Martín
Moreno.
Seamos claros: el PRI no gana
elecciones. Las compra.
Y en el Estado de México, desde
ahora, los priistas quieren arrebatar, a como dé lugar, a lo que cueste y como
sea, el triunfo para Alfredo del Mazo.
El priismo quiere mantener, bajo
cualquier precio, una gubernatura que simboliza al poder político del PRI en su
forma más añeja, anacrónica y antidemocrática: el mexiquense. A pesar de su
candidato que poca emoción despierta y que en las encuestas ya es rebasado por
Delfina Gómez. A la buena o a la mala.
En el Edomex, los priistas huelen la
derrota en las urnas y por eso son muy peligrosos. Tan peligrosos como la
propia violencia.
El poder político priista eliminó a
Colosio justo después de que el sonorense hiciera pedazos el país del
salinismo, en aquel discurso contundente y brutal del 6 de marzo de 1994 en el
Monumento a la Revolución. Ante la amenaza, el plomo.
El poder político priista fulminó a
José Francisco Ruiz Massieu que – igual que Luis Donaldo- traía proyecto propio
y ambicionaba llegar a Los Pinos en el
año 2000, ajeno a la estrategia de su ex cuñado, Carlos Salinas de
Gortari, deslindándose así del salinismo, enterrando cualquier posibilidad de
maximato salinista. Ante la amenaza, el plomo.
Hoy por hoy,
mantener la presidencia en 2018 pasa, forzosamente, por la elección del próximo
4 de junio en el Estado de México. De ahí su importancia. Allí radica la sobrevivencia no solamente del PRI, sino también del
peñismo, del salinismo y de la camarilla política que desde el sexenio de
Miguel de la Madrid surgió con un proyecto transexenal que aún impera en
nuestros días. Allí está Carlos Salinas como cabeza de grupo, a la vista de
todos, estrenando libro pero, a la vez, levantando la mano y diciendo: “Aquí
estoy”. Omnipresente. Omnipoderoso. Omnifatalista.
Mucho depende que Salinas, Peña
Nieto, Videgaray, Osorio Chong y compañía, tengan posibilidades de mantener el
poder presidencial el año próximo, de lo que ocurra en el Edomex. Es clave. Vital. Y por ello quieren ganar esa elección al
precio que sea. Inclusive, al costo de la violencia. Del fraude.
¡Mucho cuidado con la violencia!
“La elección en el Estado de México
la ganamos a como dé lugar…”, es la orden salida de Los Pinos.
El miedo de
perder se percibe entre los priistas mexiquenses.
Razones no
les faltan: la elección se encamina a
ser lucha de dos: Delfina Gómez y Alfredo del Mazo. Vázquez Mota se ha
estancado en un tercer lugar del cual difícilmente podrá salir.
Y las alarmas en Los Pinos se
encienden porque en la encuesta del diario Reforma del pasado 25 de abril, en
caso de cerrarse la elección, Delfina derrotaría sin ningún problema a del
Mazo: 45 por ciento por 33 por ciento del priista.
Aún más:
Un 42 por ciento de los mexiquenses
nunca votaría por Alfredo del Mazo para gobernador.
Las cifras no favorecen al PRI. Eso
es definitivo.
Sin embargo, las cosas se van a complicar hasta llegar
al grado, inclusive, de la violencia o del fraude, con tal de que el PRI
mantenga, a la mala, la gubernatura mexiquense.
¿Qué podría
pasar de aquí a la elección?
Varias
cosas, más que preocupantes:
Primero, que se intensifique la compra abierta y
descarada del voto. Las denuncias y evidencias sobran, ante la ceguera indignante
del INE: 2 mil pesos a cambio de tu voto. Y así serán las próximas 4 semanas,
bajo la vieja regla del priismo: comprar elecciones, más no ganarlas. Son
dos cosas diferentes.
Segundo, que
con brotes de violencia, se inhiba al
voto mayoritario, favoreciendo al voto duro priista (léase voto comprado).
La ecuación responde a una lógica: Delfina
gana la contienda si la gente sale a votar, y eso es lo que, precisamente, el
PRI pretende evitar: que el próximo 4 de junio haya una asistencia
histórica en las urnas que derrote al PRI. A
mayor voto útil, mayor la posibilidad de que pierda del Mazo.
Tercero, que 2 o 3 días antes de la elección, haya
actos intimidatorios solapados e inclusive alentados por los gobiernos estatal
(Eruviel Ávila) y federal (Peña Nieto), que infundan miedo entre los votantes
permitiendo la aparición de numerosos grupos policiacos e, inclusive, del
Ejército y de la Marina, para crear un ambiente hostil y de poca confianza el 4
de junio. El miedo suele derrotar a la democracia.
Cuarto, que se intente arrebatar en tribunales
electorales una victoria de Delfina Gómez, escenario posible en una elección
cerrada. Veamos: si Delfina gana a del Mazo por 5 puntos como mínimo, su
triunfo prácticamente sería irreversible. No habría margen de maniobra para
impugnar o anular la elección o bien, para manipular o trampear casillas
electorales. Empero, si Delfina gana por 2 o 3 puntos, aumenta la posibilidad
de que le anulen o reviertan el triunfo.
La clave en
el Edomex es una: que la gente salga a
votar en grandes cantidades. Ese es
veneno puro para el PRI. Como en el 2000.
Una derrota
del PRI en el Estado de México daría, prácticamente en automático, un triunfo
para López Obrador en la presidencial del 2018. (Vamos: aun perdiendo Delfina,
AMLO ya ganó, al arrebatarle el próximo 4 de junio al PRI gran parte de su
reserva electoral mexiquense, que le serviría de catapulta para llegar a Los
Pinos en 2018. Igual que en Veracruz – otra reserva electoral priista
tradicional-, AMLO ya ha asegurado una votación tan amplia que le podría
garantizar la presidencia de la República).
Eso lo sabe el PRI, Peña Nieto,
Osorio Chong…y Carlos Salinas.
Y es Salinas el más interesado en
aniquilar a López Obrador quien, en público y en privado, ha comentado de sus
planes contra Salinas si gana la presidencia.
Edomex es
clave en ese camino.
El poder priista suele arrebatar
cuando pierde.
No son casualidades que Colosio y
Ruiz Massieu hayan sido eliminados. ¡Por supuesto que no!
A cualquier costo. Al precio que sea.
Y ese escenario de fraude, de
violencia, de inhibición al voto popular, ya se perfila para el Estado de
México.
¡Mucho
cuidado!
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