La Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) acusó al Ejército Mexicano de la ejecución
extrajudicial del indígena tzeltal Gilberto Jiménez Hernández ocurrida en
febrero de 1995 en una comunidad de Altamirano en el marco de la estrategia
militar contra las bases de apoyo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN).
A 22 años
del operativo militar en la comunidad La Grandeza, municipio de Altamirano,
hasta donde ingresaron de forma violenta miembros de las fuerzas armadas, la
CIDH publicó el pasado 27 de abril el Informe de Admisibilidad y Fondo No.
51/162 del Caso 11.564 Gilberto Jiménez Hernández y Otros (LA Grandeza) México
en el que determinó la responsabilidad
del Estado mexicano por la violación al derecho a la vida y al principio de
igualdad y no discriminación, a la integridad personal y a las garantías
judiciales y protección judicial, en el marco de la implementación de la
estrategia contrainsurgente diseñada dentro del Plan de Campaña Chiapas 94.
Precisó que el 20 de febrero de 1995, en el ejido La
Grandeza, municipio de Altamirano, la población recibió la alerta del operativo
militar realizado por la patrulla de reconocimiento del 17º Batallón de
Infantería, comisionada en la Fuerza de Tarea “Arcoiris” en el Agrupamiento
“Yabur”, compuesta por 65 agentes militares quienes portaban armamento 3 MP5
calibre 9mm y 62 G-3 calibre 7.62mm. Al mismo tiempo aviones del Ejército
sobrevolaban la región.
La población del ejido La Grandeza,
conformada en su mayoría por mujeres, niñas, niños y ancianos, se desplazó
forzadamente hacía la montaña para salvar su vida, mientras en el poblado, los
militares quemaban las pertenencias de las personas desplazadas.
Gilberto Jiménez Hernández, indígena
tzeltal de 43 años, fue ejecutado extrajudicialmente por un militar mientras
huía con su familia a la montaña. El soldado le ordenó que se detuviera, se
tendiera al suelo y sin importar que llevara a su hija de cinco años atada con
un chal en la espalda, le disparó.
“Hasta el día de hoy el fuero militar
ha servido para asegurar la impunidad. Las investigaciones
del presente caso se han enmarcado en la falta de debida diligencia para
encubrir al Ejército mexicano, el expediente se encuentra extraviado por las
autoridades de procuración de justicia desde 1997. El derecho de acceso a la
justicia para conocer la verdad de lo sucedido y para que se sancione a los
responsables no existe en México”, acusó Pedro Faro presidente del Centro
de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba).
Respecto a
la responsabilidad del Estado mexicano, Faro dijo que la CIDH dio amplio valor a la prueba aportada por los peticionarios:
la existencia del “Plan de Campaña Chiapas 94”, señalando que “en febrero de
1995 el Ejército mexicano se propuso retomar el territorio en el que había
operado el EZLN desde el principio del conflicto y dio inicio a la respuesta
militar a través de la implementación de una estrategia desarrollada por la
Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
“Dicha estrategia quedó plasmada en
el documento denominado ‘Plan de Campaña Chiapas 94’, […] el cual fue diseñado
por dicha Secretaría en 1994 y se inició su ejecución a partir de 1995”,
subrayó.
El Plan de Campaña derivó en crímenes
de lesa humanidad cometidos sistemáticamente contra la población civil tanto
por elementos de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, así como por grupos
paramilitares en diferentes regiones del estado de Chiapas, en el marco del
conflicto armado interno no resuelto.
El Plan
tenía como finalidad “romper la relación
de apoyo […] entre la población y los transgresores de la ley”; “organizar
secretamente a ciertos sectores de la población civil; entre otros a ganaderos
pequeños propietarios e individuos caracterizados con un alto sentido patriótico
quienes ser[ía]n empleados en apoyo de nuestras operaciones”; así como
“adiestra[r]y apoya[r]las fuerzas de autodefensa u otras organizaciones
paramilitares” [y]“en caso de no existir fuerzas de autodefensa, […] crearlas.
En la
implementación de dicho plan, las
Fuerzas Armadas realizaron incursiones en varias comunidades de Chiapas y en
este contexto se presentaron diversas denuncias sobre desapariciones forzadas,
ejecuciones extrajudiciales, tortura, detenciones arbitrarias, entre otras
violaciones a los derechos humanos.
Faro dijo
que la CIDH ya se ha pronunciado en
otros casos en este contexto, como el del Ejido Morelia: tortura, ejecuciones
extrajudiciales y sumarias (11.411)3, y Hermanas González: detención ilegal,
violación y tortura (11.565)4. Además se encuentran en etapa de fondo los casos
de Antonio González Méndez: desaparición forzada (12.322)5, Masacre de Acteal:
ejecuciones extrajudiciales y sumarias (12.790)6 y Zona Norte: desapariciones
forzadas, ejecuciones extrajudiciales y desplazamiento forzado (12.901)7
cometidos en el escenario de este conflicto armado interno no resuelto.
La CIDH ha
recomendado al Estado mexicano reparar adecuadamente las violaciones a los
derechos humanos cometidas, considerando el daño a la familia del señor
Gilberto Jiménez Hernández así como los efectos comunitarios de la aplicación
del Plan de Campaña Chiapas 94.
También ha solicitado una
investigación imparcial, efectiva y dentro de un plazo razonable con el objeto
de esclarecer los hechos en forma completa, identificar a los autores
intelectuales y materiales e imponer las sanciones correspondientes. Dichas investigaciones deberán
esclarecer el contexto en el que tuvieron lugar los hechos.
La CIDH reconoce y responsabiliza en su informe al
Estado mexicano, por sus crímenes de lesa humanidad en el contexto del
Conflicto Armado Interno en México. El Estado mexicano representado en su momento por Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente
Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto; así como por el
General Mario Renán Castillo Fernández responsable del Plan de Campaña Chiapas
94 y la creación de los grupos paramilitares.
“En este contexto oscuro del actual
México la situación se ha recrudecido: las masacres van, las ejecuciones
extrajudiciales vienen, las desapariciones forzadas pasan frente a nosotros. Es
clara la ruptura del gobierno con los pueblos. El gobierno no cumple sus
responsabilidades con quienes deberían de servir y respetar, cada vez el abismo
se profundiza”, dijo
Faro del Frayba.
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