Sanjuana Martínez.
Mapachismo, compra de
votos, relleno de urnas, falsificación de actas, tergiversación de las cifras,
manipulación del padrón electoral, excesos en los topes de campaña, falsas
estadísticas del PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares y un sin
fin de irregularidades nos han confirmado que el fraude electoral sigue siendo
la practica avalada, aceptada y defendida por nefastas instituciones como el
Instituto Nacional Electoral (INE) o el IEEM (Instituto Electoral del Estado de
México).
A diferencia del pasado,
actualmente el fraude electoral en México es una práctica normalizada. Nada
pueden hacer los agraviados, nada pueden hacer los ciudadanos, solo denunciar,
exigir justicia, esperar sentados y resignarse.
Ese ha sido mi
experiencia desde que voté por primera vez. A mis 54 años nunca he vivido una
elección limpia. Y jamás he conocido ese que llaman elecciones libres,
democráticas y equitativas.
Mi experiencia después
de votar y me imagino que la de millones de mexicanos, siempre ha sido la de la
decepción y la certeza del atraco y del robo descarado de mi voto y el de
todos.
Desde que tengo uso de razón he sido testigo de la mercantilización
del voto, un derecho de los ciudadanos que se vende, remata y se ofrece al
mejor postor.
Y para muestra basta un botón: las elecciones del Estado de México que fueron un auténtico cochinero.
Ante la atenta mirada del INE y del IEEM hemos visto un fraude de estado, una
monumental estafa cometida con dolo y rapacidad.
Estamos hablando de la
creación de una estructura bien diseñada para escamotear la voluntad popular.
El nivel de mapacherías cometidas por el Partido Revolucionario Institucional
(PRI) en contubernio con el INE y el IEEM es tan nauseabundo y repugnante, que
resulta imposible narrarlo uno por uno sin vomitar por el malestar que produce
tanta vileza y rufianería oficial.
El descaro es tal, que
ya ni siquiera los funcionarios y directores del INE y el IEEM se muestran
preocupados ante la exhibida del estrepitoso fracaso del sistema electoral que
integran.
Contra la voluntad
popular y la evidenciad del fraude electoral, finalmente el INE y el IEEM
declararon ganador al candidato oficialista Alfredo del Mazo, máximo
representante del Grupo Atlacomulco. Fue una designación de facto por encima de
la ley.
Según el IEEM, un total 2,048,322 (33.69 por ciento) votaron
por el candidato Alfredo del Mazo y 1,879,376 (30.81 por ciento) por la
candidata de Morena, Delfina Gómez. El
problema es que estas cifras son inciertas, porque no tenemos la certeza de
nada.
Sin embargo, con los 4 mil 19 paquetes electorales del Edomex
abiertos, pudimos comprobar la escandalosa manipulación de las cifras a favor
de Del Mazo. Y se pudo confirmar que el PREP es un desastre, un auténtico
adefesio institucional que sirve solo para satisfacer los intereses del partido
en el poder. Entre las cifras del PREP y el último corte del cómputo, existe
una diferencia nada más y nada menos que de 281,002 nuevos votos. De ese total,
92,414 son votos fueron para la maestra Delfina Gómez y un total de 92,975 para
del Mazo. Y en el cómputo final de los 45 distritos electorales hay una
diferencia de solo 168 mil 899 sufragios a favor de Del Mazo.
¿Realmente esos fueron votos para Del Mazo o son votos
trapicheados a través de la compra indiscriminada de sufragios que hizo el PRI
o bien a través de la manipulación descarada de las cifras en las actas y en el
conteo rudimentario que tenemos?
Decir que Del Mazo ganó la elección, es igual a decir que el PRI con Peña Nieto en Los Pinos lo impuso
como virtual gobernador del Estado de México, donde por cierto no ha habido
alternancia.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es igual a decir que a pesar de las pruebas de fraude, “haiga sido
como haiga sido”, será gobernador, un gobernador espurio, claro.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es igual a decir que el IEEM rechazó que se abrieran las 18 mil 605
porque sabe que hay cientos de irregularidades.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es no querer reconocer que tan solo en cinco distritos electorales, el
PRI se adjudicó 400 mil votos de manera absolutamente irregular a través del
relleno de urnas y la muy vergonzosa falsificación de actas.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es confirmar que el cúmulo de despropósitos a la hora de ir descubriendo
las trampas y tropelías institucionales del presidente del INE, Lorenzo Córdova
y el presidente del IEEM, Pedro Zamudio Godínez, contra la voluntad popular.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es confirmar que nuestro sistema electoral es un fiasco y nuestra
democracia una cuasi democracia donde no existe la certeza en los resultados
electorales a pesar de tener un sistema carísimo.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es comprobar que la mayor parte de los medios de comunicación ya ni
siquiera lo consideran noticia porque prefieren ignorar las pruebas del fraude
electoral para seguir recibiendo las prebendas del estado.
Decir que Del Mazo ganó la elección, es confirmar que tendremos nuevamente un gobernador ilegítimo en
México, un nuevo espurio en el poder.
Pero por favor, no
llamen democracia a esto, ni tampoco a este ejercicio de simulación, lo definan
como “elecciones limpias y libres”. Estamos ante un fraude electoral, un fraude
de Estado que nadie, ni siquiera la maquinaria de partido y del Estado, que es
la misma, podrán maquillar.
Y parece que es
políticamente incorrecto exhibir las pruebas del fraude electoral, pero hay que
seguir alzando la voz. Hay que exigir anular las elecciones del Estado de
México y las de Coahuila y las de todos los estados donde se registraron
decenas de irregularidades. Hay que anular elecciones, volver a convocarlas y
volver a convocarlas cuantas veces sea necesario, hasta que, por fin tengamos
unas elecciones verdaderamente limpias, esperando que tal vez las vean nuestros nietos o bisnietos.
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