En su libro ‘Negocios a la sombra del
poder’ exhibe la impunidad con que se mueve quien fuera presidente de México.
Desde los primeros años de su
presidencia, Vicente Fox estuvo en el centro del huracán mediático, y no sólo
por sus fallidas formas políticas o sus célebres tropiezos verbales. Su nombre
ha estado implicado en diversas investigaciones por tráfico de influencias y
conflicto de intereses. Tal como lo demuestra Negocios a la sombra del poder
(Grijalbo) de Raúl Olmos, el mismo personaje que prometía terminar con las
“víboras prietas y tepocatas”, usó el poder Ejecutivo para asegurar su futuro.
Antes de llegar a Los Pinos, Fox
afrontaba una situación familiar muy adversa. Sin embargo, como se documenta a
lo largo de estas páginas, muchas de las acciones que llevó a cabo durante su
sexenio respondieron no sólo a fines gubernamentales, sino a una estrategia
para resarcir su patrimonio personal.
Intervino para rescatar a las
empresas en quiebra de su familia. Luego, uno de sus hijastros se convirtió en
accionista de Grupo Estrella Blanca, y pese al evidente conflicto de intereses,
le otorgó contratos por 350 millones de pesos. Seis meses antes de dejar Los
Pinos, Fox usó el poder presidencial para asegurar su futuro, mediante un
acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación, que puso fin (a favor
de él y sus hermanos) a una disputa de casi 70 años por la posesión de 211
hectáreas en el rancho San Cristóbal. Sobre esas tierras se levantó un emporio,
donde los apellidos Fox, Quesada, Sahagún, De la Concha y Bribiesca se
diseminan en 107 empresas, en 32 de las cuales participan Vicente y Marta.
La reforma
energética que Fox impulsó como presidente, y que se concretó hasta el sexenio
de Peña Nieto le abrió una oportunidad de negocios. En alianza con petroleros
de Estados Unidos, Vicente promueve la
inversión de 1000 millones de dólares en el sector energético, y como socio de
la petrolera EIM Capital, logró un jugoso acuerdo de comisión del 6% por cada
proyecto concretado para la extracción de petróleo mediante la tecnología
fracking.
En otra
línea, el gobierno de Peña Nieto eligió
al Centro Fox para capacitar a empleados de las secretarías de Economía,
Comunicaciones y Transportes, Relaciones Exteriores y Desarrollo Territorial,
así como Banobras, Bancomext, IMSS y la Comisión Nacional del Agua, otorgándole
contratos por asignación directa. El mismo recinto (que funciona como museo y
egoteca del ex mandatario) recibe subsidio federal a través de fondos de apoyo
a la cultura y al desarrollo de pequeñas empresas.
Por si fuera
poco, la nómina del Centro Fox es pagada
con recursos de la Presidencia de la República. Los funcionarios federales han
recibido la encomienda de convertirse en vendedores de bodas, primeras
comuniones y 15 años que se realizan en el rancho del ex presidente sin
reportar un peso al fisco.
A partir de
un riguroso ejercicio periodístico, este libro sigue la opaca ruta de la
prosperidad del ex mandatario, que lo mismo ha incursionado en negocios
inmobiliarios, de transporte, agropecuarios y hasta petroleros. A pesar de lo anterior, el llamado
presidente de la alternancia ha insistido en defender su pensión de 205 mil
pesos mensuales.
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