Diego
Petersen Farah.
¿Cuántas cabezas tiene el crimen
organizado? A juzgar por el número de cabecillas que caen y cómo nos lo
presumen, el crimen organizado en México tiene más cabezas que la Hidra, el
mitológico monstruo del lago Lerna. De hecho, si revisamos la historia del
combate al narco en los últimos 40 años lo que encontramos es una actualización
espantosa de aquel ser mitológico.
El modelo de partido único y cartel
único (valga la redundancia) de los años ochenta parecía ser el ideal, pues nos
hizo pensar que el monstruo podía controlarse. Eran pocos los que manejaban
todo (una cabeza principal, Miguel Ángel Félix Gallardo, y dos operativas, Caro
Quintero y “Don Neto” Fonseca) y nadie, ni el Estado ni la sociedad veían al
narcotráfico como una amenaza. Por el contrario, soto voce, se le celebraba y de ser
posible se buscaba beneficiarse de sus enormes flujos. Todo iba bien hasta que en 1985 el monstruo mató a la persona
equivocada, el agente de las DEA, Enrique Camarena, lo que causó un grave
problema al Estado en su relación con el vecino del norte.
Al modelo del cártel único le siguió
el de la Federación, varios grupos, varias cabezas repartiéndose el territorio,
y varias instancias del Estado juagando a apoyar, perseguir, o provocar
enfrentamientos, según el caso. Este modelo apostaba de alguna manera a que
nunca hubiera un solo gran jugador que pusiera de nuevo en jaque al Estado.
Lo que no se contempló en este modelo
fueron las implicaciones que tendría a nivel territorial: como en toda
Federación la soberanía sobre el territorio se convirtió en una necesidad
operativa. A la postre este modelo, igualmente fallido, nos llevó a la
atomización del crimen organizado, al grado que ya no podemos hablar de cartel
ni de carteles, sino de grupos de crimen organizado con control territorial.
Hoy tenemos más de 270 grupos que ejercen, por la vía de la violencia, control
sobre alguna parte del territorio nacional, desplazando policías y en no pocos
ocasiones supliendo las funciones esenciales del Estado. Como la mítica Hidra,
hemos logrado que el monstruo tenga cada día más cabezas.
Que caiga
otra cabeza del narcotráfico como “El Licenciado” es sin duda una buena
noticia, pero no significa ningún triunfo en términos de eso que se dio en
llamar como “guerra al narco”. Suponíamos
que cada cabeza iba a ser más débil que la anterior, hasta que algún día
podríamos ahorcarlas a mano limpia, serían tan débiles que hasta las policías
municipales podrían con ellas. No solo no pasó, sino que la fragmentación de
los grupos derivó en una terrible escalada de inseguridad: el primer trimestre
de este año es el peor en homicidios desde que se tiene registró.
La Hidra aquí
está.
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