La detención
el domingo en Italia del ex Gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington
Ruvalcaba, ha planteado preguntas sobre si va a ser extraditado a los Estados
Unidos, donde está acusado de lavado de dinero, o en México, donde vivió
durante varios años como fugitivo. Alonzo
Peña, ex director adjunto de Inmigración y Aduanas de EU, dijo en una
entrevista con San Antonio Express News que los políticos en México están
temblando por la información que el ex priista pueda contar. “¿Va a cooperar?
¿Va a contar todo y poner en peligro a otras personas?”, dijo.
Analistas
consultados por la agencia de noticias AP coinciden con este planteamiento.
Para los expertos, la captura de
Yarrington es un ejemplo de la falta de voluntad de las autoridades a la hora
de detener a uno de los suyos, un ex mandatario que puede contar con
información delicada que podría involucrar a otros políticos corruptos. “El
Gobierno de Peña Nieto ha protegido a muchos gobernadores priístas”.
Oficios de asignación de escoltas
ministeriales confirmaron que durante el mandato de Egidio Torre Cantú se
brindó protección a Tomás Yarrington y Eugenio Hernández con el despliegue de
agentes, que formaban una fuerza conjunta de 12 elementos –ocho para Yarrington
y cuatro para Hernández– significaron una erogación de 30 millones de pesos
durante seis años por concepto de sueldos y viáticos.
Yarrington fue Gobernador de Tamaulipas de 1999 a 2005
por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo del Presidente
Enrique Peña Nieto, y supuestamente aceptó sobornos tanto del cártel del Golfo
como de los Zetas, los dos grupos del crimen organizado más poderosos en esa
región, cuya lucha encarnizada ha dejado miles de muertos, desaparecidos, a la
sociedad totalmente atemorizada, los medios de comunicación silenciados y la
frontera noreste del país plagada de fosas clandestinas.
Según
explicó el subprocurador Jurídico y de Asuntos Internacionales de la fiscalía
federal, Alberto Elías Beltrán, el arresto se produjo por las autoridades
italianas gracias a la información de inteligencia proporcionada por México y
Estados Unidos. Los dos países aspiran a conseguir la extradición del
exmandatario, dijo Beltrán, pero será Italia el que decida a qué autoridades lo
entregará una vez se formalicen las peticiones.
La unidad
especializada en narcotráfico y delincuencia organizada de la fiscalía federal
inició una investigación en su contra el 13 de julio de 2012. Más de cuatro
años después, en noviembre de 2016, el gobierno ofreció una recompensa de 15
millones de pesos (unos 730 mil dólares) por información que llevara a su
captura porque pese al “amplio despliegue” para intentar capturarlo no se había
podido conocer su paradero, decía el Boletín Oficial de la Federación al hacer
pública la recompensa.
Sin embargo,
aunque las autoridades federales no
daban con él, Yarrington contó hasta el otoño de 2016 con escoltas asignados
por la fiscalía de Tamaulipas, según dijo el lunes Francisco García Cabeza de
Vaca, actual Gobernador del estado y primer mandatario de esta región que
surgen del partido opositor PAN (o Partido de Acción Nacional), en entrevista
con la periodista Carmen Aristegui.
De forma
paralela a las investigaciones iniciadas en México, el FBI lo buscaba al menos
desde diciembre de 2013, por lavado de dinero y fraude, entre otros delitos,
acusaciones que sus abogados siempre negaron.
Según
Estados Unidos, Yarrington recibió pagos
de narcotraficantes que operaban en el estado fronterizo con Texas. Según un
comunicado de prensa del FBI de diciembre de 2013, supuestamente lo hacía a
cambio de “dejarles operar a gran escala” en sus actividades criminales.
Las autoridades estadounidenses
también lo vinculan con distintos crímenes después de ser Gobernador: en
concreto lo acusan del tráfico de “grandes cantidades de cocaína” de 2007 a
2009 desde el puerto de Veracruz al sur de Tamaulipas, y del uso de fondos
públicos robados.
Pese a todas
las investigaciones en su contra durante años, el PRI no lo expulsó sino hasta diciembre de 2016. En un
comunicado, el partido explicaba entonces que era por “vulnerar
sistemáticamente los estatutos del partido, el código de ética y cometer actos
de falta de probidad durante su gestión al ser señalado como autor de diversos
actos de corrupción y, en consecuencia, haber afectado la imagen del PRI”.
Expertos en
crimen organizado enfatizaron lo mucho que se tardó en llegar esta detención y
coincidieron en indicar que el arresto tiene connotaciones políticas, ya que
este año habrá votaciones en varios estados importantes y en 2018 se celebrarán
elecciones presidenciales, por lo que las autoridades quieren mostrar acciones
contra la corrupción.
De hecho,
hay otros dos ex mandatarios priístas prófugos: Javier Duarte, que gobernó el
estado oriental de Veracruz de 2010 a 2016, y César Duarte, mandatario del
norteño estado de Chihuahua en el mismo periodo. Ambos tienen a sus espaldas
acusaciones de corrupción y al veracruzano se le vincula, además, con el crimen
organizado. Aunque comparten apellido, no son familiares.
La Fiscalía
no ofreció detalles sobre cómo se concretó la captura de Yarrington pero
el analista Raúl Benítez, indicó que se le pudo ubicar gracias a las
comunicaciones telefónicas que tenía con su familia, aunque había cambiado de
identidad.
A juicio de
Benítez, el gobierno de Peña Nieto “ha
protegido a muchos gobernadores priístas” durante mucho tiempo, pero ahora, por
“cuestiones políticas”, el Presidente ha considerado que era necesario que
cayeran algunos, sobre todo aquellos a los que se vincula con el crimen
organizado.
“La mezcla de corruptos con narcos es
explosiva, muy difícil de sostener para el gobierno”, añadió el analista en declaraciones
a The Associated Press. De ahí, añadió,
que se optara por “ir capturándolos aunque fueran del PRI”.
Hace menos de dos semanas fue
arrestado en Estados Unidos Edgar Veytia, fiscal general del estado de Nayarit,
también gobernado por el PRI, por asociación delictuosa para traficar con cocaína, heroína
y metanfetaminas desde enero de 2013 hasta el pasado mes de febrero.
Para Edgardo
Buscaglia, consultor internacional y experto en crimen organizado, la protección a los gobernadores va más
allá de los partidos políticos. “Son señores feudales, intocables, a veces con
más poder que el Presidente de la República”, dijo.
En su
opinión, son “los principales
arquitectos del financiamiento mafioso de las campañas electorales” porque
desvían dinero de fondos públicos y gestionan irregularmente dinero tanto de
empresas legales como del crimen organizado. “Cuando se vuelven impresentables
(para la opinión pública) y bajo presión internacional, la Procuraduría General
de la República actúa, pero estos gobernadores tienen mucha información con la
que caería la mitad de la clase política como sucedió en Italia o Colombia”,
añadió en declaraciones a la AP.
Precisamente
por eso, Buscaglia está convencido de
que a los gobernadores no se les encarcela directamente cuando hay una orden de
aprehensión en su contra. “Comenzarían a revelar información y comenzaría a
generarse un efecto dominó”.
“Negocian su entrega, su patrimonio”, agregó el experto. “Por eso milagrosamente no se encuentra a
los gobernadores prófugos”.

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