Dolia
Estévez.
Washington es el maestro del doble
mensaje. Insiste en que su política es
no intervenir en los asuntos internos de México, pero hay hechos concretos que
sugieren lo contrario. Tras los reñidos comicios de
1988, por ejemplo, fuerzas anónimas estadounidenses, en aparente coordinación
con el PRI, lanzaron una feroz campaña negra contra Cuauhtémoc Cárdenas, a
quien el PRI-gobierno le había usurpado la elección.
En octubre de ese año, en medio del
creciente descontento popular contra la imposición de Carlos Salinas de
Gortari, siete de los principales diarios de EU—incluidos The New York Times,
The Wall Street Journal y Los Angeles Times–publicaron desplegados de página
entera alertando contra una inexistente insurrección comunista en México,
orquestada por el “subversivo” hijo del General Cárdenas. Acusaban a Cárdenas
de instigar a la guerra civil para impedir el ascenso de Salinas a la
presidencia. Publicado en inglés y español, miles de panfletos con el texto
fueron distribuidos en el Capitolio. El costo total se estimó en 220 mil
dólares, equivalente a 470 mil dólares actuales.
A la fecha
no se sabe a ciencia cierta quien estuvo detrás del manifiesto firmado por el
fantasmal Comité para el Mejoramiento de las Relaciones EU-México. Investigaciones periodísticas teorizaron
que la campaña fue coordinada entre individuos no identificados de la derecha
estadounidense y el PRI. También se publicó en El Heraldo de México y El Norte
de Monterrey.
La narrativa era similar al mensaje
que usaba el PRI para instigar miedo. Luis Donald Colosio,
dirigente del PRI, le dijo al embajador Charles Pilliod que “Cárdenas estaba en
peligro de ser cooptado por los comunistas” y que el PRD, fundado por Cárdenas,
“tomó de modelo la estructura del viejo Partido Comunista Mexicano”, según
cable confidencial de 1989.
El auge de Cárdenas provocó un
terremoto político que se sintió en Washington. Era la primera vez que el monopolio presidencial del PRI era desafiado.
Pilliod pronosticó que pese a la turbulencia electoral, el PRI volvería a
ganar. Fue acusado de “intervención verbal”.
Cables desclasificados también
revelan que el gobierno de Ronald Reagan sabía que Salinas era profundamente impopular,
pero confiaba en que ganaría, “quizá con fraude electoral”, dice un memorando dirigido al
entonces Secretario de Estado.
Cuando le pregunté al ex Embajador
John Negroponte si Salinas ganó con fraude, me respondió que, según información
de la Embajada, sí ganó, “pero la magnitud del triunfo se exageró”. Gobernación le dio casi 20 por
ciento de ventaja sobre Cárdenas.
Tres lustros después, de la Madrid
confirmó lo que The New York Times llamó “uno de los fraudes electorales más
flagrantes en tiempos modernos”. En una tardía confesión, reveló haber ordenado
suspender el conteo para impedir el triunfo de Cárdenas. El resto es historia.
Aprovechando
una visita de Cárdenas a Washington esta semana, le pregunté si después de
tantos años conoce con precisión en que consistió la sospechada intervención de
EU en las elecciones de 1988. “De EU no
tengo ninguna referencia, no tengo ningún indicio porque el fraude se cometió
directamente por parte del gobierno de México, con Miguel de la Madrid en la
Presidencia, Manuel Bartlett en Gobernación y un sistema paralelo de conteo de
votos. Éste tenía la información real y la que presentaban públicamente era
otra”, respondió con su habitual mesura.
Me dijo que no tiene idea de quien
pudo haber financiado la campaña de desplegados en EU. Le comenté que es
importante saber cómo referencia histórica. “Lo sé—aceptó–pero no tengo
información. Ni tampoco me ha interesado buscarla.”
Traigo el relato a colación porque
Morena dice no descartar un escenario de intervención contra su abanderado
Andrés Manuel López Obrador. “La posibilidad de que EU intervenga es real y
concreta”, soltó
Berta Luján, presidenta del Consejo Nacional de Morena durante una visita a
Washington. Lujan declinó “elucubrar”
respecto al tipo de intromisión, limitándose a señalar que EU tiene un
historial de intervenciones y estuvo detrás del asesinato de Francisco Madero
hace más de 100 años. Se refirió al tono intervencioncita del secretario John
Kelly cuando advirtió contra el efecto negativo que tendría la victoria de un
“izquierdista antiamericano” en México.
Cárdenas me dijo que si bien los
datos a los que tuvieron acceso dicen que ganó la elección, “no hay manera de
tener certeza, pues desaparecieron incluso las boletas electorales”. ¿Qué hubiera pasado si lo hubieran dejado ganar?
“No sabemos qué hubiera pasado”, respondió.
Sin el
fraude de 1988, la alternancia hubiera ocurrido doce años antes y México se
hubiera ahorrado el legado de corrupción, asesinatos políticos impunes, el
descalabro del peso y la despiadada apertura del TLCAN. Decía Bertrand Russel
que la historia es la suma de aquello que hubiera sido evitable.
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