Francisco Ortiz Pinchetti.
La trayectoria política de Manuel Bartlett Díaz puede servir
para ejemplificar la historia misma de la democracia mexicana. De ese tamaño.
Militante del PRI desde muy joven, notable orador y esforzado picapedrero, tras
cumplir diversas encomiendas burocráticas con admirable disciplina fue
sucesivamente secretario general del PRI, coordinador de la campaña de Miguel
de la Madrid Hurtado, secretario de Gobernación, secretario de Educación
Pública, gobernador de Puebla, precandidato presidencial y Senador de la
República en el año 2000, siempre al amparo del entonces invencible tricolor.
Su elección a la gubernatura poblana en 1998 fue impugnada
como fraudulenta por el PAN, partido que también mantuvo una resistencia de
varios meses hasta lograr la anulación al menos de la elección municipal de
Huejotzingo. En su mandato Bartlett Díaz
se distinguió por ser un golpeador implacable de la izquierda, como se denunció
muchas veces. A su vez, durante su gestión al frente de la dependencia de
Bucareli fue responsable directo y personal del fraude electoral de 1986 en
Chihuahua y de la caída del sistema en 1988 que permitió a Carlos Salinas de
Gortari alcanzar la presidencia de la República pese a las denuncias de fraude
presentadas por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y secundadas por toda la
oposición.
Sobre el fraude
electoral que impidió al panista Francisco Barrio Terrazas llegar a la
gubernatura de Chihuahua en 1986, en su momento publiqué en Proceso las
confesiones de los operadores del trinquete electoral que aseguraron que
Bartlett Díaz dirigió personalmente los operativos fraudulentos desde sus
oficinas en el Palacio de Cobián.
Con el paso del tiempo,
el fraude quedó abundante y plenamente documentado. Fueron numerosas las
filtraciones, las declaraciones de los propios participantes en el “operativo”
recogidas por la prensa local en los años siguientes, especialmente el
semanario Ahora, de Ciudad Juárez. Hoy se conoce el mecanismo de las
operaciones “carrusel”, “niño” y “trueno”; las tácticas del taqueo y el relleno
previo de urnas, la distracción de representantes y sus suplantación con nombramientos
falsos. También se sabe cuántas y cuáles fueron las casillas “clave” —137 en
Ciudad Juárez; 64 en Chihuahua— donde el resultado electoral fue adulterado, lo
que hizo innecesario un fraude generalizado en todas las casillas. Una joya
bartlettiana.
También ocurrieron
durante su gestión en la secretaría de Gobernación el asesinato del columnista
Manuel Buendía Tellezgirón, el 30 de mayo de 1984, y la muerte “accidental” del
también periodista Carlos Loret de Mola, el 6 de febrero de 1986, en la carretera
a Zihuatanejo, reiteradamente denunciada por su hijo Rafael como un crimen en
el que estuvo involucrado el propio encargado entonces de la política interior
del país.
Durante su primera
incursión en el Senado (2000-2006), priista todavía, asumió una actitud
sorprendentemente nacionalista al defender al petróleo mexicano de los
supuestos intentos privatizadores del Presidente Vicente Fox Quezada y las
pretensiones del panista, según él, de entregar esa riqueza al extranjero.
Fueron célebres varios discursos suyos, henchidos de patriotismo.
A invitación de Andrés
Manuel López Obrador, según ha dicho, Bartlett Díaz brincó a las filas de la
oposición más radical y se convirtió de nuevo en Senador, ahora como
coordinador del grupo parlamentario del Partido del Trabajo… por designación del propio político
tabasqueño. Desde entonces, dejó atrás
su pasado, tan campante, y se asumió como un demócrata ejemplar, de lo que
ahora vuelve a dar muestras.
Apoderado de la exigua
bancada petista senatorial de sólo siete miembros, el ex priista casi enloquece
ante la posibilidad repentina de encabezar a la tercera fuerza en el recinto de
Reforma merced a su amistad con AMLO, al sumarse al Grupo por él encabezado
nueve de los 11 senadores que sin ninguna intención oportunista, claro está,
abandonaron la bancada del PRD, encabezados por otro demócrata probado, poblano
también: Miguel Barbosa Huerta. Los demás chapulines que dicen apoyar al tabasqueño en su
tercer intento por llegar a Los Pinos son Luz María Beristain Navarrete, Lorena
Cuéllar Cisneros, Zoé Robledo Aburto, Luis Humberto Fernández Fuentes, Benjamín
Robles Montoya, Fidel Demédecis Hidalgo, Rabindranath Salazar Solorio y Mario
Delgado Carrillo. Todos, seguramente orgullosos del líder admirable de su nueva
bancada.
Con ellos, alega Barteltt Díaz, la bancada del PT se
convierte en la tercera fuerza en el Senado, al sumar 16 integrantes. El PRI
tiene 55 senadores, el PAN 38, y el PRD se queda con sólo ocho y pasa a ser
cuarta fuerza, seguido por el Partido Verde, con siete escaños y dos senadores
independientes. Dos ex miembros del Grupo del PRD, Alejandro Encinas Rodríguez
y Raúl Morón Orozco, quien fungía como coordinador del bloque parlamentario, no
han definido su postura. Pidieron “tiempo para reflexionar” si se incorporarán
o no a la fracción del PT.
Y por lo pronto, Bartlett
Díaz no pide, exige ya prebendas a manos llenas. Alega que ahora su fortalecido
grupo tiene derecho a siete posiciones, entre las que destacan asumir la
vicepresidencia del Senado, y la presidencia del mismo durante el último año de
la actual legislatura; la presidencia también del Instituto Belisario
Domínguez, las presidencias de varias comisiones, un nuevo espacio de trabajo;
reasignación de espacios en el pleno, más asesores y empleados de apoyo. Y más
recursos económicos, claro. Lo más importante para él, sin embargo, es
recobrar una fuerza política que de hecho había perdido para así culminar su
brillante carrera con un cheque que cobrarle a su nuevo amigo y protector. Un
demócrata de cuerpo entero.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.