En 1979, hace 38 años, se inauguró en
Salina Cruz, Oaxaca, la refinería Antonio Dovalí Jaime. Se requirieron 600
hectáreas para construir el proyecto que ayudaría a cubrir la demanda de
productos petrolíferos a nivel nacional. Y funcionó. Se levantó y se posicionó
como una de las más importantes a nivel nacional e internacional en la
exportación de crudos y destilados.
En
consecuencia, Salina Cruz, localidad que forma parte de la región del Istmo de
Tehuantepec, proyectó su desarrollo alrededor de las actividades que se
desprendieron de la refinería.
Actualmente esa zona de Oaxaca
enfrenta varias problemáticas: la principal y más reciente es la constante
pugna que libran los pobladores en contra de la instalación de parques eólicos;
muchas empresas extranjeras quieren estar ahí, donde el nivel del viento es de
7, mientras que en el resto del mundo es de 5.
Salina Cruz tiene aire, mar, selva, tierra para
agricultura, pero hizo del petróleo su modo de subsistencia. Es una zona a la
que cientos de familias mexicanos llegaron de otros lados para trabajar en
Petróleos Mexicanos (Pemex); había una idea generalizada en las comunidades
vecinas que trabajar para la entonces paraestatal era un soporte laboral que
significaría un trabajo pesado, sí, pero también seguridad en el salario y
estabilidad.
Todo eso cambió.
Para llegar
a Salina Cruz se pueden tomar dos vías: una por tierra y otra por aire, en un
avión que sale y regresa de Ixtepec cada dos días. Viaja gente de la región,
pero en su mayoría trabajadores de Pemex, que son también los que llenan los
pocos hoteles que hay en la vía rumbo a la refinería Antonio Dovalí Jaime,
llamada así en honor del ingeniero zacatecano que fue director de la Facultad
de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), director
del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y también director general de Pemex
(1970-1976), entre otros cargos.
Las
actividades económicas visibles en los caminos verdes y terrenos donde se
construyen cientos de casas Geo, son el comercio, tiendas departamentales y la agricultura.
En la
refinería las actividades comienzan desde las 7 de la mañana y a lo largo del
día no dejan de salir camiones de Nicsol, Grupo Tara, Alimsa o Semideg. Algunos
trabajadores llegan en las camionetas que Pemex dispone para traerlos desde distintos
puntos. Otros llegan en los camiones que van a “La Refi”.
De acuerdo con Pemex, la refinería
Antonio Dovalí Jaime es la más grande del sistema petrolero de refinación, con
una capacidad de procesar 330 mil barriles por día. Ahí llega el petróleo crudo
de Tabasco, Chiapas y de la Sonda de Campeche; de la estación de Nuevo Teapa,
Veracruz, arriba a través de dos oleoductos de 30 y 48 pulgadas de diámetro.
Ahí es almacenado en tanques de 100, 200 y 500 mil barriles.
En lo que
respecta al manejo de hidrocarburos, la refinería tiene una capacidad de 14
millones de barriles en 125 tanques que almacenan materias primas como el crudo
Istmo, el crudo Maya, algunas mezclas, etanol, 39 productos como gasolina
primaria, slip, queroseno, turbosina, diesel, aceite cíclico ligero, gasóleos,
propileno, gas LPG, gasolina Pemex magna, diesel desulfuruado, combustóleo y
otros productos.
Los productos se distribuyen a través
de la Terminal de Ventas Terrestre, también localizada en Salina Cruz. Ahí se
abastece la zona de Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco, Yucatán, la Ciudad de
México y otras regiones ubicadas en el litoral del Pacífico mexicano.
Y con la
carga de esas múltiples tareas, hace
unas semanas, el pasado 15 de junio, la refinería, que en esos momentos estaba
inundada por las intensas lluvias, se incendió. Días antes, un grupo de
trabajadores bloqueó la entrada por un día entero. Pemex dijo que ese acto le
había costado 50 millones de pesos, pero si los trabajadores la cerraron fue
para reclamar un adeudo que calculan en 2.5 millones de pesos.
Esas personas trabajaron en 2015 para
la empresa Siglo XXI, filial de Grupo ICA, en el recubrimiento de ductos, y
Siglo XXI trabajó para Pemex. Ya cerca del final del proyecto, los
trabajadores, en su mayoría habitantes de zonas aledañas, dejaron de obtener su
salario y al término no recibieron finiquito.
Al inicio, Siglo XXI no dijo ni una sola palabra, ni
respondió ni atendió llamadas ni visitas. En su desesperación, los trabajadores
fueron a Pemex, que respondió que con ellos no había ningún contrato; es decir,
ninguna responsabilidad.
PEMEX Y LA
SUBCONTRATACIÓN.
La Unidad de
Datos de SinEmbargo realizó 210 solicitudes de información a Pemex y a cada una
las filiales disponibles en la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT), con el objetivo de conocer los números y la
regulación que tiene la paraestatal sobre la subcontratación. El resultado,
derivado de sólo 75 respuestas [el 35.7 por ciento de efectividad], muestra una
legislación abierta que deja espacios a malas prácticas.
Eso fue lo
que ocurrió con 163 trabajadores originarios de localidades vecinas de Salina
Cruz, Oaxaca.
Miembros de
la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas Petroleros (UNTPP) y el doctor
Enrique Larios Díaz, presidente del Colegio de Profesores de Derecho del
Trabajo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coinciden en que Pemex entró a la dinámica
laboral de empresas que se concentran únicamente en las ganancias y en los
beneficios, mucho de eso a costa del trabajo y el esfuerzo de las personas.
“Pemex entró a la dinámica. Ha tenido
cambios y ha modificado su estructura para estar en un ambiente mercantilizado,
olvidándose que es una empresa que debe prestar servicios y atención a la
ciudadanía y a sus propios trabajadores. Esa idea se perdió; ya no es una
empresa para el beneficio del Estado mexicano […] A eso han reducido la figura
del trabajador petrolero en México contrario a todo lo que se estipule. Eso es
lo que hacen las empresas, tratando de sacar los mejores beneficios aun a costa
de los derechos de los trabajadores y su protección”, comentó Larios Díaz.
El sindicato
de técnicos y profesionistas considera que el problema se ha agudizado luego de
la aprobación de la Reforma Energética en 2013, que busca, entre otras cosas,
eliminar el monopolio de Pemex en el sector. Eso comentaron dos miembros de esa
agrupación en entrevista con este diario digital. La Reforma, dijeron, ha
permitido que la iniciativa privada encuentre los espacios para poder llegar
con sus talleres y su gente a muchos sectores.
“Antes de la Reforma, y por seguridad
nacional, Pemex mantenía el control de todos los datos de producción,
exploración. Entonces se subcontrataba a otros para hacer labores que Pemex no
debía ni podía hacer, como el mantenimiento o las reparaciones de equipos
pesados. Poco a poco la iniciativa privada fue haciendo sus talleres, se iba
equipando. Con el tiempo empezamos a ver que la situación laboral de nosotros,
como técnicos, iba en picada, porque empezaron a quitar turnos. No estuvimos de
acuerdo porque sabemos que el objetivo era ir desmantelando la industria
quitando fuentes de trabajo”, comentó el ingeniero Moisés Flores Salmerón.
La
inconformidad de los trabajadores de Pemex agregó, es porque en el esquema de recorte de puestos de trabajos se está
prescindiendo de técnicos y profesionistas que la industria debe tener, gente
más operativa y no muchos administrativos.
“Quitaron a la gente que hace los
trabajos, la que va al campo. Es ilógico. Pero eso sí, empezaron a hacer
contrataciones a nivel administrativo. La nómina no baja, al contrario. Lo que
tratan de hacer es que Pemex se dedique única y exclusivamente a administrar
los contratos.
¿Cuánta gente trabaja para Pemex a través de otras empresas? Ya casi el 50 por ciento del total de los
empleados, si es que no son más. Todo a través de contratos outsourcing y eso
es lo más triste para nosotros, porque esas personas ya no tienen ni seguro, ni
pensión, ni jubilación. De todas las prestaciones que deben tener ya no habrá
ninguna”, sostuvo.
Eso es a lo
que se enfrentan los trabajadores en Salina Cruz, Oaxaca.
El
arquitecto Carlos Ramos Sosa trabajó como supervisor de obras durante la
ejecución del recubrimiento de ductos, efectuado bajo el contrato de la empresa
Siglo XXI. Los trabajos se ejecutaron de Nuevo Teapa a Salina Cruz entre 2014 y
2015.
Dos años
después, Carlos trabaja ya en obras particulares y otros de sus compañeros se
ocupan de la colocación de postes desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la
noche; otros, migraron a Estados Unidos.
“Trabajamos cuatro meses en los
recubrimientos, pero ya en la recta final del proyecto Siglo XXI desconoció los
pagos por el proceso de transición de Pemex Refinación a Pemex Logística. Nos
dijeron que en esa transición la paraestatal se había quedado corta de
presupuesto. Nosotros aceptamos esa versión y por eso estuvimos esperando. Paso
más de un año y aún no nos daban respuesta. Volvimos a exigir a Siglo XXI, pero
nos seguían diciendo lo mismo: que no había presupuesto y que a ellos tampoco
les habían pagado y que por eso no podían liquidarnos”.
Cuenta que fueron semanas sin obtener
ingresos, y cuando entregaron la obra tampoco hubo finiquito y compensación.
Los trabajos se ejecutaron en tiempo
y forma, con toda la documentación entregada y las normas que Pemex exige, y la
empresa Siglo XXI firmó una carta de aceptación de los trabajos.
Ramos Sosa
agregó que en varias ocasiones se buscó
el apoyo de Pemex para solucionar el problema, pero no se obtuvo ninguna
respuesta favorable, al contrario.
“Prácticamente ellos [Pemex] se
deslindaron de todo. Decían que ellos no tenían ninguna responsabilidad, que
sólo la tenía Siglo XXI. Que este problema se tenía que arreglar con ellos, que
Pemex no tenía nada qué ver ahí. Ante esta respuesta los trabajadores empezamos
a ejercer presión y bloqueamos los accesos a la central de la refinería. Sólo
de esta manera se logró llegar a un acuerdo que se hizo hace tres meses”, explicó.
De acuerdo
con Angelino López Cortés, dirigente de la Unión Campesina Obrera de Oaxaca
(UCCO), los trabajadores de Santa María Xadani, de la colonia Álvaro Obregón y
Huilotepec, buscaron la manera cómo cobrar el adeudo que la compañía Siglo XXI
tiene con ellos. Además de las protestas en calle, trabajaron en la elaboración
de una carpeta que tiene el expediente completo de la obra que hicieron para
Pemex a través de la licitación que ganó Siglo XXI.
Angelino considera que los 2.5
millones que les deben a los trabajadores es una cantidad irrisoria para Pemex
y Siglo XXI, pero para los 163 trabajadores y para quien los contrató –Abraham
López Jiménez– no lo es.
“López Jiménez concursó para ser
contratado por la compañía Siglo XXI y ganó esa licitación. Contrató a su vez a
sus paisanos y a los trabajadores de la región. En agosto de 2015 recibieron el
último de la compañía Siglo XXI. Las dos facturas de septiembre ya no se les
depositaron, la compañía tenía aquí una representación,
la levantó y se trasladaron a sus oficinas de Naucalpan, en el Estado de
México. Se fueron y se olvidaron de los trabajadores de aquí y del pago de los
dos meses anteriores. El monto asciende a 2.5 millones de pesos”, reiteró
en entrevista con SinEmbargo.
Ya con el acompañamiento de la UCCO,
los trabajadores llegaron hasta las oficinas de Siglo XXI en Naucalpan, pero no
fueron recibidos. Las llamadas que hicieron a dos personas responsables
directas de la compañía –el ingeniero Miguel Ángel Compeán, que es coordinador
de Proyectos de Siglo XXI, y Ronald Buendía Miranda, que es superintendente de
Construcción, con quienes se tenía contacto directo–, no fueron respondidas.
Entonces se
trasladaron a Pemex a plantear su reclamo.
“Le
expusimos el adeudo que la compañía tiene con los trabajadores. Es muy básico:
si yo quiero limpiar mi jardín le pido a mi trabajador que lo haga, pero él no
sabe de jardinería. Entonces le resulta mejor contratar a alguien que sí sabe
hacerlo; lo hace y me entrega a mí los trabajos. Yo le pago, pero el que hizo
la chamba no recibió nada. Eso fue lo que nos sucedió y fuimos a Pemex por la
sencilla razón de que los trabajos se hicieron en su jardín. Los recubrimientos
fueron en sus ductos”, explicó.
Luego de
respuestas vagas, el jueves 23 de marzo de este año los trabajadores afectados
bloquearon la entrada de la refinería Antonio Dovalí Jaime para exigir a Pemex que actuara como intermediario ante el reclamo de
que sus trabajadores habían fallado. Pemex accedió y se organizaron mesas de
trabajo en las oficinas de la Ciudad de México, en la que estuvieron presentes
López Jiménez y gente de Siglo XXI.
Luego de que Pemex desconoció la
obra, Siglo XXI admitió que Pemex, de entrada, no pagó y luego, otra vez, esa
empresa se desapareció. Organizaron de nueva cuenta un bloqueo en la refinería
y respondieron con otras mesas de trabajo que se realizaron en Salina Cruz
“para evitar la inestabilidad”.
Con
expediente en mano, Pemex le exigió a la compañía demostrar físicamente la
realización de las obras. Luego se reunieron en Pemex Ductos donde sacaron una
cuadrilla y abrieron los ductos para verificar que el recubrimiento estaba ahí.
Y sí, ahí estaba.
“Los
pequeños empresarios, los paisanos, todos los istmeños, son muy nobles. Somos
gente de trabajo. Abraham finiquitó a los trabajadores, no esperó a que la
compañía depositara para pagarles porque son sus paisanos. No le puedes deber
al vecino. No pudo liquidarlos a todos y cuando llama a los 163 trabajadores,
van también sus esposas o hijos. Los trabajadores de Santa María Xadani son muy
dados a ir al norte del país, a la cosecha de tomate, de fresa. Entonces una
buena cantidad de trabajadores no están acá, pero sus esposas van y están
pendientes del caso, a pesar de que han dado fechas que pasan y no cumplen. Ya
son casi dos años”, lamentó López Cortés.
LA LEY QUE
SALVA A PEMEX.
En medio del peregrinar de los
trabajadores istmeños, Angelino contó que en una de las últimas reuniones con
Pemex, le negaron que la subcontratación fuera cierta porque el contrato no lo
estipula; sin embargo, las respuestas obtenidas de Pemex al respecto muestran
una legislación blanda al respecto.
De acuerdo
con las Disposiciones Administrativas de Contratación en Materia de
Adquisiciones, Arrendamientos, Obras y Servicios de las Actividades Sustantivas
de Carácter Productivo de Petróleos Mexicanos y Organismos Subsidiarios, no hay una reglamentación general, por lo
que en cada caso y con cada contrato las subcontrataciones quedarían
establecidas según la circunstancia.
El Artículo
64 menciona que “[d]e no haberse
previsto actividades o conceptos objeto de subcontratación desde las bases de
licitación o invitación restringida, previo análisis y autorización de la
Administradora del Proyecto, los Proveedores y Contratistas podrán subcontratar
actividades o conceptos durante la ejecución del contrato, asegurando en todo
momento las capacidades requeridas para el cumplimiento del objeto del
contrato. En todos los casos de subcontratación, el contrato establecerá que el
Proveedor o Contratista será el responsable de las obligaciones del contrato.
Lo anterior, sin perjuicio de la obligación del Proveedor o Contratista de
cumplir el grado de contenido nacional al que se comprometió en su propuesta”.
Por ejemplo,
en el caso de los trabajadores de Oaxaca
no queda claro quién fue el que dejó de pagar primero: si Pemex o la empresa
que subcontrató, además de que la ahora Empresa Productiva del Estado no
explicó si efectivamente se quedó sin dinero en el tiempo de su transición.
El Artículo
57 agrega que “[d]ependiendo de la
naturaleza de los trabajos, arrendamientos, bienes o servicios, los contratos
podrán incluir” aspectos como “subcontrataciones” (inciso “u”).
Finalmente,
el Artículo 81 aclara en su inciso “I”
que los contratos en materia de exploración y producción deberán contener una
disposición en la que se establezca que “[e]l contratista en ningún caso podrá
subcontratar la dirección de las actividades objeto del contrato”.
Aunque existen leyes que permiten la
figura de la subcontratación, los mismos lineamientos de Petróleos Mexicanos y
sus filiales las deslindan de toda responsabilidad para con los trabajadores
subcontratados. En
todo caso, el denominado “arrendador –que es la empresa contratada por Pemex,
que asimismo subcontrata– es completamente responsable” por todos los trabajos,
actos, omisiones y faltas de todos los Subcontratistas como si se tratara de
trabajos, actos u omisiones generados por el mismo Arrendador. Esa
responsabilidad se encuentra establecida en la cláusula denominada
“Subcontratación” de cada uno de los contratos celebrados por Pemex Perforación
y Servicios” (sic), plantea el oficio PPS-SIPDN-GSTAC-240-2017, emitido por
Pemex Perforación y Servicios. En cuanto a las garantías, las respuestas fueron
escasas, pero mencionan que sí existen procedimientos de auditoría.
Pemex otorgó información poco
contundente sobre los mecanismos utilizados para garantizar la consecución de
los servicios contratados. Casi en todos los casos la respuesta, más que una
explicación formal, se limitó a la argumentación legal. En el caso de la Unidad
de Responsabilidades, las respuestas fueron nulas.
De acuerdo
con Pemex Perforación y Servicios –en su oficio PPS-SIPDN-GSTAC-243-2017–,
“[n]o existe mecanismo para determinar las empresas que pueden ser
subcontratadas, sin embargo, en el contrato se establecen los servicios que
pueden ser subcontratados así como la experiencia que deben cumplir las
empresas propuestas como subcontratistas (sic)”.
Tampoco existe obligación por parte
de Pemex y sus filiales de tener información disponible acerca de las empresas
subcontratadas, aunque si hay artículos legales que establecen mecanismos de
auditoría para asegurarse de que los servicios llegarán a término, según lo estipulado en la relación
contractual y por lo tanto desconoce cuántos trabajadores subcontratados operan
en sus obras o en las de sus filiales; en algunos casos, las filiales
demostraron llevar un control de las empresas subcontratadas –la mayoría no
ofreció datos al respecto.
Tampoco se obtuvo respuesta acerca de
los procedimientos de la Unidad de Responsabilidades para detectar e investigar
casos de corrupción, así como de conflicto de intereses cuando se contratan y
subcontratan empresas.
“Indudablemente
que entrar a trabajar a una empresa de ese tamaño les da a los trabajadores la
ilusión de que van a laborar en un lugar en el que tendrán estabilidad y
prestaciones y servicios. Pero la
realidad de este mundo es que no es así: las compañías como Pemex están tomando
una cara de empresas mercantiles que tratan de tener la máxima producción a
bajos costos.
Las empresas como Pemex sólo buscan
el máximo beneficio a costa de los trabajadores, de la vida de los
trabajadores, de su esfuerzo. No les importa dejarlos sin salarios, aunque ya
hayan recibido su trabajo. Es el ciclo del neoliberalismo
que nos está perjudicando. Entramos a una situación de empresas cínicas que se
roban hasta los salarios de los trabajadores. Eso es lo que hacen”,
concluyó el doctor Larios Díaz.

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