Alfredo Lecona.
Todo parece indicar que la próxima semana el Senado elegirá al primer
Fiscal Anticorrupción, a través de un proceso viciado de origen y con pocas
posibilidades de corregirse.
La clase política ha sido desnudada, principalmente en el último año,
por los escándalos de corrupción realizados y tolerados por sus miembros. Las
crisis de grotescos gobernadores que han dejado a sus estados prácticamente en
la quiebra, han generado, en lo positivo, un andamiaje legal e
institucional más robusto para combatirla a través del Sistema Nacional
Anticorrupción (SNA); y en lo negativo,
el reforzamiento del pacto de impunidad que es visible en designaciones de
cargos públicos por arreglos políticos. En términos más claros: la clase política está haciendo todo lo
posible para blindarse de mecanismos, como los del SNA, colocando en puestos
clave a sus cuates, viciando procesos y negociando cuotas.
El Senado es la representación más
clara de la clase política. En esa
cámara continúan la mayoría de los senadores que por sus escaños vieron
circular las denuncias sobre la corrupción de Peña Nieto, los Duarte, Padrés y
Borge, sin que hicieran nada.
Es ofensivo el procedimiento que se ha dado el Senado para designar al
Fiscal Anticorrupción, al facultar a la Junta de Coordinación Política (Jucopo)
para hacer la propuesta que votaría el pleno del Senado, lo que quiere
decir que la designación sería
prácticamente un arreglo entre los coordinadores Emilio Gamboa (PRI), Miguel
Barbosa (PRD), Carlos Puente (PVEM) y Fernando Herrera (PAN). Los pasos
previos, son una simulación, en la que las 30 personas que aspiran al cargo
comparecerán ante las Comisiones Anticorrupción y de Justicia del Senado, en un
desfile insustancial que se desarrollará durante esta semana, para turnar a la
Jucopo una lista de candidaturas “idóneas”, aunque los coordinadores solo
presenten al pleno una sola propuesta.
Para entender cómo llegamos a
esto, hay que recordar que el plazo para
que las comisiones entregaran a la Jucopo las propuestas de los aspirantes a
Fiscal Anticorrupción, se extendió dos veces. El primer acuerdo que aprobó
el procedimiento fue emitido el 25 de octubre del año pasado, en el que se
estableció que las comisiones remitirían a la Jucopo la lista de aspirantes
idóneos, a más tardar el 29 de noviembre. La advertencia de Organizaciones de
la Sociedad Civil sobre una designación fast track sin escrutinio ciudadano
obligó al senado a extender el plazo al 14 de febrero y también se incumplió,
razón por la cual, la Jucopo acordó el
que vence el próximo 14 de marzo.
En los momentos anteriores, los
coordinadores de los grupos parlamentarios justificaron las prórrogas en la no
existencia de condiciones para llegar a un acuerdo político, teniendo en mano
la inconformidad de la sociedad civil que, más allá de plazos, hizo una
propuesta de método de designación para “reconstruir la confianza” en un Senado que designó en menos de 24 horas
a Raúl Cervantes como Procurador General de la República, apenas un mes
antes del primer acuerdo de la Jucopo.
La propuesta del colectivo de
organizaciones incluyó la creación de un Comité Técnico de Acompañamiento,
integrado por expertos miembros de la academia y la sociedad civil organizada,
que definiera una metodología y criterios claros y públicos para la valoración de
los candidatos en sus comparecencias y sus trayectorias, además de la
formulación de preguntas hechas por la ciudadanía en una urna transparente. Al
final sería este Comité, el que propondría una lista de candidatas y candidatos
para el cargo, tras establecer criterios objetivos de idoneidad y no los
tradicionalmente mal desarrollados por las comisiones legislativas en
designaciones anteriores, que prácticamente se limitan al cumplimiento de
requisitos como la trayectoria, la edad y el título académico. El Senado ignoró
por completo la petición de la sociedad civil.
Lo propuesto encontraba
oportunidad y trascendencia tras la declinación de la Comisión de Selección del
Comité de Participación Ciudadana del SNA, para emitir una opinión sobre los
perfiles de las y los aspirantes, pues se trataba de una facultad extralegal
que la Jucopo le concedió en su acuerdo, para legitimar un proceso en el que
finalmente solo importaría la decisión de los coordinadores de los partidos en
el Senado.
Además, el Senado había impulsado
la candidatura de Ximena Puente, quien fue motivada por legisladores del PRI y
el PAN para inscribirse, contaminando el proceso, previo al cierre del registro
de las y los candidatos. En los pasillos
del Senado se dijo que la candidatura de la Comisionada Presidenta del INAI era
un distractor para que, una vez criticada por intentar dejar su cargo, se
posicionara al expresidente del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y
Administrativa, Manuel Hallivis Pelayo, personaje cercano a Luis Videgaray y a
senadores del PVEM y del PRI y quien ahora parece ser el candidato favorito de
la Jucopo para ocupar el cargo.
La semana pasada, también declinó su candidatura, Miguel Sarre, ex
miembro del Subcomité para la Prevención de la Tortura en la ONU, quien en una
carta al Senado, criticó la falta de condiciones para que la Fiscalía
Anticorrupción cumpla con las expectativas de la sociedad.
A pesar de que en esta semana las
comisiones del Senado tienen programado realizar las comparecencias, con el
acompañamiento del Consejo de Participación Ciudadano del SNA y miembros de la
sociedad civil, ha trascendido que senadores del PRI y el PAN podrían estar
enfrascados en “una disputa sobre la reforma del artículo 102 constitucional en
lo relativo a la dependencia o independencia de los ministerios públicos”, es decir, sobre la reforma a la PGR, en
perjuicio de la autonomía de la Fiscalía.
Lo ideal, frente a la posibilidad de una designación por cuotas, sería
que no se eligiera al Fiscal Anticorrupción, hasta que no se defina el modelo
de Fiscalía General de la República y se designe su titular, pero el riesgo
de que la designación sí se concrete en estos días, dibuja como necesidad que las Organizaciones de la Sociedad Civil que
impulsaron la propuesta del Comité Técnico de Acompañamiento, la retomen para
exigir al Senado un proceso incluyente y transparente, en el que la lista de
personas idóneas para ocupar el cargo, sea entregada a la Jucopo tras un
proceso de evaluación ciudadana, para que esa cúpula del Senado renuncie a
hacer una designación opaca y turne al Pleno del Senado una terna de
candidaturas idóneas y no una sola propuesta de nombramiento. Todo esto
solo puede encontrar garantía si se modifica el acuerdo original de la Jucopo, para lo que se necesita voluntad política
de los Senadores.
Si el proceso sigue su curso,
sobre la marcha, el Senado debe intentar disminuir la desconfianza ciudadana,
rumbo al proceso de transformación de la PGR en la Fiscalía General de la
República y la designación de su titular, quien (dicho sea de paso) no debe ser Raúl Cervantes Andrade, ex abogado
general del PRI y primo del Consejero Jurídico de la Presidencia.
La Fiscalía Anticorrupción es un pilar del SNA y la autonomía de su
titular es fundamental para la persecución efectiva de los delitos de
corrupción.
Como advertimos a finales del año
pasado, el diseño de la Fiscalía Anticorrupción tiene errores con los que
tendrá que sobrevivir si no se reforman, como la remoción de su titular por el
Procurador General de la República; la entrega de su presupuesto anual a la
SHCP a través de la PGR o la necesidad de acordar el nombramiento de los
agentes del Ministerio Público con el Procurador; pero de todos los problemas, el que más preocupa en estos días es la
designación de su titular.
El nombramiento de la o el Fiscal Anticorrupción, será el primero de
muchos que hará el Congreso este año. Sí, año electoral.
En medio de la crisis de
desconfianza ocasionada por su corrupción, la clase política debe empezar a
entender que no entiende.
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