Dolia
Estévez.
México tiene un Estado de derecho
disfuncional y plagado de corrupción. Su acusación contra el ex gobernador
priista de Tamaulipas es pusilánime y sin pruebas. Acusarlo de “delitos contra
la salud” es un despropósito. Un insulto a las miles de víctimas de los
carteles para los que trabajó. Tomás Yarrington es un bad hombre que usó y
abusó el ejercicio del poder público para cometer delitos graves en beneficio
de su patrimonio personal.
En
contrapartida, la acusación con once
cargos criminales interpuesta en Texas en su contra es sólido y fundamentada en
pruebas y testimonios de primera mano. No está politizada ni dulcificada.
Yarrington, capturado en Italia el domingo por petición de EU, le pertenece a
EU.
Sin embargo,
EU y México están disputando su extradición. Qué decidirá la justicia italiana
es fuente de especulación. Un portavoz del Departamento de Justicia dijo estar trabajando
conjuntamente con la PGR las estrategias jurídicas a fin de que Yarrington
enfrente la justicia en ambos países, “de conformidad con la fuerte
colaboración que existe en materia de procuración de justicia”. El declarante
declinó abundar.
“Si fue acusado aquí y está bajo
custodia en el extranjero, lo queremos en Estados Unidos. Sobra decirlo”, me dijo Rusty Payne, vocero de la
DEA.
EU es donde
Yarrington merece ser juzgado. EU
garantiza que no volverá a ver la luz del día. El Chapo Guzmán, extraditado en
enero, se pudre en una prisión de máxima seguridad en Manhattan a prueba de
fugas; Alfredo Beltrán Leyva, extraditado en 2014, fue condenado a cadena
perpetua en la capital estadounidense. La fiscalía argumentó que con menos años
el ex socio de El Chapo podía regresar a México a la “misma vida”. Yarrington
sería el segundo gobernador priista en ser extraditado a EU.
El temor de que México suelte a
Yarrington no es fortuito. Rafael Caro Quintero, acusado del asesinato de
Camarena por quien EU ofrece 5 millones de dólares de recompensa, fue dejado en
libertad por un tribunal jalisciense. Hoy es prófugo de la justicia
estadounidense. No faltará el juez corrupto que le muestre la puerta a
Yarrington ante la impotencia de la PGR.
Como
Gobernador, de 1999 a 2005, Yarrington entregó Tamaulipas al Cartel del Golfo y
su sanguinario brazo armado Los Zetas. A cambio de sumas millonarias recibidas
durante y después de dejar el cargo, permitió el trasiego de cocaína a EU. Los
fondos eran lavados en el sector inmobiliario y bancos texanos por una red de
prestanombres a su servicio.
En diciembre de 2013, el gobierno de
EU interpuso una acusación contra Yarrington y su prestanombre Fernando Cano
Martínez (fugitivo) por once delitos criminales. Entre éstos destacan
conspiración para distribuir drogas, tráfico de cocaína y conspiración para
cometer delitos financieros. Poco después, EU solicitó a México la detención
del político con fines de extradición, pero la PGR no hizo nada para impedir su
fuga.
La
investigación contra Yarrington empezó en noviembre de 2011 cuando Los Zetas
dejaron sobre el cadáver de Alfonso Peña Argüelles una manta acusándolo de
haberse robado 5 millones de dólares y de haber mandado matar a “RODOLFO TORRE
CANTÚ [candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas] PORQUE AFECTABA LOS
INTERESES DE LAS COMPAÑÍAS QUE TIENE OSIEL CÁRDENAS [preso en Colorado] Y TOMAS
YARRINGTON QUE TIENEN SOCIEDAD”.
Antonio Peña Argüelles, hermano del
ejecutado, salió huyendo de Nuevo Laredo a San Antonio, donde fue arrestado.
Las autoridades dijeron que Peña Argüelles era el intermediario entre Los Zetas
y Yarrington. Quedó
en libertad en 2014 después de declararse culpable de lavado de dinero y
cumplir dos años de prisión. Peña Argüelles, a quien se permitió quedarse en
Texas, será uno de los testigos clave en el juicio contra Yarrington. Buena
parte de la acusación se basa en su testimonio.
Hace apenas tres años Yarrington
negaba vehemente y ofendido las imputaciones que atribuía a una persecución
política del gobierno de Felipe Calderón. En 2013, reviró
porque lo incluí entre “Los 10 Mexicanos Más Corruptos” que publiqué en Forbes
(en inglés). Instruyó a Marco Tulio Ruiz, su abogado, enviar un comunicado a
los medios diciendo que mi texto estaba basado en “percepciones” y la
percepción, “no siempre es la realidad”.
Con 272
seguidores @contactotyr, “cuenta oficial” en Twitter de la defensa de
Yarrington, se quejó de que sólo hubiera políticos, “cuando la corrupción
invade todos los ámbitos de acción en el país”. Me acusaron de hacer periodismo
para México, “un país inclinado a aceptar la percepción como noticia”.
Cuando tenía
poder y conexiones con la élite del PRI, Yarrington era bien aceptado en EU.
Mantuvo relaciones cercanas con gobernadores de los estados fronterizos. En las
reuniones anuales de éstos y sus contrapartes mexicanas, participaba en
cabalgatas con el entonces gobernador de Texas George W. Bush. Coincidió con
Rick Perry, sucesor de Bush y secretario de Energía de Trump, en la conferencia
de gobernadores de 2004.
Años
después, cuando Barack Obama nombró a la ex Gobernadora de Arizona Janet
Napolitano titular de Seguridad interna, en su despacho había una fotografía de
Yarrington y otros gobernadores cabalgando sonrientes. Napolitano era la única
mujer.
En Google hay
fotos de Yarrington con Bush, Perry, Ernesto Zedillo y Peña Nieto. Testimonios
del contubernio del acusado con la clase política en ambos lados de la
frontera. “Tomás es fabuloso, trabajé con él mucho”, dijo Bush durante su
campaña a la presidencia en 2000.
Para esas fechas, según la acusación,
Yarrington llevaba dos años coludido con los cárteles. Tiempos de impunidad en
los que los estadounidenses festejaban al narco gobernador tamaulipeco. No
estaban enterados o hicieron como si no estuvieran enterados. Los políticos
miran lo que quieren ver y ponen el rostro contra la pared para no ver lo que
no quieren.
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