En el pueblo de Puente
Campuzano, entre Iguala y Taxco, se encuentra un socavón de diez metros de
diámetro, pero cuyo fondo es indeterminado. Es el pozo Meléndez, un punto del
estado de Guerrero que, por reunir terroríficas historias durante la Guerra
Sucia, también es conocido como “la trompa del diablo”. A esa oquedad se le
piensa como destino de muchos perseguidos, de cientos y cientos de
desaparecidos.
Este siniestro punto del planeta está
muy cerca de donde, la maldita noche del 26 de septiembre de 2014, los 43
normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecieron.
El ex General brigadier Francisco
Gallardo tiene una hipótesis: los 43 fueron arrojados al pozo Meléndez. “… Creo
que estos jóvenes fueron tirados ahí. Con todo y vehículos. Y desaparecieron.
Es más, ahí cabe lo que quieras. Si hacen un peritaje en las paredes puede
haber cabellos, pedazos de tela, piel … Pero no lo han hecho”, sostiene el hombre emblema de la
defensa de los derechos humanos después de permanecer nueve años en prisión, la
negra historia que se inició cuando en 1993 -el penúltimo de Carlos Salinas de
Gortari- propuso la creación de un ombudsman militar.
Con un
americano en la mano, en las oficinas de esta casa editorial, el ex General
Brigadier describe en entrevista a la legendaria oquedad. “Ese pozo ha sido utilizado desde la Revolución. Ahí tiraban carretas,
caballos, vehículos completos, lo que tú quieras. No tiene fondo. No le han
llegado al fondo. Hay una excursión que hicieron médicos militares y bajaron 60
metros, pero no pueden llegar a más porque no tienen equipo”.
– ¿Le mencionó usted su hipótesis a
los miembros del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes?
– Les dije, pero no me tocaron ese
punto.
- ¿Le ha
dicho a la PGR?
– No. Al socavón lo tapan y lo
destapan. Pero ahí está. La gente que vive por ahí sabe de eso. Dicen que en la
noche se ven cosas raras.
– ¿Puede decirse que Tomás Zerón, ex
titular de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, manipuló también la
información para que las investigaciones no llegaran al socavón?
– Yo no tengo conocimiento que haya
ido ahí ni que haya investigación. El socavón está libre. La gente de la región
sabe perfectamente qué hay ahí. Esa región está muy socorrida por esos
socavones. Si en mí estuviera, se hacía una investigación y ahí se iban a
aclarar muchas cosas.
– Usted
sostiene que el Ejército tiene crematorios clandestinos y si ello es así,
¿algún día habrá luces sobre la verdad de los 43?
– El Ejército tiene crematorios. Yo
los conozco. A mí me amenazaron que me iban a meter ahí. Son clandestinos. Es
una cosa inaudita que estos jóvenes hayan desparecido de la nada. Así, absolutamente.
Hay prisiones clandestinas. Hay hornos en el Ejército. Los barcos de la Armada
se utilizan como cárceles clandestinas. En Ayotzinapa lo que vemos es la actuación militar, el poder
público en poder de los militares. A mí
me llamó mucho la atención cuando le piden al secretario de la Defensa que abra
los cuarteles, y él dice, no voy a permitir por ningún motivo que investiguen a
mis militares. Sus militares. Qué cosas, ¿no? Si es una investigación criminal,
pero la Ley Militar así lo conviene. Porque es un asunto de carácter público no
militar. Si esos temas no se aclaran, los vamos a seguir cargando.
EL GENERAL
EN SUS CAUSAS.
El martes 9
de noviembre de 1993, el General Gallardo ingresó al campo militar número uno.
Iba preso. Las acusaciones en su contra eran un bufete de delitos.
Enriquecimiento ilícito, malversación de fondos y destrucción de archivos del
Ejército. Un mes antes, el General había publicado el texto “La necesidad de un
Ombudsman Militar en México” en la revista Fórum. El tema era el corazón de su
tesis y sugería la creación de esta figura con el propósito de que regulara los
abusos dentro de la vida castrense.
En 1998, fue
sentenciado por un consejo de guerra a catorce años de prisión. Le cargaban
haber vendido las 300 toneladas de avena en paca y las ocho mil pacas de avena
en greña que estaban destinadas a 228 caballos que tenía bajo su custodia, así
como la quema de documentos que demostraban el hecho. Después, otro consejo de
guerra lo condenó por enriquecimiento ilícito y le dio otra pena de catorce
años que no fueron acumulables a la primera sentencia debido a un amparo.
– Si la desgracia se inició así,
¿usted cree que aún es conveniente la figura del ombudsman militar?
– La idea de uno, como el que yo
propuse hace 21 años, tiene que ver directamente con el tema de la defensa de
los derechos de los soldados. Pero la idea yo la quiero actualizar. En México
no existen relaciones civiles de carácter democrático; entonces, lo que yo
quiero hacer es una oficina de asuntos militares.
Quiero hacer
una oficina de asuntos militares que va a establecer una relación de la Defensa
Nacional con los poderes públicos. Es decir, el Poder Ejecutivo en su rama
militar será a través de una oficina. Esta oficina haría un vínculo con el
Congreso, con las otras instituciones del Estado. Dependería de la Cámara de
Diputados. Aquí hay algunas peculiaridades. Esta institución tendría la
facultad, entre otras cosas, de proponer reformas a la legislación militar para
que el Ejército Mexicano se convierta en una institución de Estado al servicio
de la Nación. (El Ejército quedaría) apartado de los vaivenes políticos en el
tema, por ejemplo, de las elecciones. En
cada elección presidencial al Ejército Mexicano se le encomienda la
transportación del paquete electoral, la logística de la distribución de esa
paquetería y luego la intromisión en la supervisión y la seguridad. Lo más
grave del asunto es que después de las elecciones se le encomienda cuidar la
paquetería electoral. Ya vimos que eso tiene muchas decisiones graves. Lo vimos
en la elección de Calderón-AMLO en donde el Ejército permitió que esa
paquetería electoral fuera manipulada por los partidos políticos.
Llega la paquetería electoral a
instalaciones que maneja directamente el INE. El Ejército está resguardando la
paquetería electoral y por detrás están entrando los partidos políticos y los
manipulan. El
Ejército ha permitido esas condiciones. Lo que tenemos que hacer en las
próximas elecciones es que el Ejército no se entrometa en esos asuntos.
– ¿Ha
ocurrido así históricamente?
– Históricamente ha sido siempre. Yo
era Capitán del Ejército, en la elección donde por primera ocasión, el PAN gana
una elección local en Chihuahua. A mí me mandan a cuidar la paquetería
electoral y entonces trata de entrar la gente del PRI a manipular esa
paquetería porque en esa ocasión sí ganó el senador Barrio (Francisco Barrio)
pero se la dieron a otra persona. Por lo menos en el tiempo en que yo estuve de
servicio, que dura 12 horas, no se pudieron meter. Pero se metieron después.
– ¿Cómo
funcionaría la oficina del ombudsman?
– El Ejército debe estar apartado
totalmente de eso. No debe entrometerse. Esta oficina del ombudsman militar iba
a impedir estas situaciones. Así, el Ejército Mexicano no se metería en asuntos
de carácter político. Si esa institución estuviera como en aquella ocasión que
yo la propuse ahorita el Ejército no estaría señalado por violaciones graves a
los derechos humanos. En aquella ocasión yo puse como ejemplo la matanza que
hizo el Ejército en 1990 en la que se ejecutan a 10 jóvenes egresados de las
escuelas judiciales y que estaban trabajando en la PGR. Se pierden dos
toneladas de droga se extravían dos millones de dólares y se fugan los
narcotraficantes. Son encarcelados los militares, pero no hay ningún
responsable.
Incluso manifesté el asunto de aguas
Blancas, en donde hubo un asesinato de 17 campesinos que lo único que querían
era hacer una manifestación en el Gobierno de Guerrero. Pero a mí me acusan de
difamación. Y yo no estaba difamando nada. Yo estaba poniendo el ejemplo de una
institución que debe funcionar para evitar esas situaciones.
A partir de ese asunto que ocurrió en
1990 cuántas cosas hemos visto. El Charco, El Bosque, Acteal, las ejecuciones
de Ocosingo cuando el levantamiento zapatista, Tanhuato, Tlatlaya, la
desaparición de los 43. Si hacemos una revisión, el Ejército tiene metida la
mano ahí. El asunto de Tlatlaya y Ayotzinapa son crímenes de Estado que están
apoyados por El Ejército.
Vivimos una
sociedad militarizada. ¿Por qué se da esto? Después de la Revolución sucede un
hecho que se conoce como la lucha de facciones en donde hay una disputa entre
el poder civil y el poder militar porque los comandantes militares tienen cotos
de poder, no hay un control, y entonces los caudillos revolucionarios invocan a
hacer un partido político que no tienen que ver con los partidos políticos
tradicionales europeos.
La creación de un partido político de
Estado tiene por objeto confrontar al poder militar no la participación social,
no la participación ciudadana. Ha habido coyunturas que nos han permitido hacer
esos cambios, pero el mismo poder político no lo ha permitido.
– ¿Una
figura de ombdusman militar sería la clave?
– Esa institución que yo propongo
debe ser de Estado, que trascienda a cualquier periodo electoral o cualquier
figura o nombre de ciudadano político. Yo juré como militar tutelar de la
institución presidencial. NO A PEÑA NIETO, NO A CALDERÓN,
NO A SALINAS. Un sistema presidencialista se ha desbordado en contra de la
sociedad. Vivimos una crisis gravísima. Estamos ante un colapso del Estado. (El
ombudsman) sí abonaría a ello. Ahora, ¿quién sería el obdusman? ¿Quién tendría
esa calidad moral para ser esa institución y ser el mediador entre el poder
civil del Estado y el poder de los ciudadanos? Sí hay hombres que pueden serlo.
LA POLÍTICA
Y UN GENERAL.
Cuando tomó la vida castrense, tenía
15 años de edad. Era 1963 y cuenta que empeñó la honra y el honor al Ejército
como institución. LLegó a ser General Brigadier. En 2015, su nombre volvió a la
escena pública. Fue el candidato a la Gubernatura de Colima por el Movimiento
Regeneración Nacional (Morena), la única plataforma en la que, dice, puede
confiar.
– ¿Usted
cree en la democracia, pero no en los partidos políticos?
– Los
partidos políticos mexicanos son instituciones de Estado que están apoyados en
la Constitución. En lo que yo no creo es en las personas que están en los
partidos políticos. Cuando estuvimos con el debate con el asunto de las
resoluciones que emitió la Suprema Corte 37 a mi favor, nos fuimos a las
Naciones Unidas y a mi favor. Entonces
yo tengo una reunión con un General del Ejército. (Me dijo): tú debes proteger
al Ejército porque eres General. Tú debes defender el honor porque el Ejército
te hizo hombre.
A ver, espérenme tantito, respondí.
Yo no estoy increpando al Ejército como institución los estoy increpando a
ustedes que están violando la Ley, que están violando la Constitución, que
están violando la Ley de Disciplina militar y el Código de Justicia militar. Lo
que tenemos que hacer es sacar a todas estas personas simuladoras, mentirosas
traidoras que lo que han hecho durante toda esta carrera es lucrar con los
puestos políticos. “La política es sucia. Por decir lo menos es corrupción”, me decían. Espérenme, la política es
una ciencia que nos permite a los ciudadanos una partida social, una
convivencia social para ponernos de acuerdo y desarrollarnos.
– Entonces, ¿qué le está pasando a
este país? ¿Se entrampó en una inercia de traumas irresueltos y se enfermó de
corrupción?
– Tenemos un
problema muy grave y yo daré mi opinión. Lo
que hemos vivido en México es que no hemos sabido procesar las situaciones
coyunturales. Un ejemplo: el año que entra cumplimos 50 años de la tragedia de
1968.
No hemos sabido procesar esos puntos
de quiebre. Uno de ellos es por qué no hay ningún militar procesado por el
movimiento del 68. Seguimos avanzando. Y viene la coyuntura de 1988.
Yo he
platicado con el senador Bartlett. (Le he dicho que) yo entiendo esa parte de
la historia, que yo entiendo la situación, de por qué se cayó el sistema. Aquí lo que no entiendo y yo se lo dije al
Ingeniero Cárdenas es por qué el Ingeniero Cárdenas cedió.
– ¿Y qué
quería que hiciera, General?
– (Que dijera): No acepto la negociación.
No acepto la negociación y punto. Él negoció con el poder. El día que me fue a
visitar a mi celda en 2001 o 2002, que me llevó discos y libros, le hice dos
preguntas. Le dije: Ingeniero, ¿por qué usted no defendió su elección en 1988
si tenía el apoyo del Ejército además? ¿Por qué usted se va como candidato a la
Presidencia siendo Jefe de Gobierno? La gente votó por usted para que fuera
Jefe de Gobierno no para que fuera candidato a la Presidencia. Usted debe
terminar su gestión.
– ¿Qué le contestó?
– Nada. Se quedó mudo. No me dijo
nada.
Y así
seguimos.
– ¿Le aceptó que había negociado?
– Lógico. Y así nos podemos ir viendo
las coyunturas y no las hemos sabido aprovechar. Las firmas que hizo Salinas,
del TLCAN; la de Fox del ASPA; luego la de Calderón con la iniciativa Mérida y
Peña Nieto con el TPP nos han ido quebrando. Y ahí seguimos. Hasta llegar a
Ayotzinapa.
– ¿Por qué
se incrementó la violencia en este país?
– Porque hay un rompimiento del
tejido social y del orden constitucional del Estado. En México no existe un
sistema de inteligencia. Tenemos que hacer un sistema de inteligencia de
Estado, no de Gobierno de Estado, sea civil no militar, los militares tienen
una función importante, pero no civil, ellos tienen encomendada la defensa nacional del estado. La
política la debe emitir el Congreso. Pero
son traidores todos. Una vez que se haga esto se debe restituir la
Constitución en donde los poderes públicos respeten la ley.
Peña Nieto llega por un fraude
electoral. La Auditoría Superior de la Federación detecta que rebasó los topes
de campaña con 13 millones de pesos y ahí estuvieron metidos Cervantes y
Lozoya. ¿Cómo es posible que quieran tener autoridad cuando la autoridad es
ilegítima?
LA DEFENSA
DEL GENERAL.
Tiene el
premio “Preso de Conciencia” que le dio Amnistía Internacional y el de “El
Ombudsman Militar en Prisión” brindado por el Consejo Nacional de Ong`s en el
52 Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 2001. Los
galardones los recibió en prisión. Estaba en el camino de esa defensa cuyo
proceso lo convirtió en ejemplo de la defensa de los derechos humanos en México
y el mundo. Fue un preso. Hoy, para todos, es el General Gallardo.
– Usted, ¿cómo logró defenderse?
– Lo que no pudo hacer el Ejército,
aunque hubiera querido es violar la Constitución. Ellos lo pueden juzgar en lo
interno. Si se agota el recurso interno militar yo me puedo ir a amparo ante
las autoridades civiles, y tuve 37 amparos a favor.
– ¿Sintió
miedo?
– ¿Miedo? (exclama y se estremece).
Pues sí. Afuera de mi celda se pusieron a hacer una revoltura con cemento y con
tambos. ¿Qué piensa usted que van a hacer? Me matan, me meten a los tambos y me
tiran al mar. Y rumm se desertó, se suicidó.
Cuando yo tenía las amenazas que me
iban a detener yo hice varias cartas y le dije a mi familia, si un día no me
reporto a tal hora, esas cartas las ponen en el correo, sin decir nada. Nomás
van al buzón. Entonces a mí me encarcelan y a los tres días sale a la luz
pública (el caso) en la revista Proceso.
Primero
hicimos una estrategia de defensa, de logística. Primero, ¿con quién me estoy
enfrentando? Con el Ejército y con el Estado Mexicano. Y con Salinas. Empezamos
a hacer una estrategia. Empezamos a meternos a los medios. Hubo una cosa que a
mí me benefició. Yo tengo muchos amigos de la Universidad, me conoce mucha
gente. Y dijeron, ¿el profesor dónde está? Lo metieron al bote. ¿Pues qué hizo?
En ese entonces estaban apenas en pañales las ONG. El que primero toma mi caso
fue don Emilio Krieguer que hizo un libro en defensa de la Constitución. Le
dijo a Marie Claire (Acosta), ve el caso de ese militar de qué se trata. Y
todas las ONG creían que era una maniobra para infiltrar al Ejército en las
ONG. Conforme fuimos avanzando se dieron cuenta que no era eso. Y dijeron,
¿oye, en dónde está soportada tu tesis? En una tesis de maestría y aquí está.
– Se dice que usted era muy ordenado
…
– Guardé todo. Mi abogado me decía
oye, necesito este papelito. … Y me decía, no puede ser que tengas eso. Tengo
la credencial de cuando fui a hacer el examen de ingreso. Todos los trámites de
la Universidad. Tengo todo.
–¿Por qué
contra usted?
– ¿Por qué hay ese encono conmigo?
Primero porque yo traía pleitos con el secretario de la Defensa (Rivielo Bazán)
desde que era cadete. Él nos robó nuestros anuarios, nuestros años de
graduación, nos cobró por los exámenes. Seguimos caminando y tuvimos
confrontaciones cuando él era general y yo era teniente coronel. Una vez me
llamó a su oficina y me leyó la cartilla. Me dijo (al referirse a su tesis) no
es tuyo. Y le dije: no mi General. Esa tesis es un trabajo de muchos años. Yo
tengo años buscando cómo podemos reformar al Ejército. Me dijo: ¿Entonces no la
retira? Respondí: No la retiro. De ahí me fui a la cárcel.
Y dije, se le va a pasar el coraje. Fue un berrinche que luego se hizo grande. Me decían, no te pelees con el secretario, dile que te perdone y ahorita te deja ir. Mira, mándale una carta. No. No firmo nada. A mí no me tiene que perdonar de nada.
Y dije, se le va a pasar el coraje. Fue un berrinche que luego se hizo grande. Me decían, no te pelees con el secretario, dile que te perdone y ahorita te deja ir. Mira, mándale una carta. No. No firmo nada. A mí no me tiene que perdonar de nada.
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