Aldesa, la compañía responsable del
Paso Exprés de Cuernavaca donde el 12 de julio murieron dos personas que
cayeron en un socavón, se encuentra a cargo de la reconstrucción de casas
derrumbadas por el sismo del martes 19.
A menos de
24 horas de ocurrido el terremoto, Enrique Peña Nieto visitó este municipio,
uno de los más afectados de la entidad. Minutos después de marcharse se
presentaron aquí cerca de 200
trabajadores de Aldesa, señalada por la Secretaría de la Función Pública de
haber incurrido en irregularidades en la construcción del Paso Exprés, cuyas
obras de reparación aún no han terminado.
Proceso
platica con algunos de estos trabajadores, quienes piden que se reserve su
identidad. Portan casco y chaleco fluorescente, así como gafetes e insignias
que los identifican como empleados de la constructora.
–¿Cuándo
llegaron a Jojutla?
–Ayer en la
tarde. Estábamos en (la Ciudad de) México, pero nos mandaron para acá –responde
uno de ellos.
–Ah, son de
México.
–No. Yo soy
de Cuernavaca, pero la empresa nos mandó para acá. No sé si porque somos de
Cuernavaca, pero nos mandó para acá.
–¿Y cuántos
vinieron?
–Calculo que
como 200.
–¿Cuánto
tiempo estarán aquí?
–No sabría
decirle.
Otro
empleado refiere que también es de Cuernavaca y que vino desde la Ciudad de
México a sumarse a las labores de reconstrucción a cargo de Aldesa, contratada, dice, “por el gobierno”,
aunque no aclara si se trata del federal o el estatal.
También en
el municipio hay maquinaria pesada, con distintivos del mismo grupo
constructor, que desde el jueves 21 es utilizada para demoler los restos de una
decena de viviendas de la calle 20 de noviembre, cuyos propietarios miran
desolados las maniobras de limpia.
DEMOLICIONES
A TODA PRISA.
En el
camellón de la calle 20 de noviembre está una mujer con el rostro enrojecido
por el calor y los ojos irritados por las lágrimas. Su nombre es Martha y
utiliza un sucio tapabocas.
“A mí nunca me dijeron nada. Sólo
llegaron y comenzaron a tumbar mi casa. El temblor tiró el segundo piso donde
vivíamos seis familias, y éstos (los trabajadores de la constructora) están
tirando el otro piso que habitaban más familias. Perdí todo. No me dejaron
entrar nunca más a mi casa”, se queja.
Añade: “Ayer
vinieron al estado los del gobierno (se refiere al presidente Peña Nieto y al
gobernador Graco Ramírez), pero no llegaron hasta aquí. Se quedó por allá en el
centro. Allá ¿pa’qué? Nadie me dice qué vamos a hacer, qué voy a hacer. Nomás
me dan algo de comer, pero ¿y mis cosas?, ¿y mis papeles?, ¿y mi casa?”
Entre tanto, a lo largo de la calle
van y vienen máquinas pesadas rotuladas con el nombre de Aldesa, responsable de
construir el Paso Exprés a un costo de 2 mil millones de pesos y que hoy opera
a medias.
La prisa de las autoridades por
levantar los escombros es seguida por reclamos de grupos de abogados y
empresarios locales en favor de que se extienda el tiempo para buscar
sobrevivientes.
El jueves 21, grupos de damnificados
denunciaron que el DIF Morelos retuvo 90 toneladas de ayuda en sus bodegas de
Cuernavaca mientras la demanda de ayuda persistía en municipios afectados.
Enardecidos,
centenares de ciudadanos obligaron al gobierno de Graco Ramírez a abrir las
bodegas para que ellos mismos repartieran víveres a quienes los requerían. Por
este motivo dijeron ya basta y han difundido a través de redes y otros medios
la necesidad de coordinar comunitariamente las tareas de emergencia y apoyo,
así como las estrategias de reconstrucción.
Por su parte, la Coordinación de
Protección Civil del estado responsabiliza a los municipios de la
desorganización existente, puesto que, afirma, carecen de atlas de riesgos.
El año que entra habrá elecciones y
los morelenses desconfían de un gobierno que guarda en sus bodegas ayuda para
los damnificados y que, de acuerdo con líderes de organizaciones civiles, usa
programas sociales para apuntalar a Rodrigo Gayosso, hijastro de Graco Ramírez,
rumbo a la gubernatura.
Desesperación
y desinformación.
Todo el primer cuadro de Jojutla será
demolido. Sus edificios comerciales están inservibles y detrás del centro, por
el rumbo de la Alameda, sólo se observa destrucción. Los damnificados esperan
en las aceras la llegada de las autoridades, pero éstas no vienen. En el fraccionamiento Reforma, al
sur de la colonia Emiliano Zapata, hay casas y edificios de departamentos
cuarteados.
Rosa vive en
la última parte de la calle 20 de noviembre. Aborda al reportero pensando que
es integrante de Protección Civil. Desconsolada, cuenta cómo esta parte de la
ciudad también se encuentra afectada y no está siendo atendida: “Yo entiendo
que hay prioridades. La gente de allá (la colonia Emiliano Zapata) está muy
amolada, pero nosotros también tenemos necesidades”.
Relata que 48 horas después del sismo
ninguna autoridad ha llegado al lugar. “Sólo necesito que me digan si puedo
vivir en mi casa o si debo buscar otro lugar”.
En otra
parte de la zona, que luce como si hubiera ocurrido un bombardeo, hay grupos de
jóvenes llevando agua, haciendo tortas. Otros cargan picos y palas para apoyar
en la remoción de escombros.
Algunos de
esos muchachos son estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos
(UAEM), que habilitó todas sus sedes como centros de acopio para después
repartir la ayuda con sus propios medios. Otros jóvenes, como Félix y Darío,
provienen de Pachuca. Al enterarse de lo ocurrido, ambos pidieron permiso a su
patrón para trasladarse a Morelos y brindar ayuda. Duermen a cielo descubierto;
están cansados, pero no desanimados.
Hasta el cierre de esta edición se
contabilizaban en la entidad 73 muertos, entre 20 mil y 30 mil casas afectadas
en los 33 municipios, daños en 200 sitios históricos y afectaciones en 45
edificios de la UAEM.
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