Martín Moreno.
Miguel Ángel
Osorio Chong – el súper secretario que desde el inicio del sexenio quiso ser
político, policía y presidenciable; el que se arremangaba la camisa para
enfrentar a estudiantes; el que nadó de a muertito y se ahogó-, iba a ser
destituido de Gobernación hace un año por su jefe, Enrique Peña Nieto. ¿Por qué
no lo removió?
Por un error
de cálculo político del binomio Peña- Luis Videgeray, quien tuvo el desatino de
invitar a Donald Trump a México, y lo que ocurrió lo sabemos todos: el país
enfureció cuando al entonces candidato republicano se le dispensó trato de presidente,
sin reclamarle, en público y cara a cara, ninguna de las ofensas que hacía
contra los mexicanos. Peña Nieto se mostró dócil, doblándose ante el hoy
mandatario de la nación más poderosa del mundo.
Entonces,
tras la errática visita de Trump, Peña no tenía otra opción: sacar de Hacienda
a su amigo, consejero y cómplice, enfriarlo durante unas semanas para calmar la
rabia ciudadana – mediática, y posteriormente incorporarlo a Relaciones
Exteriores como Canciller aprendiz.
Por eso se
tuvo que aguantar a Osorio Chong en Gobernación.
Porque haber
despedido a los secretarios más importantes del gabinete – Hacienda y
Gobernación- en el mismo mes, habría creado un vacío de gobierno y debilitado,
aún más, a Peña Nieto, generando una crisis política de alto impacto. Era
impensable hacer relevos, al mismo tiempo, en Gobernación y en Hacienda.
Videgaray se
tuvo que ir, con todo el dolor del corazón de su amigo Enrique.
Osorio Chong
se quedó, sobreviviendo, de momento, entre la tormenta político-diplomática
generada por la visita de Trump, en la cual – dicho sea de paso- ni intervino,
ni operó ni opinó.
Desde
entonces se había tomado la decisión de hacer un cambio en Gobernación, lo que
nos da una idea de que las confianzas en Los Pinos ya no estaban con Osorio
Chong.
Pero vino
Trump y, paradójicamente, salvó al hidalguense.
Hoy por hoy,
Osorio Chong sigue siendo el priista mejor posicionado en las encuestas…aunque
sabe que no será candidato presidencial.
Y lo supo
justo durante la XXII Asamblea del PRI, cuando se liberaron los candados para
permitir que José Antonio Meade pudiera competir por la candidatura
presidencial priista, y toda la “cargada” se fue con el hoy secretario de
Hacienda, quien en la frente lleva la marca “Videgaray”.
Cuando salió
del auditorio, Osorio Chong iba adusto, el gesto endurecido y los sueños diluidos.
Sabía que había perdido la batalla por la sucesión presidencial. Y justo a
partir de ese momento, comenzó a cometer errores producto tanto de su
desesperación como de su frustración:
De manera
absurda, innecesaria, comparó al huracán Katia con la mujer, al ser “firme,
dura y con mucha agua (¿?)”. ¿Qué quiso decir Osorio? Sólo él lo sabe, pero su
frase fue rechazada y criticada, de manera unánime, por las mayorías.
Durante los
momentos de mayor emergencia para Oaxaca y Chiapas por el temblor, cuando más
se necesitaba la presencia permanente del secretario de Gobernación en el lugar
de la tragedia (inclusive para reposicionarse políticamente), Osorio Chong
apareció de traje, despreocupado, relajado, como padrino de boda de la senadora
perredista Iris Vianey Mendoza. Nada le hubiera costado a Chong haber cancelado
públicamente su asistencia a la fiesta, prefiriendo atender a los damnificados
por el sismo. Nadie se lo hubiera criticado. Al contrario: se habría ganado
reconocimiento. Pero no lo hizo y, de paso, envió un mensaje desafortunado:
prefiero a mis amistades que a los mexicanos que se quedaron sin casa. Grave
error para un secretario de Gobernación.
Repuesto ya
de esa boda, Osorio Chong llegó a Oaxaca… ¡para regañar a los damnificados!
“Los que no han recibido ayuda es porque no quieren ir al centro de acopio, al
albergue…quieren que se los lleven a su casa”, recriminó Osorio, mostrando una
insensibilidad ofensiva: ignora que muchos damnificados carecen de fuerzas por
días sin comer o mal comer, agotados y derrotados por sus hogares destruidos,
sin posibilidades de desplazarse a los albergues por temor a perder lo poco que
les queda, por la rapiña. Ellos arrastran los pies. Osorio llegó en
helicóptero. Esa es la profunda y dolorosa diferencia.
Osorio Chong
hoy sabe que la candidatura presidencial se le ha ido de las manos.
Aunque
durante la campaña peñista era de los operadores de mayor confianza de Peña
Nieto, y como secretario de Gobernación fue investido como responsable de la
política interna, policía con poderes supra institucionales y el aspirante
presidencial número uno, dos factores lo arrastran a la derrota:
Primero, el
fracaso del gobierno de Peña que tendrá que optar por un candidato presidencial
externo, en lugar de elegir a un priista puro, como Osorio. El PRI está lejos
de ganar, con candidato propio, la presidencial del 2018.
Segundo, el
fracaso del propio Osorio Chong, que no pudo ni con la política interna – los
gobernadores jamás lo obedecieron y hasta Javier Duarte se burló de él-, ni
tampoco con la seguridad que lo apabulló y, consecuentemente, la etiqueta de
candidato presidencial se le fue deslavando. Creyó que, a la vieja usanza, con
nadar de a muertito durante el sexenio le iba a alcanzar. Y la perdió.
Osorio iba a
ser removido del gabinete hace un año, pero Trump lo salvó.
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