En una de
las historias de terror que salen a flote tras la detención del ex fiscal
nayarita Édgar Veytia, el empresario inmobiliario Eduardo Valencia denuncia que
es objeto de una persecución y del despojo de su patrimonio por mil 800
millones de pesos, encabezado por Veytia y con la complicidad de diversas
autoridades municipales, estatales y federales.
Postrado en una cama de hospital,
recuperándose de las heridas casi mortales que el pasado 27 de marzo le
propinaron dos internos de nuevo ingreso en la cárcel municipal de Bahía de
Banderas, Nayarit, el desarrollador inmobiliario, Eduardo Valencia Castellanos,
de 46 años, narra por teléfono cómo estuvo involucrado el ex fiscal de Nayarit,
Édgar Veytia, en el despojo de su patrimonio estimado en mil 800 millones de
pesos, así como en el encarcelamiento “ilegal” que padece desde hace tres años
y medio.
Édgar
Veytia, “fiscal de hierro” y hombre de
confianza del gobernador priista de Nayarit, Roberto Sandoval, es señalado por
Valencia no sólo de controlar las áreas de seguridad sino también el sistema
judicial de Nayarit e incluso instancias federales en la entidad.
El pasado 27
de marzo, cuando Veytia fue detenido en Estados Unidos por cargos de
narcotráfico, Valencia Castellanos creyó que iba a morir.
Desde hace siete años el empresario
ha sido acusado de delitos como delincuencia organizada, despojo de inmuebles y
fraude.
Cuando la fiscalía estatal le
atribuyó lavado de dinero (averiguación previa AP/PGR/NAY/BUC-1/087/2010)
también trató de implicar a su papá y a su tío, Eduardo y Javier Valencia
Gallardo. Salieron bien librados porque la imputación se basaba en que su
familia es originaria de Michoacán, de donde son originarios diversos
narcotraficantes apellidados Valencia, y en su millonario patrimonio. Cuando
comprobó que su dinero provino de transacciones mobiliarias, el caso se
archivó.
No obstante, Valencia Castellanos está preso desde el
28 de noviembre de 2013 por un presunto fraude contra un grupo de extranjeros
que le compraron unos condominios.
Estas
propiedades se ubican en el desarrollo Acqua, de 43 mil metros cuadrados a pie
de playa en la localidad de Bucerías, municipio de Bahía de Banderas, Nayarit,
y cuestan entre 200 mil y 1 millón de dólares.
En las 142 querellas, los agraviados
señalaron la mala calidad de sus propiedades y alegaron su derecho a usar áreas
privadas como el spa, beach club y restaurante como si fueran comunes, así como
la falta de escrituras.
Al respecto,
el acusado envió a este semanario varios amparos que le concedió en diferentes
fechas el Juzgado Segundo de Distrito.
Los amparos 497/2015-IV y 1721/2013-III coinciden en que no se acredita el
cuerpo del delito por fraude genérico y fraude específico, por lo que se le
concede la protección federal contra el auto de formal prisión dictado el 4 de
diciembre de 2013 por el juez de Primera Instancia de Ramo Penal de Bahía de
Banderas.
El amparo
497 fue concedido por el secretario encargado de juzgado Octavio Ernesto Ponce
de León, y el 1721 por la juez Margarita Nahuatt Javier. Mientras que en el
amparo 1073/2015-IV, el juez Segundo de Distrito, Armando Díaz López, le concedió protección al encontrar que la
resolución del juez de Primera Instancia incumple “con los requisitos de
fundamentación y motivación que exige la Constitución dejando en indefensión al
quejoso”, es decir Valencia Castellanos.
Éste comenta
que desde su detención ha sido constante la violación a sus derechos humanos y
jurídicos. Indica que Veytia rindió protesta como fiscal general de Nayarit el
18 de febrero de 2013 y a los pocos días él acudió a su oficina con su abogado
y primo Francisco Valencia Camacho, pero al hablar con él se dieron cuenta de
que era parcial:
“Cuando me entrevisté con Veytia él
me decía: ‘Aquí yo soy la ley, aquí yo soy el poder y tus abogaditos de cuello
blanco me vienen guangos. Aquí, si yo quiero, vas a estar el resto de tu vida
preso, y si quiero te puedo expropiar todos tus bienes. Es mejor que negocies
con nosotros’.
“Yo le decía ‘es que esto no es una
negociación, es una extorsión, es un fraude. Yo no puedo negociar una situación
que es en contra del derecho y que va en contra de mis intereses de forma
injustificada e infundada’.
“Así se manejaban en Nayarit. Si les
gustaban tus propiedades se las quedaban. Tengo amigos con hoteles en los que
les han sembrado droga para asegurarles las propiedades y se las han quedado vía
decomiso a valores. De risa”.
–Por lo que
dice, Veytia no sólo tenía el control de
la fiscalía, sino de varias instancias –se le comenta al indiciado.
–De todo. Los delegados de la PGR, de
Hacienda, del Seguro Social, el Poder Judicial de Nayarit… No se movía nada sin
que él diera la autorización.
Los padres
de Valencia Castellanos interpusieron dos quejas ante la Comisión de Defensa de
los Derechos Humanos para el estado de Nayarit (CDDH), que derivaron en la recomendación 07/2016 dirigida al presidente
municipal de Bahía de Banderas, el priista José Gómez Pérez, porque se
detectaron tratos crueles, inhumanos y degradantes contra reclusos de ese
penal, entre ellos el empresario.
En esa
recomendación se relata que el 27 de noviembre de 2015 el padre de Valencia
Castellanos informó por teléfono a la comisión que su hijo fue llevado a una
celda de castigo y se le mantenía aislado, por lo que el órgano autónomo abrió
la queja DH/461/2015.
El 9 de
diciembre, personal de la CDDH se entrevistó con el procesado, quien describió
los hechos del 20 de noviembre anterior: un grupo de encapuchados, “sin mediar
palabra y sin identificarse me trasladaron hacia el muro lateral de ingreso a
las crujías, donde me gritaron que me quitara los zapatos (…) acto seguido,
vuelven a sujetarme y me encierran en un calabozo que mis compañeros de prisión
suelen llamar La Loba, lo que es una covacha que se hace bajo las escaleras que
dan acceso a las celdas superiores”.
“Una vez
dentro de mi cautiverio me percaté que el lugar estaba lleno de orines, ya que
ese mismo día desalojaron del mismo espacio a un compañero, el cual padece de
incontinencia urinaria”. La Loba, dijo, no contaba con iluminación ni baño,
había cucarachas y alacranes, y por las tardes y noches atraía una gran
cantidad de zancudos.
Añadió Valencia Castellanos que
“fueron casi tres semanas que se me mantuvo bajo una fuerte presión psicológica
(…) Hace una semana (1 de diciembre) se me concedió la suspensión provisional”.
Se refiere a que el juez Tercero de
Distrito en Materia de Amparo Penal le otorgó la suspensión provisional
2225/2015 para que el alcalde de Bahía de Banderas, así como el director y
subdirector de la cárcel municipal lo sacaran de la celda de castigo, pero los
funcionarios fueron omisos, aún bajo advertencia de que se les impondría una multa
y se procedería en su contra por abuso de autoridad.
Por eso el
empresario señala en su declaración ante la CDDH: “Si algo me llega a pasar o a mi familia, hago totalmente responsable a
las personas y a las autoridades que me tienen detenido aquí, como lo son mis
clientes y el personal de la Fiscalía y del Poder Judicial del estado de
Nayarit”.
En la
recomendación se lee que al día siguiente de que acudió la comisión, Valencia
Castellanos se comunicó con el visitador general Roberto Lomelí para informarle
que “una vez que nos retiramos de esa cárcel, un interno del mismo penal a
quien apodan Sammy le robó una tarjeta telefónica”. Cuando le reclamó “lo
ingresaron a la celda número 15, donde internan a los locos (…) Cabe hacer
mención que quien realizó este movimiento de celda fue el alcalde, quien le
informó que dicha determinación de cambiarlo de celda venía de muy ‘arriba’”.
En su
respuesta a la recomendación, la directora de Seguridad Pública municipal de
Bahía de Banderas descartó cualquier violación a las garantías y derechos de
los internos, aunque 204 de ellos se hacinan en un espacio de 16 celdas
varoniles y una femenil, planeado sólo para 95 personas.
El 16 de
abril de 2016 la mamá de Valencia Castellanos presentó la queja DH/103/2016,
según la cual desde que ingresó a la cárcel su hijo es objeto de maltrato
psicológico por los custodios para que entregue el celular que tiene escondido.
De nuevo la directora de Seguridad Pública tachó de falsa la acusación.
El 10 de agosto de 2016, personal de
la CDDH acudió a la cárcel municipal para realizar sus actividades de
Supervisión Nacional Penitenciaria, y encontraron a dos internos encerrados en
La Loba, con lo que confirmaron que existen tratos crueles, inhumanos y
degradantes en ese reclusorio.
Cuando los visitadores le hicieron la
observación al alcalde de la cárcel municipal, “el servidor público giró
instrucciones a un comandante a efecto de que pusiera a los referidos internos
fuera de dicho espacio o covacha y fueran asignados a una celda”, se lee en el acta circunstanciada.
También se asentó que el espacio de castigo carece de sanitario, no hay
intimidad y por sus reducidas dimensiones los internos sólo pueden estar de pie
cerca de la reja, pues “al interior el espacio se va reduciendo conforme la
inclinación de la escalera”.
Por ese
motivo el titular de la CDDH, Huicot Rivas Álvarez, emitió la recomendación
7/2016 dirigida al presidente municipal José Gómez Pérez para que se retiren
los barrotes del área de castigo y se modifique el reglamento de la cárcel
“para establecer un procedimiento disciplinario” y se elimine la suspensión de
las visitas. Además, solicitó que se garantice “la integridad física, psíquica
y moral de los presos”.
Eso último se incumplió con Eduardo
Valencia, quien el 27 de marzo fue brutalmente golpeado por un par de internos.
Los hombres
de Veytia.
En entrevista telefónica con Proceso
Jalisco, el visitador general Roberto Lomelí dice que la CDDH abrió una queja
por la agresión más reciente contra Valencia Castellanos. Estima que la
investigación concluirá el próximo agosto y entonces se podría emitir otra
recomendación. Por lo pronto se solicitó a la Dirección de Seguridad Pública
aplicar medidas cautelares para garantizar la integridad física de Valencia
Castellanos.
Al respecto el empresario señala que Ricardo Rosales,
subdirector de la cárcel de Bahía de Banderas y gente de confianza de Veytia,
permitió la agresión que casi le cuesta la vida. Sus atacantes, cuyos apellidos
considera falsos (Hernández Hernández y López López), ingresaron al reclusorio
por el delito menor de resistencia a la autoridad, que amerita fianza. Sin embargo,
fueron enviados al área donde se encontraba Valencia Castellanos y –relata
éste– “sin mediar palabra, a las 7:30 de la mañana, me golpearon, al punto que
me dieron por muerto”.
Fue trasladado en una patrulla al
Hospital San Javier Nuevo Vallarta con fractura de cadera, contusiones
cerebrales y otras lesiones de consideración.
Apenas había ingresado al nosocomio
cuando un enviado de Ricardo Rosales, llamado Antonio, pretendía sacarlo. Pero
uno de los médicos le advirtió que el paciente estaba grave y si lo trasladaba
a otro sitio tenía que firmar una responsiva por su vida. El enviado desistió.
“Tengo la sospecha fundada que
intentaban rematarme”, comenta Valencia, quien se enteró que a los cuatro días
de la agresión los dos golpeadores quedaron libres, “pese a que existe la
tentativa de homicidio y sin reparar el daño. Ahí es donde se ve la impunidad”.
Posteriormente
Valencia Castellanos solicitó seguir su
proceso en libertad bajo caución, pues los delitos de que lo acusan no son
graves y no tiene otros antecedentes penales, pero aún no hay respuesta. Hasta
el momento ha erogado 700 mil pesos en gastos médicos y cada 12 años tendrá que
cambiar la prótesis de cadera, además de que aún requiere operarse la nariz y
un pómulo.
La
intromisión del fiscal.
El complejo Acqua tiene un valor en
el mercado de 100 millones de dólares, es decir, mil 800 millones de pesos. En
2005 Valencia Castellanos comenzó a vender 330 condominios distribuidos en dos
torres y la construcción concluyó dos años después.
El
desarrollo fue recibido por parte del departamento Desarrollo Urbano del
ayuntamiento de Bahía de Banderas y la
mayoría de los compradores fueron extranjeros.
Uno de ellos
fue el canadiense Charles André
Baccichet, quien –a decir de Valencia– en 2005 compró en preventa ocho
inmuebles, que pagó en efectivo. En 2009, un año después de que se terminó de
edificar el complejo habitacional, Baccichet le hizo una petición inusual: “Que
se los escriture a su nombre, cuando los contratos están a nombre de diversas
personas”.
El empresario se negó “porque sería
doble venta. Además, en ese año entró en vigor la ley contra el lavado de
dinero, donde los notarios y los desarrolladores teníamos que avisar de
operaciones sospechosas en efectivo”.
En
respuesta, el canadiense contrató al
abogado Raúl Ruiz González, quien en 2011 “instruyó a Baccichet a que generara
inconformidad con muchos condóminos extranjeros a quienes les había prevendido
para que presentaran denuncias penales por fraude”, prosigue Valencia
Castellanos.
Sostiene que
Ruiz y Baccichet le pidieron 2 millones de dólares para retirar las querellas,
además de que el segundo les prometió a otros extranjeros que les iban a dar
más departamentos si denunciaban al vendedor.
En ese
proceso legal los acusadores “suben al
barco a (Édgar) Veytia y al presidente del Supremo Tribunal de Justicia, (Pedro
Antonio) Enríquez Soto, para justificar mi aprehensión por medio de las
inconformidades, que ya estaban prescritas porque las denuncias son de 2011 y
los contratos de 2005. Son temas de interpretación de contrato y son civiles,
no penales”, argumenta Valencia Castellanos.
Enfatiza que
al entrar Veytia al proceso, sus
demandantes ya no pedían 2 millones de dólares sino todo el complejo
inmobiliario. Se giraron varias órdenes de aprehensión en su contra y, ante la
imposibilidad de defenderse jurídicamente, se trasladó a la Ciudad de México,
desde donde interpuso amparos.
La
contraparte no se quedó quieta: “Me doy
cuenta de que comienzan a hacerme fraude falsificando pagarés, que habían
presentado para su cobro, otra vez a mis espaldas y en juicios espurios de 90
días. Una de las sentencias es por más de 600 millones de pesos, subvalúan mis
bienes y se adjudican más de mil 500 millones nada más en una de cinco
sentencias”. Aun así, sus acusadores afirman que aún les debe 400 millones de
pesos.
Uno de esos
juicios mercantiles contra su empresa, Flamingos Acqua, se radicó en el Juzgado Segundo de lo Civil de Primera Instancia
(expediente 99/2013), adonde se presentaron como prueba copias simples de unos
pagarés.
Tras
enterarse de que había perdido parte de su patrimonio, Valencia Castellanos
presentó un amparo que fue enviado al Juzgado Primero de Distrito en Materia de
Amparo Civil, Administrativo y de Trabajo y de Juicios Federales de Nayarit.
En su alegato, Valencia Castellanos
menciona que en todo lo actuado (autos, decretos, sentencias interlocutorias y
definitivas, procedimientos de ejecución, remates y adjudicaciones) se
falsificó su firma para dar contestación a la demanda en la que actuó
“supuestamente como representante legal”. También califica de ilegal la
adjudicación de casi un centenar de inmuebles de su propiedad, pues se hizo
mediante un pagaré falsificado. Sin embargo, la autoridad federal le negó su
protección con el argumento de que aún no se resuelve el juicio biinstancial
1373/2013, derivado del 99/2013.
Subraya que para adquirir un crédito
empresarial no sólo se necesitaba su firma, sino también la de su socio
estadunidense Robert Albert Hartye Jr., dato que no tomaron en cuenta sus
defraudadores.
Detalla que los supuestos pagarés por casi 3 millones de dólares fueron
signados en 2005, cuando Hartye aún era su socio, con intereses de 8%, los
cuales fueron refinanciados a 50 millones de dólares en 2013.
De acuerdo
con el folio mercantil 25576 del Registro Público de Comercio, el 17 de marzo
de 2005 Valencia Castellanos y Hartye formaron la empresa Flamingos Acqua S. de
R.L. En julio siguiente se unió a la sociedad Sierra Madre Investment, LLC, que
poseía 40% de las acciones. El 22 de febrero de 2006 se acordó que esta última
cedía su capital en partes iguales a Valencia y a José Luis Abunader Espino,
que se quedaron como socios únicos.
Según el folio mercantil 9808, el 16
de octubre de 2013 el juez Segundo de Primera Instancia del ramo civil de
partido judicial de Bucerías ordenó la adjudicación de las acciones de Valencia
Castellanos a Rodrigo Hicks Macías Valadez, mientras que las de Abunader se le
otorgaron a Guillermo Robles Zúñiga. Éste último dejó la empresa y su lugar en
la gerencia fue ocupado por Jorge Antonio Patrón Pedroza.
En esta
situación, enfatiza Valencia Castellanos: “Ya
no denuncio esto para recuperar mis bienes, sé que me van acabar matando (…) He
conseguido sentencias de amparo; aun con el autoritarismo del PRI he logrado
peritajes oficiales donde me conceden que no es mi firma (…) En la época que
dicen que estuve aquí firmando los pagarés, yo vivía en Estados Unidos, lo
tengo acreditado con documentos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, con
tarjetas de crédito, con los vouchers que yo firmaba”.
El resto de las pruebas documentales
las subió el propio Valencia Castellanos al sitio
http://eduardovalencia.esy.es/ a fin de evidenciar las múltiples
irregularidades cometidas por las dependencias a las que señala de complicidad
con Veytia.
Presunta
complicidad federal.
Por
recomendación de un amigo, Valencia
Castellanos contrató al abogado Diego Ruiz Durán, socio de Humberto Castillejos
Cervantes, actual consejero jurídico de la Presidencia de la República.
Recuerda que
en una reunión que sostuvo con Ruiz
Durán, en la que también estuvieron Pablo Fernández de Cevallos –sobrino del
político panista Diego Fernández de Cevallos–, ambos le pidieron, supuestamente
de parte de Aurelio Nuño, del propio Castillejos y de Peña Nieto, que accediera
a perder su patrimonio. No aceptó. Por eso considera que en la oficina jurídica
de la Presidencia se fraguó el despojo de sus bienes a través “del narco-estado
que impera en Nayarit”.
Tras un
segundo encuentro con Ruiz Durán en el despacho de Castillejos (CLG Abogados,
Consultoría, Litigio, Gobierno), ubicado en Mazatlán 102, colonia Condesa de la
Ciudad de México, Valencia fue detenido
el 28 de noviembre de 2013.
Para ello se montó un operativo con al menos 30
policías judiciales. Uno de ellos le informó que estaba detenido porque el auto
que manejaba tenía reporte de robo. “Yo no me estaba subiendo a mi carro. Le
dije: dime cuál de los (autos) que están estacionados, de los que ves aquí
enfrente, tiene el reporte de robo. Se quedó callado. Me sujetaron, me dieron
unas cachetadas y me subieron a una patrulla a la fuerza”.
Asegura que su aprehensión fue ilegal
porque la policía capitalina no contaba con orden de aprehensión ni convenio de
colaboración con Nayarit para localizarlo. Al otro día fue trasladado de la
procuraduría local a la cárcel Venustiano Carranza de Tepic, pese a que era un
juez de Bahía de Banderas quien lo requería.
En Tepic
–ciudad donde Veytia inició su carrera policiaca como director de Seguridad
Pública cuando el presidente municipal era el actual gobernador Roberto
Sandoval–, el recluso Blas Esparza
Leyva, quien tenía el control de la
prisión, le advirtió que estaba ahí “por órdenes de Veytia y lo que él ordenara
iban hacer conmigo”, refiere Valencia Castellanos.
A los dos días de su detención se
presentó en el penal el secretario del Juzgado de Primera Instancia de
Bucerías. “Pedí que estuviera presente el juez, pero se rieron. En el Código de
Procedimientos Penales de Nayarit, a petición de parte es una obligación que
esté en la audiencia el juez (…) Me leyeron brevemente de qué me acusaban
(fraude). Pedí tener acceso al expediente para preparar mi defensa, según el
artículo b, fracción VIII constitucional… Se rieron y me dijeron: ‘¡Estás en
Nayarit!’”.
Indica que al interior de la cárcel lo presionaron
para desistirse de los amparos, pero no cedió. Entonces, dice, le dieron una
golpiza y a mediados de enero de 2014 lo trasladaron a la cárcel municipal de
Bahía de Banderas, donde “para atender más de 20 denuncias penales, me dan 10
minutos con mis abogados”, se queja.
En una
búsqueda que realizó este semanario encontró una carta que publicó Giussepe
Viola en el portal saboravallarta.com para denunciar el presunto fraude.
Viola se presenta como asesor legal
para inversionistas extranjeros y afirma que Valencia Castellanos “no hizo la
entrega obligatoria de los títulos de propiedad a los legítimos propietarios
que invirtieron en el desarrollo” y que se dio a la fuga cuando se presentaron
las querellas contra él.
Dice Viola que ese momento fue
aprovechado por Raúl Ruiz y Baccichet, “éste último un canadiense con
antecedentes penales en su país (…), quienes pasaron a manejar el desarrollo
como un feudo privado”.
Al respecto,
Valencia Castellanos asegura que “no se
escrituró a Manuel Figueroa”, cliente de Viola, porque “no acreditó el pago del
condominio”.
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