Araceli Damián.
Juan Mena
López y Juan Mena Ramos, padre e hijo de 56 y 33 años, respectivamente,
murieron un día como cualquier otro, de camino al trabajo; algo se les cruzó en
el paso exprés de Cuernavaca. Pero no
fue la mala suerte lo que se les cruzó sino la corrupción, la negligencia y el
desdén de las autoridades.
La estupidez política con la que
Gerardo Ruiz Esparza, Secretario de Comunicaciones y Transporte (SCT) ha
manejado esta desventura es mayúscula, no sólo atribuyó a las lluvias y a las
personas que tiran basura la aparición del socavón, sino que, en medio del
dolor de la familia, dio a conocer que los deudos aceptaron una indemnización
de un millón de pesos, cantidad que, según palabras de Ruiz Esparza, se les
otorgó “por el mal rato que pasaron”.
La brutal insensibilidad del secretario
se desnuda cuando comparamos esta cifra con su salario. Oficialmente gana un
poco más de 200 mil pesos al mes, le bastan tan sólo cinco meses para ganar lo
que el gobierno otorga por indemnización por la pérdida de dos vidas humanas. Cada
víctima fue “valuada” por el gobierno en 500 mil pesos, monto menor al ingreso
que perciben al mes los magistrados de la Suprema Corte. De ese tamaño es el
desprecio del gobierno hacia la vida de los ciudadanos.
Por otra
parte, al dar a conocer la cifra
aceptada por la familia, se violó su derecho a hacerla pública. Cabe
destacar que el otorgamiento de una indemnización no exime al gobierno federal
de investigar las causas de la tragedia y fincar responsabilidades, tampoco de
su responsabilidad de apoyar a la familia de acuerdo con lo que establece la
Ley General de Víctimas.
Sin lugar a
duda, el sinvergüenza de Ruiz Esparza
debe renunciar. No basta con haber destituido al delegado de la SCT en Morelos,
existen suficientes pruebas para presentar cargos por negligencia y corrupción,
no sólo contra funcionarios públicos, sino contra los responsables del
consorcio constructor del paso exprés, integrado por la empresa Aldesem, del
grupo español Aldesa, cuyo auge en México fue espectacular durante el gobierno
de Felipe Calderón, y Epccor, empresa mexicana cuyos dueños también recibieron
trato especial en ese sexenio y que participaron en la construcción del mega
fraude de la Estela de Luz, cuyo costo se elevó 192%.
Según
información periodística, Epccor pertenece a la familia de Juan Diego Gutiérrez
Cortina, cuyas empresas han sido favorecidas con contratos millonarios desde el
gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Su empresa GUTSA, inhabilitada en el
sexenio de Calderón, fue la responsable de la construcción de la desastrosa y
deficiente obra de la Autopista del Sol. Es decir, es el mismo dueño cuya
empresa entregó una de las obras de infraestructura carretera más mal diseñada
y construida en la historia de México, que cobra vidas y que la entregó a sobre
precio, ya que el costo final de la Autopista del Sol fue 275% del
originalmente aprobado.
Ruiz Esparza no puede pretender
ignorar que desconocía el pésimo trabajo realizado por las empresas de
Gutiérrez Cortina, porque en 2013 tuvo que anunciar que la autopista del Sol
había tenido 14 cortes graves, deslaves y derrumbes de dos importantes túneles
debido, según sus palabras a “lluvias atípicas,” pero en los hechos la gravedad del
daño se debió a los errores en la construcción.
El accidente ocurrido en el paso
exprés de Cuernavaca desnuda el lamentable maridaje entre empresarios corruptos
y funcionarios corruptos, que no sólo daña seriamente las finanzas públicas y
el funcionamiento de la economía y la vida cotidiana, sino que cobra vidas.
Lo sorprendente es que, a pesar de
las constantes muestras de la ineficacia y de la profunda crisis de
gobernabilidad en el país, una parte de la sociedad mexicana continúa votando
por el PRI y sus aliados, como ocurrió en el Estado de México.
Tampoco es
muy claro por qué la población no toma conciencia de que la supuesta alternancia resultó ser lo mismo, los gobiernos del PAN
fueron igualmente negligentes, corruptos y privó la impunidad. No se quedan
fuera de este círculo algunos de los que, a través del PRD, han llegado al
poder y tienen ahora las mismas prácticas que el PRI: mediocridad, cinismo,
extendida corrupción, abuso de poder y constantes injusticias cometidas contra
los ciudadanos comunes por parte de todos los órganos de gobierno.
La utopía
neoliberal, en la que el libre mercado
optimiza el uso de recursos, reduce los espacios de corrupción y permite que
las empresas más eficientes triunfen sobre las más ineficientes, se topa con la
realidad mexicana. Esta utopía no sólo es falsa, sino que resulta más dañina
cuando el gobierno lo encabezan servidores públicos faltos de miras, inmorales
y corruptos. El mantra neoliberal que sentencia que la ineficiencia y la
corrupción es privativa de las empresas estatales ha resultado también falsa.
Las empresas privadas pueden serlo, tanto o más, que el gobierno.
El gobierno priísta y sus empresarios
aliados están atrapados en el entramado de corrupción e ineficiencia.
Si Peña tiene aún tiene un atisbo de
consideración en torno a los reclamos y la indignación de la sociedad tendría
que despedir a Ruiz Esparza. Son equiparables las muertes provocadas por
negligencia y las que ocurren a manos de la delincuencia organizada o de
criminales comunes.
La Ley General de Víctimas, en su
artículo 40 lo establece muy claro “serán sancionadas administrativa, civil o
penalmente, de conformidad con las leyes aplicables, los servidores públicos
federales, de las entidades federativas o municipales que contribuyan a poner
en riesgo la seguridad de las víctimas, ya sea a través de … negligencia … por
la colusión de dichas autoridades con los responsables de la comisión del
delito o con un tercero implicado que amenace o dañe la integridad física o
moral de una víctima”.
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