Francisco Ortiz Pinchetti.
Nadie en su sano juicio, como diría
mi abuelita si viviera, apostaría siquiera un billete de dos pesos a la
hipotética candidatura de Miguel Ángel Mancera Espinosa a la Presidencia de la
República en 2018. El jefe de Gobierno de la capital, que llegó al cargo como
candidato del PRD con un formidable apoyo ciudadano ha visto severamente
erosionada su popularidad, al grado de no alcanzar arriba de un dígito en las
preferencias electorales según todas las encuestas recientes.
Paga el
gobernante su debilidad ante las manifestaciones callejeras y los plantones que
afectan cotidianamente a millones de capitalinos, su ineficacia ante problemas torales como el transporte público, el
agua potable, la contaminación atmosférica; la creciente inseguridad, que se
empeña en soslayar; el tres veces fallido programa Hoy no Circula, la
arbitrariedad e ilegalidad de sus foto multas y sus poco transparentes relaciones
con sectores empresariales, particularmente con los desarrolladores
inmobiliarios.
No obstante, Mancera Espinosa quiere
ser candidato a la grande. Así lo proclama cada vez que se lo preguntan. Lo grita casi. Sus
allegados aseguran que no sólo se muestra convencido de sus posibilidades, sino
que está verdaderamente entusiasmado con la idea. El doctor, como le llaman en su círculo, presume tener una batería de
misiles de alto alcance mediático para revertir el deterioro de su imagen y
cerrar su gobierno de manera espectacular.
Tiene ya en
su alforja el galardón de haber rebautizado a la capital, al convertirla de
Distrito Federal en Ciudad de México y dotarla de una identidad geográfica
internacional que no es poca cosa. También, el mérito histórico de haber
consumado la reforma política de la capital, un anhelo de décadas, y dotarla de
una Constitución política propia, así esté por ahora multi impugnada ante la
Suprema Corte de Justicia. Lleva también su exitoso programa “El médico en tu
casa”, que cobra fama mundial, y acaba de poner en marcha el “Maestro en tu
casa”. Arrancó apenas “Tu ciudad te requiere”, que impactará una colonia cada
semana con una participación vecinal masiva en tareas de mejoramiento urbano,
con el apoyo del gobierno capitalino. Cada semana. Como relojito.
Justo a
tiempo se hizo el jefe de Gobierno de la presidencia de la Confederación
Nacional de Gobernadores, Conago, lo que le dará reflectores en todo el país
durante un semestre clave. Y ya hasta pidió a Andrés Manuel López Obrador dejar
los protagonismos y sumarse a un proyecto común de amplia convocatoria
ciudadana para 2018. “¿Que quién lo encabece?, eso es una cosa que después se
podrá resolver”, dijo al día siguiente de las elecciones estatales en Edomex.
La chistera
de Mancera Espinosa contiene una serie de obras ciertamente impactantes que
como por arte de birlibirloque, piensa él, darán a la CDMX una nueva fisonomía
en los próximos cinco, seis meses, justo a tiempo para usufructuarlas como
méritos de campaña. Algunas son en realidad espectaculares, otras evidentemente
útiles y algunas meramente cosméticas, pero todas lucidoras. “Voy a dejar una
ciudad transformada”, dicen que dice.
Por lo pronto tiene a media capital
de cabeza con obras aparentemente inconexas, sueltas, molestas. Agujeros,
desvíos, zanjas, polvaredas, escombros por dondequiera. Su plan es que de
pronto, como sacadas en efecto del sombrero de Merlín, se armen, se vinculen y
formen un todo sorprendente que catapulte su figura pública.
El proyecto
vial más importante del sexenio es el doble túnel de Río Mixcoac y la avenida
Insurgentes Sur, el famoso e inicialmente cuestionado “deprimido de Mancera”. En él se invierten seis mil 500 millones de
pesos y se espera que venga a remediar uno de los nudos vehiculares más
conflictivos de la ciudad. Será además el eje de todo un plan urbano en la zona
centro sur de la ciudad. Estará terminado a finales de junio, ya.
Están también
la construcción de la línea 7 del Metrobús, de Indios Verdes a Santa Fe, que
correrá por el Paseo de la Reforma y contará con vehículos de doble piso al
estilo londinense; la ampliación de la línea 12 del Metro, de Mixcoac a
Observatorio; la construcción del tramo del tren interurbano México-Toluca que
corresponde a la capital, la apertura de 35 nuevos kilómetros ciclovías y la
ampliación del servicio de Ecobici hacia el Sur, para beneficiar a más de 15
colonias, además de incorporar otras 13 de Miguel Hidalgo. En septiembre
entrarán en servicio 340 bicicletas eléctricas y 28 nuevas ciclo estaciones
multimedia para su recarga.
Apunte
además la construcción de los Centros de Transferencia Modal, (Cetram) de
Tlapan, Chapultepec y Constitución de 1917, la restauración integral de la Zona
Rosa, la remodelación de la Glorieta Insurgentes y del Monumento a la Madre ,y
su adyacente Jardín del Arte; la remodelación total de la Plaza de la
Constitución y la adecuación de nuevas vialidades para uso peatonal en el Centro
Histórico, así como los programas en marcha de instalación de cámaras de
vigilancia, regeneración de fuentes públicas, iluminación de calles y avenidas,
remozamiento de camellones y señalización vial. ¿Ya vio los nuevos postes con
luminarias LED?
Agregue la
reposición de todas las banquetas y guarniciones de la avenida Insurgentes Sur,
desde la glorieta de Chilpancingo, en la colonia Roma Sur, hasta Río Mixcoac. A
lo largo de 4.6 kilómetros están siendo retiradas las viejas losetas rojizas
que han cubierto los arroyos peatonales desde hace cuando menos cuarenta años y
sustituidas por flamantes bloques pre colados en diferentes tonos de gris.
Todo eso –y más– ocurrirá en los
próximos 180 días, cuando de sopetón se terminen las obras con un admirable cálculo
político de los tiempos, justo antes de que Mancera
Espinosa deje la jefatura de Gobierno para buscar su anhelada candidatura.
Personalmente, creo que la conclusión feliz de todas esas obras, si ocurre así,
redituará altos bonos al sigiloso jefe de Gobierno… que desde luego no serán
suficientes para darle verdaderas posibilidades electorales, pienso yo. Salvo
que ocurra un milagro.
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