex no somos todos: son los mexiquenses, negados
a decir NO MÁS. Y ya no por ellos, si quiera: por sus hijos, por la dignidad de
los que vienen.
El problema de Edomex
es, de verdad, un problema de dignidad nacional.
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