Salvador Camarena.
Si yo fuera mexiquense
estaría en un predicamento. ¿Por quién he de votar?, sería la pregunta que
espolearía mi desvelo.
En el marco de esa competencia electoral, esta semana el PAN
planteó algo interesante de cara a deshojar la margarita del voto del 4 de
junio.
Ricardo Anaya, presidente de Acción Nacional, aseveró que la
candidata del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Delfina Gómez, era
una juanita. Que ella no era ella sino una marioneta de Andrés Manuel López
Obrador.
Anaya me dejó pensando
(es un decir). Si Delfina es una juanita, ¿Alfredo del Mazo qué es?
Hace seis años Eruviel Ávila no era un juanito de Peña Nieto.
El juanito del entonces gobernador era otro. Eruviel se atravesó, coqueteó con
irse al PRD si no le daban la candidatura y el resto es historia.
Pero a todo juanito le
llega su hora. Alfredo es el primazo y el hijazo de dos exgobernadores del
Estado de México. Y, a través suyo, todo un grupo quiere perpetuar –nunca mejor dicho– el control
político y económico de tan apetecible entidad. Tan lo es que, increíblemente,
del Mazo dijo hace un par de días que está en la capacidad de impedir que sus
padrinos del gabinete federal sigan haciéndole campaña. O eso se entendió.
Parece a gusto en el rol de vicario de Atlacomulco.
De ahí que la descalificación de Anaya hacia Delfina creo que
aplica a Del Mazo. Pero, a todas estas, ¿es Delfina una juanita? O, lo que es
lo mismo -independientemente del intento de descalificación por parte de
Anaya-, ¿tiene Delfina el tamaño para gobernar por sí misma el Estado de
México?
Responder que sí porque ya fue presidenta municipal de
Texcoco nos obliga a recordar que
Eruviel tiene a buena parte del Edomex sumido en la inseguridad y ya había sido
presidente municipal de Ecatepec, dos veces.
Juanita o no, Delfina
tendrá que demostrar capacidad de liderazgo y dominio de las problemáticas del
Edomex, si es que quiere que no se le vea como un apéndice de AMLO. En ese
sentido, en el debate con Loret, quedó a deber.
Porque El Peje no estará ahí con ella después del 4 de junio.
Y como que para gobernadores
teledirigidos desde Los Pinos, con Eruviel los mexiquenses ya tuvieron más que
suficiente.
¿Y Josefina Vázquez
Mota? ¿No es una juanita de Ricardo Anaya? Cabe la pregunta porque si algo no
quedó claro fue el motivo del retorno de Vázquez Mota a la política, de la que
renegó pasada su derrota en las elecciones de 2012.
Sin regatear que desde que dijo que sí iba se ha metido de
lleno a interpretar el papel que de ella se esperaría como candidata (honor a
quien honor merece), es toda una
interrogante el tema de cómo le renació la conciencia de que tenía que pelearse
con sus amigos priistas. Y, sobre
todo, para qué. ¿Para ayudarle a Anaya y que luego Anaya le ayude a ella?
No vaya a ser que, vueltas que da la vida, termine
siendo una juanita de sus amigos priistas. Veremos.
Finalmente, dicen que
Juan Zepeda es demasiado cercano a Eruviel Ávila. Y dicen que se benefició del
boicot del perredismo a una alianza con el PAN en Edomex, cosa harto
conveniente para el PRI.
Entonces, ¿no será que
la categoría de juanito (de Eruviel) le va al señor Zepeda como anillo al dedo?
Es pregunta que se contestará sola.
Si yo fuera mexiquense estaría en un predicamento. Por quién he de votar, me preguntaría, si
puras juanitas y juanitos veo.
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