Salvador Camarena.
Alguien que
vio ayer la noticia del empresario huachicolero emparentado con el secretario
“yo qué chingaos” Luis Miranda, esa donde acusa a sus empleados del delito nada
menor de vender combustible robado, dijo en Twitter: claro, es bien mexicano no
asumir responsabilidades.
Alguien en
Twitter vio las imágenes de gente robando víveres de un camión, accidentado en
su ruta hacia la zona de damnificados, y dijo: típico de los mexicanos, de que
se lo chingue otro a que me lo chingue yo, pues yo.
Vean tele,
naveguen Internet, oigan radio y será inevitable que se topen con un señor
gastando dinero público para que ustedes le escuchen decir “me critican”.
Fíjense bien: no dice “hay críticas a mi gobierno”, no. Dice, con su camiseta
de Pepe El Toro, “soy víctima de insidias”. La diferencia es abismal, pero no
sé si sea bien mexicano que un jefe de Gobierno (es un decir) en vez de asumir
las críticas como parte de su responsabilidad política, recite spots escritos
para Libertad Lamarque.
Otro que
anda en la onda mediática tiene una frase muy parecida: se me está acabando el
ciclo en Morena. Ellos son los causantes de que yo me tenga que rajar, tengo
palabra… hasta que no. ¿Mexicanísimo?
No sé, no me
voy a tirar al piso (bien mexicano, dicen) para declamarles qué es lo mexicano
y qué no es lo mexicano. Lean a Paz, yo qué chingados.
Lo que sí
sé, porque resulta imposible no advertirlo, es cómo el Gabinete fifí está
regándola –bien mexicanamente– en Chiapas y Oaxaca.
Alguien vio
encuestas (supongo) y se le antojó que las ruinas de un país era la ocasión
ideal para hacer pretemporada electoral: que Rosario saque el huipil, consigan
caquis para Narro, quién va a llevar chalequitos tipo reportero, que a Osorio
no me le vayan a cambiar su camisa tipo antro, y no lo olviden, que nos vean
cer-ca-nos, que nos vean que los vemos. No se preocupen, no están tan prietos,
van a retratar bien, hasta una güerita seguro por ahí nos encontramos. Allá
Murat tiene gel desinfectante y mudas para después de abrazar pobres.
Preparados, cámara, acción…
Se les va a
revertir; por más selfies que regalen, por más spots en vivo que intenten, lo
lejana que está la vuelta a la normalidad de cientos de miles de mexicanos les
explotará en la cara. Una semana de terremoto y salvo un gobierno que exige
autocensura a los periodistas y que ruega caridad a los empresarios, no se ve
por ningún lado ni el plan ni el hombre (o mujer) de la reconstrucción. Y en
eso llegaron las lluvias. El gobierno se puede salvar, total si la cosa se nos
pone ruda cambiamos de set a la cruzrojadepolancoyya, pero los damnificados no
tendrán esa opción.
Porque lo
mexicano hoy no es hacer, sino que nos vean hacer. Lo mismo pasa con nuestros
empresarios. Sus campañas son: dona tú y entonces dono yo; la donación del
empresariado nacional no es –nunca, para qué, por qué– un asunto de hacer y ya,
de manos a la obra, punto, de plantarse sin demora en la ejecución de la ayuda:
no, que anuncien en los medios que voy a donar, a través de mi fundación, cuando
el pueblo mexicano, ese del que me he hecho millonario, saque la casta, muestre
que somos solidarios, que nos hermanamos en la tragedia…
Virgencita
que retiemble en sus centros la tierra para que podamos hacer product (o
candidato) placement y ganar reputación empresarial (o partidista o
gubernamental). Amén.
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