Jorge Zepeda Patterson.
Una cosa deja en claro
las elecciones del Edomex el domingo pasado. Bueno, varias, pero una que atañe
centralmente a la llamada izquierda: será difícil que alcance el poder en 2018
si se presenta dividida. Nadie tiene dudas de que tras doce años de gobierno
panistas y un repudiado regreso del PRI (los niveles de desaprobación del
Gobierno de Peña Nieto son históricos), ha llegado el momento de la izquierda.
Casi hasta por razones pendulares, los votantes parecerían dispuestos a optar
por lo que aún no han probado, a la luz de los problemas que vive el país.
Las elecciones del domingo lo confirman. El PRI sólo obtuvo
un tercio de los votos en su propio terruño, mientras que Morena y el PRD
alcanzaron sumados casi el 50 por ciento. En otras condiciones estas fuerzas
hubieran arrasado en el bastión mismo de Peña Nieto y de la fracción que
gobierna el país. Y, sin embargo, como todos sabemos, el partido en el poder se
llevará la gubernatura gracias tanto a sus alianzas (PRI por sí mismo solo
obtuvo 29.8 por ciento), como a la fragmentación de sus rivales (Morena 31.8
por ciento, PRD 17.8).
Frente a la imposibilidad de llegar a un acuerdo, López
Obrador optó por denostar al PRD y a su candidato para mostrar al elector el
papel de palero favorable al PRI que ese partido estaba haciendo. Obviamente la
estrategia falló. Lejos de disuadir a los ciudadanos, muchos de ellos se
enteraron de quién era Juan Zepeda, el candidato del amarillo, y este aprovechó
muy bien sus quince minutos de celebridad. La moraleja es evidente, por más que
Morena intente descalificar al PRD y convoque a un voto útil, en la medida en
que este partido presente un candidato carismático, obtendrá un porcentaje
importante.
Cabe entonces preguntarse cómo se conducirán las dos fuerzas,
de aquí a fin de año, cuando los partidos deban tomar decisiones fundamentales
sobre alianzas y candidatos.
Alejandra Barrales fue la primera en definir los criterios,
urgida como estaba de legitimar el papel de su partido en el triunfo del PRI.
En pocas palabras dijo que lo que había sucedido era el resultado de la
incapacidad de la izquierda para concertar una alianza, pero que tendrían que
redoblar esfuerzos para alcanzar un frente común de cara a los comicios
presidenciales del próximo año. Una invitación abierta a sentarse con Morena.
Sin embargo, inmediatamente soltó una amenaza velada: de no conseguirse podían
ir solos o incluso en alianza con el PAN, al que calificó como un digno partido
de oposición. En plata pura: “si Morena no negocia, el próximo año volvemos a
hacer el numerito”.
El problema es que “el
numerito” (la expresión es mía, no de ella) equivale en la práctica a
convertirse en aliado del PRI sin necesidad de decirlo. Eso significa que para
el PRD ha llegado el momento de las decisiones existenciales. Los dirigentes
pueden hacerse multimillonarios jugando a convertirse en el nuevo PVME,
vendiendo caro su amor al PRI.
Pero también pueden optar por enfundarse en el papel de un
partido socialdemócrata moderno, cuya agenda no necesariamente coincide con la
de López Obrador y su Morena, pero enmarcado dentro de la izquierda. En el
mejor de los casos, si Morena también ha aprendido la lección, podrían ambas
fuerzas negociar el apoyo al candidato mejor colocado (que obviamente sería
López Obrador dadas las tendencias), a cambio de que este incorpore banderas de
la agenda socialdemócrata y posiciones puntuales en el futuro gabinete. Es
decir, lo que hacen en otros países las fuerzas políticas que resultan afines,
por encima de sus matices y diferencias.
En el peor de lo casos,
si no se llega a ningún acuerdo, el PRD tendrá que decidir si opta por hacer
ganar al PRI o a Morena. En su conferencia de prensa, Barrales dijo que con tal
de sacar al PRI del poder su partido está dispuesto a ir en alianza con el PAN.
Y uno no puedo dejar
de pensar que si querían sacar al PRI del poder en el Edomex no tenían que ir
tan lejos, habría bastado con apoyar a Delfina Gómez, candidata de Morena. Con
lo cual queda la sensación que más que un asunto de convicciones se trata de
uno de conveniencias y cotizaciones. El mismo dilema volverá a presentarse
dentro de unos meses, aunque esta vez en la madre de todas las batallas.
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