Jorge Zepeda
Patterson.
Hoy no podré
escribir sobre lo que verdaderamente importa en términos políticos, las
elecciones por la gubernatura en el Estado de México, debido a la veda
electoral que se impone a los medios de comunicación. Y cuando digo que
verdaderamente importa no hago sino reproducir el consenso abrumador que
considera a estos comicios regionales como decisivos para las elecciones
presidenciales del próximo año.
O quizá lo
haga (aludir a esta jornada electoral) de la misma forma en que lo hizo el PRI,
velada y sinuosamente, cuando se anunció la orden de aprehensión en contra de
Roberto Borge, el infame ex Gobernador de Quintana Roo.
Perdón, el
PRI no libera órdenes de aprehensión, por lo menos no lo hace directamente,
pero el hecho de que proceda de un tribunal del Estado de México y suceda dos
días antes de una jornada electoral clave para el futuro de este partido, no
deja muchas dudas sobre la naturaleza política de la decisión y su muy probable
procedencia.
Roberto
Borge, junto con Javier Duarte de Veracruz, fueron los jóvenes gobernadores a
los que Enrique Peña Nieto presumió como ejemplo de las nuevas generaciones
priistas. Esa probablemente sea la frase
más honesta y exacta que el presidente llegue a pronunciar durante su mandato.
Es cierto que al afirmarlo su pretensión era otra, pero los hechos le
imprimieron un giro dolorosamente exacto: Borge y los dos Duarte (Javier y
César, Veracruz y Chihuahua) han sido el epítome de lo que significó el arribo
del nuevo PRI. Más cínicos, más frívolos y más atascados que los de la generación
anterior.
Díganme si
no. Estábamos acostumbrados a las obras públicas con presupuestos ordeñados, a
la compra ventajosa de terrenos alrededor de carreteras y nuevos desarrollos
públicos, a los negocios de proveeduría montados en la víspera de la toma de
posesión. Lo que no habíamos visto, o al menos no en esa escala, fue la
apropiación personal y familiar del patrimonio público sin mediaciones ni
cortapisas.
Uno de los
motivos de la acusación en contra de Borge es la venta de 24 inmuebles propiedad
del gobierno local en Cancún y Cozumel a un precio que no supera el 6 por
ciento de su valor comercial. En teoría tienen un valor de mercado de 5 mil
millones de pesos, pero podría ser aún mayor tratándose de terrenos codiciados
por capitales turísticos. Se afirma que
diez de los inmuebles no eran susceptibles de venta por tratarse de reservas
naturales; algunos correspondían a las escasas áreas verdes a las que tienen
acceso los pobladores. La mayor parte de todos estos terrenos fueron adquiridos
por familiares del Gobernador o por empleados de absoluta confianza de sus
parientes.
En plata pura, algo así como si el
Jefe de Gobierno de la Ciudad de México comenzara a parcelar y vender pedazos
del bosque de Chapultepec a precios irrisorios y todos ellos quedaran en manos
de su madre (como es el caso de Borge) y de amigos íntimos. La Colina del Perro de López
Portillo es cosa nimia comparado con esto; y el hermano del 10 por ciento, como
le decían a Raúl Salinas por sus “servicios”, casi inspira ternura (es un
decir).
Durante años se supo que las
tropelías de los tres gobernadores citados excedían a todo cuanto se conocía. Y,
no obstante, la clase política los protegió hasta la ignominia. Fue necesario que en las tres entidades ganara la oposición para que las
evidencias recabadas y el escándalo obligaran a Los Pinos a ceder, y permitiera
que los tribunales hicieran su trabajo. E incluso eso, lo han hecho solo cuando
se han visto contra la pared o cuando creen que pueden, al menos sacarle
provecho político.
Como ahora que se libera la noticia
justo dos días antes. Y ya está. Completé esta columna sin violar la veda. Sin
hablar de lo que sucede en el Estado de México. ¿O no?
PD:
Seguramente porque no viene al caso, dedicaré parte del fin de semana a ver la
última temporada de House of Cards. Me quedé en el capítulo en que el tortuoso presidente
que encabeza la serie, Frank Underwood, maquina un escándalo informativo horas
antes de unas elecciones que está a punto de perder. Hoy mismo, un capítulo más
tarde, sabré si pudo revertir la tendencia.
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