Adela
Navarro Bello.
Ocho hombres
fueron asesinados, sus cuerpos con marcas de tortura fueron metidos en bolsas
negras de basura, y estas metidas en una camioneta. El hallazgo fue en
Chilpancingo, Guerrero, hace unos días.
Semanas
atrás, a principios de marzo, en el traspatio del cementerio Colinas de Santa
Fe en Veracruz, fueron localizadas varias fosas clandestinas, originadas de
acuerdo a las investigaciones ministeriales, en el crimen organizado. Después
de excavaciones diversas, encontraron más de diez mil restos óseos. 250
cráneos.
El 23 de
marzo en Chihuahua fue asesinada la periodista Miroslava Breach. Era
corresponsal de La Jornada y del extinto diario El Norte de Ciudad Juárez. Sus
asesinos la cazaron -seguramente después de espiarla por días- cuando subió a
su auto fuera de su casa. Era de mañana y no iba sola. Su cuerpo quedó tendido
a la derecha en el asiento del piloto.
En noviembre
de 2016, después de dar una entrevista, Javier Duarte de Ochoa, entonces
Gobernador con licencia del Estado de Veracruz, y ya acusado de irregularidades
hasta acumular una deuda arriba de los 64 mil millones de pesos, el priista
huyó. Ni él ni a su esposa se les ha vuelto a ver. Horas después de ello, se
emitió la primera orden de captura en su contra. Hoy se le acusa de por lo
menos tres delitos: peculado, asociación delictuosa y operaciones con recursos
de procedencia ilícita.
Todos los casos expuestos, unos ligados
al narcotráfico y al crimen organizado, otros a la corrupción en los gobiernos,
permanecen en la impunidad. México es un país sin Ley que va sumando casos de
asesinatos, de atentados, de venganzas, de muerte y de sangre, de corrupción e
impunidad.
No hay
sector que salga libre. Empresarios que
son extorsionados o secuestrados, políticos que abusan del presupuesto y hurtan
el dinero del pueblo, funcionarios que se sirven de los bienes de la Nación,
estudiantes que son secuestrados a cualquier hora del día y sus cuerpos nunca
localizados, artistas que son ejecutados, jóvenes que se van de fiesta y
encuentran la muerte a alta velocidad en un BMW. Periodistas cuyas palabras son
extinguidas por las balas, o por las presiones gubernamentales. Gobernadores con
conflictos de intereses, y mandatarios prófugos.
En México la
justicia no existe para la mayoría. En
México lo que destaca es la impunidad que han de comprar criminales organizados
y narcotraficantes, lo mismo que gobernantes deshonestos y policías corruptos.
En México los malos hombres y las malas mujeres hacen lo que quieren porque
pueden.
Hace unos
días. El 7 de abril de 2017, quienes trabajamos en Zeta terminamos aquel
miércoles con la noticia que otra vez, estábamos amenazados. En esta ocasión un
integrante del no extinto cártel de los hermanos Arellano Félix dio la orden
para que las oficinas de Zeta fuesen atacadas con una bomba.
No es la primera ocasión. En
noviembre de 2016, un integrante del Cártel Jalisco Nueva Generación, dio una
instrucción criminal muy parecida a sus sicarios. En ambos casos, en Zeta hemos
hecho pública la información. Estamos convencidos que publicarlo, compartirlo
con lectores, nuestra sociedad, con las organizaciones de protección y defensa
de la libertad de expresión y de los periodistas, nos resguarda de los ataques.
Por lo menos lanzamos un mensaje: no estamos solos. Aun cuando las autoridades no
investiguen, y el binomio corrupción-impunidad sea el flagelo de la justicia,
hay grupos de la sociedad civil organizada, ciudadanos comunes y periodistas,
que somos solidarios y procuramos amortiguar los ataques a la libertad de
expresión.
En los días
siguientes a la amenaza, la Comisión Nacional delos Derechos Humanos emitió la
solicitud de medidas cautelares para quienes trabajamos en Zeta. Previo a ello,
unidades de la Policía Estatal Preventiva cuidaron nuestras oficinas, mientras
grupos del Ejército Mexicano hacen rondas por las inmediaciones del Semanario
(de hecho ya las hacían por zonas catalogadas como peligrosas, y hoy han sumado un punto: la casa convertida
en oficinas, ubicada en el 4633 de la avenida Las Américas en El Paraíso).
¿Por qué un hombre o un grupo de
personas pueden ordenar el asesinato de 250 personas y confinar sus cuerpos a
fosas clandestinas? ¿Qué lleva a una mente criminal a privar de la libertad,
vejar, asesinar, manipular el cuerpo y apretujarlo en una bolsa de basura junto
a siete más? ¿Por qué un narcotraficante que se ha coludido con un gobierno y
con un partido político, es el principal sospechoso de asesinar a la
periodista? ¿Por qué Javier Duarte y su esposa acumularon riqueza a costa del
erario, y se fueron libres con ello? ¿Por qué un narcotraficante lanza amenazas
contra un medio de comunicación libre?
La respuesta a todas las interrogantes
es porque pueden. En
México alguien puede acabar con la vida de otro, porque puede hacerlo, porque
tiene un arma, porque guarda un sentimiento negativo, porque tiene la complicidad de un estado omiso, de un ministerio
público deficiente, y en el peor de los casos, porque ha comprado impunidad.
Lo mismo aplica a los gobernadores
corruptos. Roban porque pueden, porque se les permite, porque encuentran
complicidad en los Congresos de los Estados, en los diputados de su mismo
partido que los protegen hasta en tanto no se den a la fuga. Pueden hacerlo
porque existe una Auditoría Superior de la Federación que no hace su trabajo de
manera eficiente, y comparte responsabilidades con autoridades locales en el
mismo sitio del robo.
De igual forma un narcotraficante
puede asesinar a una periodista y no ser detenido por ello. Sea porque compró
la protección de policías, de agentes del ministerio público o incluso de
jueces, para salir libre de sus delitos, o sea porque lo investiga de manera
deficiente un estado rebasado y muchas veces coludido con el narcotráfico y la
criminalidad organizada.
México es un país sin Ley donde los
criminales, los políticos, los funcionarios, los narcotraficantes, los
ciudadanos con medios económicos suficientes, hacen lo que quieren y saben que
no serán perseguidos, y en un momento dado, pueden huir.
Muchos hechos insólitos están
sucediendo en nuestro país, sin consecuencias legales. 43 estudiantes
desaparecidos. 22 civiles asesinados, 250 cráneos arrumbados en una fosa, 22
periodistas asesinados en Veracruz, otros más luchando por su vida, otro tanto
amenazados, otros que han perdido la vida en diversos estados, todos casos sin
solución judicial, sin encontrar justicia.
México es un país sin Ley porque no
se aplica, porque se vende, se esconde y se aprovecha por parte de los
criminales, los de calle y los de las drogas, como los que se encubren con un
traje y un cargo público. Periodistas asesinados, amenazados, inmersos en una
sociedad como testigos diarios de tantos crímenes sin castigo, en un País donde
el Estado de Derecho solo existe en el discurso oficial.
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