Adela Navarro Bello.
En la semana que sucede el Quinto
Informe de la administración federal encabezada por el priísta Enrique Peña
Nieto, se develaron también hechos que contrastan con el discurso presidencial
que de tan optimista, pareciera estar retratando la realidad de otro país, o de
la burbuja en la que vive el Presidente, donde la economía va muy bien, no hay
devaluaciones, los mercados se mantienen, las inversiones crecen, las obras son
efectivas y benefician a muchos, la seguridad es una realidad, y el gobierno,
los gobiernos, se manejan con transparencia, eficiencia y rectitud. Pamplinas.
La realidad es que más allá que Peña
haya dado “su mensaje a la Nación” en un sábado, lo más bajo perfil y solo para
los suyos, es que México sigue siendo el país gobernador por corruptos, opacos
e ineficientes que ha sido desde hace cinco años, y que mantiene a la población
entre la recesión económica, la presión gubernamental, la corrupción
institucional y la violencia del narcotráfico y el crimen organizado, todo
orquestado por una administración donde sobran los casos de corrupción, y
partidos políticos de oposición que cuando menos han servido de comparsa, y
cuando más han negociado.
Un día antes
del mensaje de Enrique Peña Nieto, en el semanario ZETA se publicó el reportaje
que recaba los datos de todos los estados y nacionales, para medir la violencia
a partir de las muertes dolosas, ejecuciones u homicidios, como desee
llamarlos, producto de la guerra que libran los cárteles de la droga por las
esquinas y las fronteras para el trasiego de estupefacientes para consumo local
e internacional, particularmente hacia los Estados Unidos.
La estadística es un parámetro para
determinar qué tan grave es el nivel de inseguridad; el conteo de ejecutados en
el periódico fundado por el periodista Jesús Blancornelas, se ha realizado
desde el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, y demuestra que la violencia
en México parece imparable. Los datos oficiales son tomados del Secretariado
Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, aunque no son los más
confiables. A lo largo de los años y el correr de los sexenios, los
funcionarios se las han arreglado para manipular las cifras y ocultar los
muertos. También
existe información en el INEGI, y por supuesto en los gobiernos estatales y
municipales. Se puede pues llegar a una cifra más real sin confiar en los
gobiernos que maquillan la estadística.
Así en ZETA contabilizaron, del 1 de
diciembre de 2012 cuando Enrique Peña Nieto tomó posesión, al 31 de julio de
2017, semanas antes del Quinto Informe, un total de 104 mil 602 ejecutados en
el País. Muchas más de los caídos en la guerra contra las drogas deFelipe
Calderón Hinojosa, que terminó su sexenio con una cifra cercana a los 100 mil
ejecutados.
Hoy día, sin
guerra contra las drogas, sin estrategia integral de combate a la inseguridad,
con más organizaciones criminales en el País, y otros cárteles empoderados, y
además con un Nuevo Sistema de Justicia Penal incompleto en su implantación, México vive una de sus peores épocas en
materia de seguridad, pero como era de suponerse, eso NO fue parte del mensaje
presidencial. Eso no ocurre en el País que ve, y del que habló el presidente.
Los 104 mil 602 ejecutados que se
registraron en México en los últimos cinco años, no tuvieron una mención en la
diatriba peñista, no existen oficialmente, aunque miles de familias lloren a
sus muertos. Para un presidente que dice que “lo bueno cuenta”, los muertos…no
cuentan mucho.
Tampoco la
corrupción cuenta.
Dos días
después del mensaje de Peña Nieto, en el periódico Reforma se dio a conocer una
investigación del grupo Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, que
develaba cómo el Procurador General de la República, Raúl Cervantes, había
adquirido en 2011 un Ferrari, un auto deportivo de lujo con varios millones de pesos
en precio, y que fomentando el irrespeto a las leyes que rigen la Ciudad de
México, el automóvil fue registrado en el Estado de Morelos, donde no se paga
tenencia, y para lo cual se utilizó el domicilio de una deshabitada casa de
interés social, donde es evidente que no vive el Procurador. La falta de ética de Raúl Cervantes para
conducirse en su vida público-privada, como son los trámites que debe hacer
frente al Estado Mexicano como todo ciudadana, son una mancha más a su
trayectoria que incluye la omisión en investigación de casos de corrupción, la
omisión de investigación en casos de violencia, e incluso en su pasado un
expediente por violencia doméstica.
Raúl Cervantes ha demostrado ser todo
complicidad cuando se trata de investigar a los funcionarios del gobierno
peñanietista, y de ser omiso y abusivo cuando se trata de los trámites propios.
Al igual que Luis Videgaray cuando hubo de explicar la adquisición de su casa a
una filial de Grupo Higa en Malinalco, Cervantes o mejor dicho una abogada de
Cervantes, explicó que cuando se hizo el trámite del Ferrari, éste no era
funcionario ni senador, y que además el trámite lo hizo la agencia que vendió
el vehículo, no el ahora Procurador que supones se ha dado cuenta que en los
últimos cinco años no ha pagado tenencia, pero bueno. Justificar una conducta
que se sospecha irregular, se ve abusiva, presume un conflicto ético y
representa un quebranto a las finanzas públicas, con el hecho de no haber sido
funcionario o legislador al momento de llevarla a cabo, refiere la actitud de
una persona con poca calidad moral para encabezar una fiscalía.
Al igual que los 104 mil 602
ejecutados, las arbitrariedades de Cervantes no aparecieron en el Quinto
Informe, como tampoco una amonestación pública, el
inicio de una investigación ministerial, o el retiro del alto cargo que ostenta
como Procurador General de la República. Nada, Peña como el agua que dice
es de él, Peña sabe ser fiel con sus
colaboradores, especialmente cuando son señalados de irregularidades, como han
sido los casos de Gerardo Ruíz Esparza, Emilio Lozoya Austin, David Korenfeld,
Raúl Cervantes, Luis Videgaray, y un etcétera que aún no termina de completarse
para seguir.
Tres días
después del informe, el colectivo
Mexicanos Contra la Corrupción y el portal noticio Animal Político, hicieron
pública una investigación periodística sobre cuentas observadas a la
administración federal en los años 2013 y 2014, donde encontraron un fraude a
las arcas federales por 7 mil 670 millones de pesos. De acuerdo a lo
documentado por los periodistas, y lo declarado por los entrevistados, se trata
del mayor fraude detectado –aun por un medio de comunicación- en la historia
contemporánea de México, y enraizado en la estructura del Gobierno Federal.
La forma de operar de los ladrones oficiales
era sacar el dinero de los presupuestos oficiales y enviarlo a Universidades,
instituciones académicas que a su vez realizaban transacciones con empresas que
resultaron fantasma o de plano irregulares. 7 mil 670 millones de pesos que
once Secretarías mandaron a ocho universidades y estas a 186 empresas. El
reportaje los periodistas y el colectivo lo titularon La Estafa Maestra, porque
eso parece ser, desde el centro del Gobierno Federal, un gran fraude, que no
está siendo investigado.
Por supuesto el presidente Enrique
Peña Nieto nada ha dicho dela Estafa Maestra, como tampoco del poco compromiso
cívico y social de su Procurador y mucho menos de los 104 mil 602 ejecutados. Muchos mexicanos si lo saben, aunque no se lo hayan dicho oficialmente,
porque la corrupción se ve y se prueba, la inseguridad se escucha en las balas
y el llanto, mientras la falta de ética se aprecia en la falta de resultados.
El de
Enrique Peña Nieto pasará a la historia como el sexenio de lo que no cuenta, de
la corrupción y la sangre, más allá del País de ensueño que el presidente quiso
vendernos en su mensaje.
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