Centros sin
concluir.
Las personas
que habitan en zonas agrícolas y serranas de Sinaloa carecen de unidades
médicas funcionales, en las que puedan acudir a consulta con su médico
familiar.
Ernesto Echeverría Aispuro dejó la
Secretaría de Salud y la Dirección de los Servicios de Salud de Sinaloa sin
cumplir su compromiso de entregar los centros médicos concluidos y en
operaciones.
Las unidades médicas de la comunidad
Valle Escondido, en Culiacán; Escamilla, en Mazatlán; El Palmito y Agua
Caliente de Gárate, en Concordia; así como en la Cruz de Elota, son obras
inconclusas: son cimientos de piso, paredes y techo que no tienen ventanas, ni
luz eléctrica, ni drenaje.
El centro de Badiraguato es un
“cascarón”, un edificio que no opera, que no está equipado.
Como también
el concluido en la colonia La Amistad, en Culiacán. Está el edificio blanco,
con cristales polarizados y con cadenas y candados que impide el acceso a los
derechohabientes del programa Prospera porque no hay consultorios, equipamiento
ni médicos que ofrezcan atención médica.
Para edificar estas obras, en 2015 y
2016, Echeverría Aispuro contrató a la red de empresas constructoras
relacionadas con su socio Luis Javier Salido Artola, quien lo apadrinó como
Secretario de Salud en el Gabinete del exgobernador Mario López Valdez.
Javier
Salido junto con su padre, Ildefonso Salido Ibarra, su madre María del Pilar
Artola Sada y su hermana María Pilar, poseen empresas en los ramos de la construcción,
bienes raíces, educación, salud, medios de comunicación, imprenta y publicidad.
Pero, a través de una red de cinco constructoras:
Santa Justa; Prefabricados Santa Justa, Advanti; Constructora y Arquitectura
Kasta y Constructora Mansanart, que se relacionan con el dueño de El Debate,
junto con Grupo Sanart del Pacífico, simularon competir en los concursos de
contratación de licitaciones públicas e invitación a tres personas, para
repartirse los contratos de obra pública de los Servicios de Salud.
El responsable de la Salud de los
sinaloenses firmó ocho contratos por un monto de 29 millones 258 mil 762 pesos,
según la base de datos elaborada por Noroeste.
Los centros
médicos, según los contratos que obtuvo este diario a través de la Ley de
Acceso a la Información Pública, deberían atender a los pacientes desde febrero
y abril, pero ahora los derechohabientes
son revisados en consultorios improvisados en casas ejidales y en los
deteriorados centros de salud anteriores.
Estas obras están alejadas de su
destino de ser inauguradas, están alejadas de la promesa que hizo Echeverría
Aispuro.
Sin cumplir
los plazos.
El 8 de agosto de 2016, casi cinco
meses antes de dejar la Secretaría de Salud, Echeverría Aispuro contrató a la
Constructora Mansanart relacionada con Javier Salido para sustituir el centro
de Salud ubicado en la zona agrícola, Valle Escondido, en la Sindicatura de
Quilá.
Firmó con
Manuel Sánchez Artola, primo de Javier Salido, por 3 millones 694 mil 275 pesos
con recursos del fondo federal de infraestructura física, según el contrato
SSS/SO/INV/010/16.
Para la
contratación, los Servicios de Salud convocaron a un concurso de invitación a
tres personas, en el que participaron dos empresas relacionadas con el dueño de
El Debate: Construcciones y Arquitectura Kasta y Constructora Mansanart que
compiten con Grupo Sinergia del Pacífico.
Pero Jesús
Ricardo Solorzano Barrón, entonces Subdirector de Obra de los SSS, descalificó
a Grupo Sinergia del Pacifico porque, según se observa en el acta de fallo del
concurso SSS/SO/INV/010/16, no cumple con los documentos requeridos.
Entonces, el
exfuncionario sólo acreditó la participación de las dos empresas del socio de
Echeverría Aispuro.
Dos días
después, el 10 de agosto, el exsecretario de Salud acudió a la unidad médica,
se tomó la fotografía y, luego, la retroexcavadora demolió el edificio. Y
prometió a la población que el “centro vanguardista” se inauguraría en
diciembre.
“El Centro
de Salud de Valle Escondido va a ser mucho más grande y moderno en beneficio de
los habitantes del valle agrícola de Culiacán, mismo que se piensa entregar
durante el mes de diciembre del presente año”, detalla el boletín de los SSS
del 10 de agosto.
Ahí se
anunció que el nuevo edificio contará con consultorio, sala de usos múltiples,
medicina preventiva, sala de espera, cuarto para residente, área para la
promoción de la salud, cocina, almacén, farmacia y sanitarios.
“Además,
contará con dos médicos y una enfermera en beneficio de más de mil 400
habitantes”.
La demolición del inmueble sorprendió
a los habitantes de la zona agrícola, dice Brenda Sabina Corrales Pérez, comisaria
Ejidal de Valle Escondido. “(El centro de salud anterior) está bien, estaba
bueno, nosotros cuando nos dimos cuenta ya lo habían tumabado, no sabíamos,
nadie se dio cuenta de eso”, dice.
- ¿Y sí estaba funcionando bien?
Síiiii, estaba bueno todo.
Pero casi un año después, once meses
con 25 días después de la demolición, el centro de salud de Valle Escondido es
una obra pública incompleta, como lo son también las unidades médicas de El
Palmito, Escamilla y Agua Caliente de Gárate.
El Centro de
Salud debió ser terminado el 9 de marzo. Tiene 118 días de retraso.
Al lado de
la cancha principal de Valle Escondido, se localiza un edificio blanco en el
que trabaja un albañil, quien ahora barre los residuos de cemento. Es alto,
tiene cinco habitaciones que servirán como consultorios y tres áreas que
fungirán como baños públicos y privados. Tiene piso de azulejo gris, brilloso y
elegante.
Debido a que la Constructora
Mansanart no ha concluido el centro de salud, los pacientes son atendidos en el
consultorio improvisado ubicado en la casa ejidal que no está acondicionada
para tal fin. Es
pequeña, tiene cuatro ventanas sin vidrios. Tampoco tiene aire acondicionado,
pese a que en el verano la sensación térmica se eleva a los 40 grados centígrados.
El equipamiento es básico: hay dos
escritorios, una banca con cuatro asientos, tres abanicos, dos camas de
revisión y dos más que están empaquetadas sin usar, dos básculas mecánicas y un
estante de medicamentos. Y sólo hay atención médica por la mañana.
“No hay
aire, no hay nada y es muchísima calor, (atienden) a las carreras, así rápido”,
describe la atención a los pacientes que provienen de las comunidades de El
Piramito, La Reforma, Comanito, El Paraiso y Las Milpas.
“Agarran
pocos números (consultas) porque está muy chico, no da abasto ahí”, expone, “le
faltan aires, ventanas, puertas”.
Los casos de
Concordia.
Este escenario, se repite en otros
centros de Salud en Concordia en los que el ex Secretario de Salud contrató a
la red de constructoras que se relacionan con su socio Javier Salido.
En la comunidad Agua Caliente de
Gárate, en Concordia, hay un Centro de Salud de los Servicios de Salud al lado
de la plaza principal que no opera. Es otro proyecto de obra pública sin
concluir.
Esta obra
debió empezar los trabajos de sustitución del edificio el 28 de julio de 2016 y
concluir el 28 de febrero, según el contrato SSS/SO/IV/009/16.
El médico otorrinolaringólogo
contrató a la empresa de su socio, Santa Justa, por 4 millones 397 mil 585
pesos, luego de simular el concurso de licitación pública en la que
participaron otras constructoras relacionadas con Salido: Constructora y
Arquitectura Kasta y Grupo Sanart del Pacífico.
Pero a la
fecha los pacientes no pueden recibir atención en la unidad médica porque la
constructora aún no entrega el edificio, con lo que tiene cuatro meses de
incumplimiento.
“En diciembre,
no la entregaron como habían dicho; por el contrario, le bajaron el ritmo y
empezó el año sin trabajadores, así nomás dejaron de venir. Luego, se robaron
las cosas y tuvieron que contratar gente para que cuidara el material, los que
vinieron a anunciarlo nuevo ya ni se han parado”, comenta el vecino que vive
cerca del sitio.
Ahí, afuera,
en la plena calle está el material sobrante, el adoquín empaquetado.
Y también en
Elota.
En septiembre, el Centro de Salud de
La Cruz de Elota se reubicó a un edificio prestado por el Ayuntamiento, un
sitio inadecuado porque la Dirección del mismo se localiza en lo que antes era
un sanitario, para demolerlo y ubicarlo con otro en el mismo sitio.
La afluencia de pacientes descendió
por la incomodad. En ocasiones, los pacientes, sobre todo los inscritos al
Seguro Popular tienen que hacer fila en el exterior del edificio, bajo una
carpa.
“Todos
estamos poniendo nuestro granito de arena. Con esta visita del Secretario de
Salud (Alfredo Román Messina) se activaron los trabajos de la obra, y en el caso
de mis compañeros médicos y enfermeras tienen puesta la camisa trabajando en un
lugar que hasta cierfa forma es incómodo, ya que no es un lugar idóneo”, dice
Pedro Ángel Rodríguez Ayala, director de la unidad médica.
Para sustituir el Centro de Salud La
Cruz, Echeverría contrató a Prefabricados Santa por 8 millones 32 mil 393
pesos, recursos del Fideicomiso del Sistema de Protección Social en Salud, de
acuerdo con el contrato SSS/SO/LP/003/16. La obra debió ser concluida el 5 de
abril, pero sigue a “medias”.
Banderazo en
falso en Escamilla.
El 12 de agosto, Ernesto Echeverría
Aispuro lanzó el banderazo de sustitución del Centro de Salud Escamillas, en
Mazatlán, pero ya no regresó a inaugurarlo… porque no lo terminó.
La obra debió concluirse el 9 de marzo,
pero ahora sólo registra el avance del 80%, y al igual que el resto de los
centros de salud mencionados, la construcción está pintada de blanco, sin luz
eléctrica ni drenaje.
“Nos dijeron
que en cuatro meses ya estaría listo. Es más, que para noviembre lo terminaban
y nada, lo dejaron así nomás”, comenta uno de los encargados de la vigilancia.
La
construcción se detuvo en febrero, sin embargo, hace 15 días se retomaron los
trabajos, según cuentan los vecinos.
“El
ingeniero que viene se llama Miguel. Dice que se quedó así por falta de dinero,
que se acabó el presupuesto del Gobierno, quién sabe si será cierto”,
Anta la falta del Centro de Salud, la
casa del comisario se usa provisionalmente para atender a los enfermos. Pero
ahora él está de vacaciones y las consultas se suspendieron, por lo que los
pacientes que tienen emergencias deben viajar hasta Villa Unión.
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