Georgina Morett.
El calderonista Ernesto Cordero
Arroyo, ungido presidente del Senado, exagera o habla de oídas cuando se dice
víctima de una persecución estalinista y de un exterminio.
El punto de partida es simple:
Cordero acudió al PRI para ser presidente del Senado, en contra de la voluntad
expresa de sus compañeros de bancada. A continuación, se anunció un proceso para expulsarlo a él y
otros calderonistas metidos en la jugada.
En respuesta, Cordero envío un audio-mensaje
a todos los panistas vía WhatsApp, en el cual afirma que hay contra ellos una
política de exterminio. La palabra es una exageración o, por el contrario, el
grupo es megalómano: se cree tan importante que toda crítica contra ellos es un
crimen contra la humanidad.
El sábado
pasado Cordero acusó a Ricardo Anaya, presidente del PAN, de desatar una
persecución estalinista en contra del grupo de los cinco. Sólo para recordar,
las persecuciones de Stalin significaban prisión, tortura y muerte, no
presupuesto, reflectores y prebendas.
De 1930 a
1939 millones, sí, millones de rusos fueron encarcelados en campos de
concentración, más de 700 mil ejecutados, miles enviados al exilio, por órdenes
de Stalin. No vemos a Cordero sino recibir apapachos del gobierno, en especial
del precandidato priista José Antonio Meade.
De ahí que entre calderonistas haya
la impresión de que hicieron una mala inversión con Cordero, pues su elección,
producto de un pacto con el gobierno, en lugar de ayudar a Margarita la
perjudicó y tuvo que deslindarse. En cambio, fortaleció la percepción de que
Meade podría dividir el voto panista.
Pero,
finalmente, podríamos decir que a los
Calderón no sólo les falla la apuesta con Cordero, sino también con Roberto Gil
Zuarth y Salvador Vega Casillas quienes, por cierto, estudiaron en el ITAM, al
igual que Cordero y el secretario de Hacienda, José Antonio Meade.
A excepción
del senador Jorge Luis Lavalle, todos
los que votaron por Ernesto Cordero para presidente de la Mesa Directiva fueron
secretarios de Estado en el gobierno de Calderón.
Javier
Lozano fue secretario del Trabajo; Salvador Vega Casillas, de la Función
Pública; Roberto Gil Zuarth, secretario particular del presidente Felipe
Calderón, y Ernesto Cordero, secretario de Desarrollo Social y de Hacienda.
Por lo que
coincidieron con José Antonio Meade, quien ocupó los cargos de secretario de
Energía y de Hacienda en el sexenio pasado, y a quien hoy se le menciona como
un fuerte candidato a la presidencia de la República, pero del PRI.
Estos personajes lo trataron en el
sexenio pasado y algunos como Cordero fueron cercanos desde que estudiaron en
el ITAM; ahora pueden convertirse en impulsores de su candidatura, aunque sea
desde otra fuerza política.
Y de
cualquier forma, si Meade no es el
ungido del PRI, todo parece indicar que podría ser el próximo Gobernador del
Banco de México, por lo que hacer equipo con él, desde ningún punto de vista,
es descabellado.
A falta de
recursos…
La falta de
acuerdos que se vive en el Senado ha dejado de alguna forma acéfala a otra
dependencia. Hablamos del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) que,
por falta de acuerdos, tuvo que nombrar a una sustituta, Adriana Labardini, la
comisionada de mayor antigüedad, quien asumirá hoy la presidencia.
Cinco de los
consejeros han externado su intención de llegar a la presidencia del IFT, y
entre los que tienen mayores posibilidades están el actual presidente, Gabriel
Contreras, que no ha logrado alcanzar las dos terceras partes del voto de los
senadores, y Elena Estavillo, a quien se le reconoce por su independencia
política. A ver cuánto se contamina esta elección por el relevo presidencial.
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