
Juan Omar Ramírez Villegas, sobrino
nieto del panista Elías Villegas Torres, empresario, ex diputado federal,
consejero de gobernadores e influyente miembro del Partido Acción Nacional
(PAN) en Guanajuato, es señalado por numerosos testigos oculares de ser el
responsable del asesinato de Cristian Omar González, guardia de seguridad del
bar Mosquito, la madrugada del domingo 28 de mayo.
El motivo: una reacción colérica por haberlo corrido
del bar donde se divertía con dos amigos, tras causar un problema en dicho
establecimiento. El joven Villegas se hizo de un arma tras su expulsión del
antro y disparó caóticamente hacia el establecimiento. El error de Cristian, un
guardia con 20 años de experiencia y una trayectoria impecable, fue tratar de
desarmarlo.
No obstante que Juan Omar fue reconocido desde el
primer momento e identificado ante la policía preventiva y los agentes
ministeriales, la Procuraduría General de Justicia del Estado ha reservado toda
información relativa a los generales del presunto homicida, incluso a la
familia de la víctima. El hermetismo de la autoridad ha sido total en cuanto a
ese punto.
A más de una semana de los hechos, ni
siquiera se ha emitido una orden de aprehensión. A la familia únicamente se le
informó que el presunto responsable” estaba identificado”. Sin embargo, extrañamente, el agente del Ministerio Público les inquirió “si estaban
de acuerdo en que prosiguiera la investigación”, cuando se trata de un crimen
perseguido por oficio de ley.
A los allegados a la víctima, se les
ha dicho que ya está identificado el presunto responsable pero no les dijeron
quién era.
No obstante,
una versión establece que se estaría
encubriendo a Juan Omar Ramírez Villegas, con la hipótesis de que la muerte del
guardia se derivó de un ataque de un grupo delincuencial.
Conocidos de
Cristian Omar, en su entorno laboral y personal, lo señalan como una persona
trabajadora y honesta.
Hace apenas
unos 10 meses que entró a trabajar como guardia en el Mosquito y era
considerado un buen elemento. Su experiencia, en centros nocturnos, conciertos
y lugares de diversión, como experto en seguridad, era de más de 20 años,
reconocido por sus compañeros de trabajo, como un hombre recto.
Sus familiares también están
destrozados por lo que pasó y rechazan que estuviera en malos pasos.
LO ARREGLAN
A BALAZOS.
A las tres de la mañana del domingo
28 de mayo, el cuerpo sin vida de Cristian Omar González se encontraba en la
sala de urgencias del Hospital General Regional, con impactos de bala,
penetrantes de cráneo y perforantes de cuello, según el dictamen de necropsia.
Momentos
antes, Cristian Omar, de 34 años, se encontraba trabajando en el bar Mosquito
donde se desempeñaba como guardia de seguridad.
De acuerdo
con diversos testimonios, en una de las
mesas VIP, se encontraban tres jóvenes, entre ellos Juan Omar Ramírez Villegas.
Los otros dos no han sido identificados, uno de ellos se dice podría ser
escolta o guarura.
Juan Omar habría tenido un
comportamiento que molestó a otros clientes del establecimiento, al salpicarlos
de champaña, por lo que habría sido advertido en un primer momento.
Una segunda llamada de atención por
el mismo motivo provocó una discusión con los guardias del establecimiento así
como empujones, lo que orilló a que fueran expulsados del lugar, en medio de
insultos y afirmaciones de que “no sabían con quién se estaban metiendo”.
Al ser
desalojados a través de una salida de emergencia lateral del local, Juan Omar
Ramírez y sus acompañantes fueron acompañados por media docena de elementos de
seguridad hacia la entrada del establecimiento. El tercer acompañante no identificado había realizado llamadas, por lo
que ya los esperaban en una camioneta de lujo, una Audi o Porsche Cayenne,
según las declaraciones de los testigos en sus testimoniales.
Según esta
hipótesis, tras reunirse con las
personas que llegaron por ellos, Juan Omar fue habilitado con un arma de fuego,
regresó hacia la entrada del estacionamiento y en ese momento realizó disparos
hacia el interior sin apuntar contra nadie en particular, afectando varios
vehículos.
Los guardias se lanzaron al piso y se
escondieron entre los autos, excepto Cristian Omar González quien aparentemente
trató de desarmar al agresor. En el intento recibió un primer disparo y cayó al
piso; ahí Juan Omar, a sangre fría, habría hecho otras detonaciones que
impactaron en la cabeza del guardia.
Se presume
que otro de los acompañantes realizó disparos con una segunda arma, cuyos
casquillos fueron analizados por los servicios periciales de la PGJE.
Juan Omar no habría llegado hasta la
camioneta en la que arribó originalmente, una Ford Lobo, que había sido
estacionada en un lugar cercano por el valet parking. Sin embargo, el vehículo
no fue asegurado oportunamente y por la mañana ya había desaparecido.
Adentro del bar dejó un bolso de piel
con el talón del valet.
Cristian
Omar murió durante el traslado al Hospital General Regional.
Según lo declarado por testigos, la
policía municipal llegó a los 5 minutos, tras los disparos; mientras que la
Policía Ministerial hizo su arribo 40 minutos después. A ambas autoridades se le
proporcionó la información relativa al presunto homicida.
Se les dijo que eran cliente conocido
y que ya había estado en varias ocasiones en ese bar.
De acuerdo
con la información proporcionada a los medios de comunicación el lunes 29 de
mayo, por parte de Jesús Aguilera, director de fiscales investigadores de la Subprocuraduría
de Justicia en León, la primera línea de investigación en el ataque al guardia
es que fue consecuencia del altercado en el interior del bar, donde
intervinieron varios guardias para retirar a un grupo de personas.
“De este
muchacho, ya de la información que se complementó, tenemos que primeramente se
suscitó un altercado en el interior del bar, intervienen los guardias de
seguridad, sacan a determinadas personas que estaban involucradas en ese
conflicto, y ya en la parte de afuera es cuando directamente la agresión al
guardia”, señaló en esa ocasión Jesús Aguilera, funcionario de la Procuraduría.
Informó que
contaban con datos que les permiten avanzar en buena forma en la investigación.
El propio
funcionario reveló que en la escena del crimen se localizaron casquillos de dos
calibres diferentes.
La hipótesis
de la Procuraduría es que primeramente se da la agresión contra el guardia y
posteriormente se hacen más detonaciones por parte de otra persona, resultando
varios vehículos con daños.
En medios de
la localidad, como el diario Correo, se documentaron los daños a varios
vehículos.
Los autos
dañados fueron una Escalade gris, una Cherokee, un BMW negro, un Beetle y una
GMC Sierra, cuyos propietarios no presentaron denuncias por los daños. Al menos
no lo hicieron hasta el miércoles 31 de mayo.
Los hechos
se registraron a las 2:30 de la mañana del domingo, a pocos minutos de que el
antro ubicado en el número 86-A del bulevar Campestre, de la colonia Casa
Blanca, cerrara sus puertas.
Algunos de
los asistentes corrieron al interior del bar para protegerse. Al llegar los
preventivos se impidió la salida de los comensales por un lapso prolongado.
FAMILIARES;
ABATIDOS
Cristian Omar es recordado como una
persona trabajadora y honesta.
Tenía dos hijos, Ariadne de 10 y
Cristian de 13 años, y un bebé que viene en camino.
“Cristian no
estaba en malos pasos, sabíamos que su trabajo implica riesgos por ser guardia
de seguridad, pero de eso a que anduviera haciendo cosas indebidas no es así”,
dijo uno de sus familiares.
Agregó que
Cristian mandó hacer un colado en la casa de su mamá, en un balcón y que había
fines de semana en que pedía apoyo a sus familiares para completar el pago de
los albañiles.
“Vivimos al
día, si él estuviera metido en otra cosa luego luego se vería, pero no es así,
eso me queda muy claro, era una persona trabajadora”, agregó.
Sobre los hechos, comentó que a uno
de sus familiares le informaron en la Procuraduría de Justicia que ya sabían
quién lo mató.
Incluso, refirió que les preguntaron
si estaban de acuerdo en que siguiera la investigación, a lo que dijeron que
sí, situación que resulta inverosímil porque estos delitos se persiguen de
oficio.
“Nosotros
confiamos en que se haga justicia”, apuntó.
Un compañero
de su trabajo dijo que Cristian Omar era un buen tipo.
Pese a que
los empleados recibieron la orden de no hablar con nadie sobre lo sucedido, uno
de ellos accedió a platicar de forma breve sobre Cristian.
“Era buena
onda el chavo, no tenía problemas con nadie, él se enfocaba en su trabajo y
nada más, en el trabajo era una persona seria”, comentó.
Dijo
desconocer lo que ocurrió porque no fue testigo y que de las personas a quienes
se señala, nos las ubica como clientes asiduos.
La noche del
asesinato, el bar estaba lleno.
Recordó que,
a algunos de sus compañeros, Cristian les platicó que su esposa estaba
embarazada y que estaba muy contento por ese motivo, con muchas ganas de salir
adelante.
“Son cosas
que no se pueden entender que pasen”, puntualizó.
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