Adela
Navarro Bello.
Aun cuando el triunfo no es oficial
pues el Programa de Resultados Electorales Preliminares es solo eso y no un
acta de triunfo, en el Partido Revolucionario Institucional ya cantan victoria
en el Estado de México. Hoy miércoles, de hecho, iniciará el cómputo distrital,
y de esos números saldrá el ganador de la elección a Gobernador.
Cantar el
triunfo cuando la diferencia de votos holgada va, hay tendencias que, de tan
dispares resultan irreversibles, pero hacerlo cuando sólo hasta las últimas
horas de la noche, se metió a la delantera el candidato del PRI, Alfredo del Mazo,
raya en la balandronada priísta a la que, ni modo, estamos acostumbrados.
Más allá de la falta de seriedad con
la que se puede tomar a la izquierda en el Estado de México que encabeza
Delfina Gómez, dados los antecedentes de su líder con el “voto por voto” y las
campañas que desde la derecha se han realizado de manera sistemática desde el
año 2006 para crearle –o exaltarle si gusta- una personalidad mesiánica y
testaruda a Andrés Manuel López Obrador, debería prevalecer en el ánimo de los
opinólogos, estudiosos, analistas, académicos, empresarios y ciudadanos
interesados, es el respeto a la voluntad del pueblo. La certeza del respeto a
la democracia significa respetar los votos y contarlos como son. Que el
resultado del proceso más allá de las personas y las querencias sea un
resultado producto de la transparencia y apegado a la Ley que respeta la
voluntad de los votantes, guste o no.
Entre toda la pléyade de funcionarios
electorales, políticos y comparsas del partido en el poder que han salido a
avalar el triunfo no oficial del PRI en el Estado de México, hay quienes se
resisten a la simulación y hablan de frente, pocos realmente pero ahí están. Es
el caso de Bernardo Barranco, Consejo de la Junta Local del Instituto Nacional
Electoral en el Estado de México quien concedió una entrevista a la periodista
Carmen Aristegui y confirmó que existe una situación tensa en aquel Estado, que
“la diferencia de votos es tan pequeña que no podemos decir que ya haya un
resultado definitivo”, que dependerá de los paquetes
electorales que se abran a partir del miércoles cuando inicie el cómputo distrital.
Reconoció además el representante del INE que efectivamente, en el Estado de
México, la cuna de Enrique Peña Nieto y su primo el candidato, detectaron
prácticas de mapachería electoral y tácticas para inhibir la participación
ciudadana, así como omisiones por parte del Instituto Electoral local, que no
aportaron certeza en los sistemas de resultados preliminares, y que han
terminado por favorecer al candidato del PRI.
Y
efectivamente, hablar de participación ciudadana en la elección del Estado de
México es exagerar. De los 11 millones 300 mil ciudadanos inscritos en el
padrón local, únicamente votaron 5 millones 798 mil 557 (de acuerdo con el
PREP), lo que significa que la participación ciudadana que ponderan apenas
alcanza el 51 por ciento de la población con capacidad para votar. Alfredo del
Mazo obtuvo (otra vez de acuerdo con el PREP) 1 millón 955mil 347 votos, mismos
que significan un 33.72 por ciento del total de electores que acudieron a las
urnas, y 17.30 por ciento del total de electores registrados en el padrón del
Estado de México. Dando cuenta de la que, de confirmarse, sería una pírrica
victoria para el Revolucionario Institucional, especialmente si consideramos
que del Mazo obtuvo 1 millón 63 mil 241 votos menos que los recabados por
Eruviel Ávila en la elección a Gobernador del Estado de México en 2011, y
apenas 153 mil 817 sufragios más que los logrados por Enrique Peña Nieto en la
sucesión de ese Gobierno en 2005, el PRI aun ganando, va en picada.
Mientras el
resto de los partidos mantuvieron sus porcentajes electorales en el Estado de
México, el PAN con 11.29 por ciento de los votos (12.28 en la elección de
2011), y el PRD con 17.79 por ciento (18.96 por ciento en la elección de 2011),
fue el nuevo instituto político, Morena, quien, o ganó los votos de los nuevos
electores dado que en 2011 votaron en total 3 millones 785 mil 787 mexiquenses,
y en 2017 fueron a las urnas 5 millones 798 mil 557 ciudadanos, o le restó
sufragios al PRI, que obtuvo 36 por ciento menos votos que la elección anterior.
¿Qué perdemos si se confirma el
triunfo del PRI? Muchas cosas, particularmente, acceso a la información,
transparencia, denuncias penales, rendición de cuentas, estado de derecho,
legalidad y justicia.
Solo por el hecho de ser un gobierno de
continuismo priísta, en el cual Ervuiel Ávila cuidó al gobernador que lo
antecedió, Enrique Peña Nieto, y es de suponerse que Del Mazo cuidará a Ávila,
se espera que no haya investigaciones sobre lo que ocurrió, particularmente en
temas que han generado la sospecha y la preocupación.
Por ejemplo,
el Estado de México es la entidad con
más ejecutados. Al corte de los 50 meses de gobierno de Enrique Peña Nieto, en
México sucedieron (según el conteo de Semanario ZETA), 90 mil 694 ejecuciones,
de las cuales 11 mil 604, es decir el 12.79 por ciento, ocurrieron en el Estado
de México, catalogado como el más violento del País. ¿Qué pasó? ¿Quiénes los
mataron? ¿Dónde están los asesinos? ¿Cuáles cárteles concurren en esa entidad
oficialmente? ¿Dónde está la corrupción? No lo sabemos, y de continuar el mismo
partido, no lo sabremos.
Hace unos
días un investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE),
Leonardo Núñez González, explicó que, de
acuerdo con el resultado de la Auditoría Superior de la Federación, sobre el
ejercicio fiscal 2015, al Gobierno del Estado de México le fueron hechas
observaciones, de irregularidades que equivalen a unos 8 mil 98 millones de
pesos. En una entrevista concedida a este nuestro Sin embargo.mx por el investigador
Núñez, reflexionó que, de los dineros entregados por la federación a los
estados, éstos los “asigna” (las comillas son mías) el Congreso, pero que los
diputados ni revisan ni vigilan, “eso permite erogar recursos de los fondos sin
comprobarlos; los gobiernos gastan de manera arbitraria. El dinero se entrega a
las tesorerías de los estados, los cuales lo ejercen sin comprobar su
ejercicio. El control sobre el uso de los recursos se haber de manera
divergente”, refirió en relación a lo que sucede en el Edomex.
Aunque está
claro que de poco o nada sirven las auditorías de la Auditoría Superior de la
Federación para obligar a los gobernadores y a los congresos a transparentar el
uso de los recursos y conminarlos a la rendición de cuentas, un gobierno de continuismo le abona
opacidad a la crítica situación.
El Estado de México, a pesar de tener
un presupuesto anual aproximado de 1 billón 228 mil millones de pesos, ha
incrementado en los últimos años y de acuerdo con el Coneval, el número de
pobres en esa entidad. 49.6 por ciento de la población permanece en la pobreza, 20.2
por ciento de la población mexiquense no tiene acceso a alimentación, 58.9 por
ciento, que representan más de 9 millones de habitantes, tienen ingresos
inferiores a la línea de bienestar que el mismo Coneval ubica en los mil 821
pesos mensuales en el ámbito rural, y en 2 mil 822.69 pesos en el urbano, es
decir, que no se han creado empleos en el Estado de México, de calidad y bien
pagados, para sacar a su población de la pobreza o por lo menos mantenerlos en
la línea del bienestar ¿Cómo ha
sucedido esto con tanta inversión del gobierno federal en esa zona? ¿Qué clase
de inversiones privadas llegaron al Estado de México? ¿Cuáles fueron las
acciones de Desarrollo Social para combatir la pobreza en el Estado de México
en los últimos seis años que evidentemente no funcionaron? ¿En qué se invirtió
el recurso? Un gobierno de continuismo no solventaría nada de esas dudas, a
menos claro que sea la intención presidencial sacrificar a otro ex gobernador
priísta como parece ser el sello de la casa.
De confirmarse el triunfo del PRI en
el Estado de México, los mexiquenses y los mexicanos perderíamos muchas
oportunidades para saber cómo se gobierna una entidad con administraciones de
continuismo durante más de 80 años. Y ahí hasta el 2018 ya vemos cómo serán las cosas.
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