Mientras el Gobierno
de México parece indignado y protesta por las políticas agresivas de Donald
Trump, en casa comenzó, de manera sigilosa, a desmantelar protecciones legales
para su población y otros esfuerzos que fortalecen el frágil Estado de derecho,
dice hoy el diario New York Times, en un texto firmado por su corresponsal Azam
Ahmed.
Expertos consultados por el medio estadounidense temen que
con el nuevo Sistema de Justicia Penal se deshagan décadas de avances en la
defensa de los derechos humanos en México. Resaltó la operación del partido
gobernante, el Revolucionario Institucional (PRI), para desmantelar esfuerzos
que le han costado a la sociedad civil.
Desde el 2008 se determinó la implementación del Nuevo
Sistema de Justicia Penal, el cual cambiaría, entre varias cosas, los juicios
escritos a orales. La transición culminó el 18 de junio del 2016.
“Los cambios se
darían a través de una iniciativa legislativa, aparentemente inofensiva,
presentada por un aliado del Presidente Enrique Peña Nieto apenas un día
después de que el Canciller Luis Videgaray pidiera al Gobierno de Trump que los
connacionales en Estados Unidos sean tratados con absoluto respeto a sus
derechos civiles, a sus derechos humanos y al debido proceso”, destaca el
diario.
El New York Times mencionó que aunque el nuevo sistema —que
cuenta con el apoyo de Estados Unidos— pretende asegurar la protección y garantía
de los derechos humanos en una Nación donde eso raramente sucede, la propuesta
para reformarlo está encaminada en la dirección opuesta.
Académicos jurídicos
dijeron que esta contrarreforma permite al Gobierno detener a sospechosos
durante años antes de que empiece un juicio; que faculta a la policía a armar
casos a partir de rumores y testimonios sin sustento, y permite que los
fiscales utilicen evidencia obtenida por medio de la tortura.
Según los expertos consultados por el medio, la iniciativa,
que está a la espera en el Congreso, también
fuerza al acusado a ofrecer evidencia que lo exculpe, en vez de que se le
considere inocente hasta que se compruebe lo contrario.
“No solo es una
contrarreforma, sino que contiene normas que incluso contravienen el derecho a
la defensa”, dijo al New York Times Alejandra Ramos, jueza en el estado de
Chihuahua. “La quieren pasar porque es
más fácil que preparar a fiscales y policías, más fácil que limpiar el sistema
y romper con el uso de la tortura como una herramienta para investigar”.
Para el diario estadounidense, la legislación da muestra de
una contradicción al corazón del México actual bajo el Gobierno del Presidente
Peña Nieto y del PRI: la versión que promueven al exterior se contrapone con la
realidad que crea a nivel interno.
En pocas palabras: el
diario estadounidense puso a México como candil de la calle y oscuridad de su
casa.
“Al promover la Marca País, el Gobierno ha creado una imagen
de México como la de una Nación en ascenso, un líder regional listo para asumir
su lugar en el escenario global, competitivo en términos comerciales,
económicos y culturales. Al mismo tiempo, ante la violencia creciente, la
desigualdad pronunciada y la crisis de derechos humanos —Naciones Unidas ha
calificado de ‘generalizada’ la tortura por parte de las fuerzas de seguridad–,
el mismo Gobierno usualmente pisotea las garantías que asegura estar
defendiendo”, refiere el texto firmado por Azam Ahmed.
De acuerdo con
organismos internacionales que monitorean la situación de derechos humanos en
México, la nueva propuesta legislativa es parte de un patrón. En el manejo de
las autoridades de la corrupción que impera en los sistemas jurídico y
político, de la impunidad para las fuerzas de seguridad o de las
investigaciones de las decenas de miles de desapariciones, los organismos dicen
que el Gobierno comúnmente socava los avances que presume estar haciendo.
“México se ha esforzado en promover su imagen como un Estado
que defiende o avanza en la protección de los derechos humanos
internacionales”, dijo al New York Times James Cavallaro, presidente de la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Pero en casa, la situación de derechos humanos es simplemente
terrible: abusos severos, tortura, ejecuciones sumarias y una impunidad
virtualmente garantizada”.
Los cambios
propuestos al código penal han sido tan poco publicitados que muchos
legisladores, jueces y abogados defensores los desconocen, detalló el diario.
Añadió que además de
esa propuesta, el PRI y legisladores de otros partidos promueven varias
versiones de una ley que abriría la puerta a que el Ejército y otras ramas de
las fuerzas armadas participen en la implementación de la seguridad interior,
un papel que los militares han desempeñado sin un marco legal desde hace una
década, cuando se declaró la guerra contra el narcotráfico.
“En México se han
disparado los casos de tortura y de asesinatos extrajudiciales. Según datos
oficiales, las fuerzas armadas matan a más combatientes de los que hiere, una
letalidad desmedida: la Marina, por ejemplo, mata a treinta personas por cada
una que hiere, una proporción que según expertos indica que hay ejecuciones
sumarias”, sostuvo el medio.
El New York Times
destacó que pocos soldados son castigados en México cuando cometen abusos.
De las 4 mil quejas por tortura que ha revisado la Procuraduría General de la
República desde 2006, solo 15 han
resultado en condenas, lo que ha
derivado en preocupación mundial sobre la impunidad y la disposición
gubernamental para lidiar con los abusos a los derechos humanos.
“Esta ley es una respuesta a la pregunta que el mismo
Gobierno se hizo: ‘¿Las fuerzas armadas
necesitan el respaldo de una legislación para seguir haciendo lo que hacen?’”,
dijo al diario Jan Jarab, el representante en México de la Comisión de la ONU
para los Derechos Humanos. “Pero la pregunta correcta es: ‘¿Deberían seguir haciéndolo? ¿Ese paradigma militar ha sido exitoso?’.
La respuesta, por una amplia y apabullante mayoría, es no”.
Ayer el Centro de Investigación para el Desarrollo (Cidac)
presentó un informe sobre la actuación policial a un año de la entrada en vigor
del Nuevo Sistema de Justicia Penal.
El Informe “La cara del Sistema de Justicia Penal. ¿Qué le
falta al policía primer respondiente?” evaluó la labor policial conforme a sus
actas de acción, encuestas a ministerios públicos y policías, así como las
audiencias iniciales del NSJP.
El 31.3 por ciento de
16 ministerios públicos estatales encuestados por Cidac consideró mala la
capacidad policial para realizar detenciones en flagrancia. Mientras que el
56.3 por ciento la consideró de regular, y el 12 por ciento como buena.
Las policías son el primer eslabón dentro del NSJP,
encargado de proteger escenas del crimen y recolección de indicios. Mas el 69
por ciento de los ministerios públicos calificó la capacidad para recolectar
indicios de delitos como mala; el 31 por ciento, regular; y ninguno, buena.

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