Muy cerca de
la tierra que vio nacer a Emiliano Zapata existe una figura femenina que se
hace llamar La Comandanta y que defiende a los cultivadores de frijoles en vías
de extinción para fomentar el desarrollo regional a través del pago de un
precio justo a los campesinos mexicanos.
“Decido crear La Comandanta para que
este mercado tradicional (del frijol) pueda aspirar a un mercado mayor, más
justo, trayendo estos alimentos a las grandes ciudades”, explica la mexicana
Silke German, artífice de este proyecto.
El plan ya cuenta con una red de seis
campesinos que siembran variedades de la zona que estaban en peligro como el
frijol sangre de toro, vaquita, ayocote morado o el frijolito negro criollo.
México concentra la mayor diversidad
de frijoles del mundo, ya que de las 150 variedades silvestres que existen, 70
son endémicas de esta tierra.
Se
distribuyen en siete grupos principales: negros, amarillos, blancos, morados,
bayos, pintos y moteados, según recogen estudios de la Universidad Autónoma de
Querétaro y el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y
Pecuarias (INIFAP).
German, de origen alemán, reconoce
haberse topado con algunas resistencias, por lo que para fomentar la siembra
paga por adelantado. Este año espera colocar en el mercado 6.5 toneladas de
esta leguminosa.
Uno de los
“soldados” de La Comandanta es Adrián Allende Díaz, originario de Tlayacapan (estado
de Morelos) y que apoya la iniciativa desde que arrancó en enero de 2016.
“Las personas de campo dejamos de
trabajar porque no había mercados. Hoy que renace este proyecto queremos
trabajar junto con la señora”, explica Allende, uno de los muchos migrantes que
buscó fortuna en Estados Unidos y regresó deportado a México.
“La situación económica me orilló a
irme y esta vez no fue como yo lo esperaba, la situación está más difícil, nos
regresamos derrotados”, confiesa.
Según cifras
del informe Frijol 2016 de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la
Agricultura (FIRA) de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, el consumo per cápita de la leguminosa en
el país muestra una tendencia a la baja durante los últimos 30 años.
De un
promedio de 16 kilogramos por persona por año en la década de 1980 ha pasado a 8.4 kilogramos en la
actualidad, una cifra preocupante en un país cuya base alimenticia es frijol,
maíz y chile.
No solo hay
problemas en el consumo, también hay una tendencia a la baja en la producción. En 2015 disminuyó un 23.9 por ciento con respecto al año previo, para
ubicarse en 969 mil 100 toneladas, según el informe de FIRA.
Pese a que
el frijol es un producto de gran importancia en la dieta de los mexicanos, en
2015 las importaciones aumentaron 7.7 por ciento a tasa anual y las
exportaciones bajaron un 43.9 por ciento con respecto a 2014, lo que arrojó un saldo deficitario de
51.743 toneladas.
México, tal como pasa con el maíz, es
un importador cada vez mayor de frijoles, siendo Estados Unidos su principal
proveedor.
Los cambios en el consumo y el poco
conocimiento de las diferentes variedades criollas han puesto en riesgo también
la conservación de recetas y tradiciones ancestrales.
Doña
Virginia, de 84 años, describe cómo se cocinan los ayocotes morados, unos
frijoles que se usan para bautizos y bodas en su comunidad.
“Estos
ayocotes que estoy preparando llevan clavo, pimienta, ajo, cebolla, oreganito,
tomillo, mejorana, chicharrón, su longaniza”, dice.
Siete estados mexicanos concentran el
79.5 por ciento de la producción de frijol en México: Zacatecas, Durango,
Sinaloa, Chihuahua, Chiapas, San Luis Potosí y Guanajuato.
German, que descubrió la gran
diversidad de frijoles en sus visitas a los mercados más recónditos, señala la importancia de las semillas que cultiva porque “han pasado de
generación en generación como un tesoro” y no están “genéticamente
modificadas”.
En
Tlayacapan ya se trabaja para iniciar con la siembra de este año, que debe
terminar antes del 24 de junio.
Don Vicente Medina tiene 66 años y ha
sembrado frijoles toda su vida. Este año comienza su aventura en las filas de
La Comandanta. “Si está buena el agua y es normal, (el frijol) da mucho”, dice mirando su terreno.
A finales de
octubre, una vez que se termine la
cosecha, los frijoles se transportarán a la Ciudad de México para que un grupo
de mujeres seleccione los mejores granos, los empaque y etiquete.
Los
productos de La Comandanta ya ocupan un lugar en algunas tiendas gourmet,
departamentales y supermercados de alto nivel.
También chefs reconocidos como Lula
Martín del Campo y Édgar Núñez se han sumado a las tropas de esta luchadora
mexicana, cuyo proyecto lleva como lema “La tierra es de quien la trabaja”, una frase acuñada por el líder
revolucionario Emiliano Zapata.
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