En una oficina de cinco metros
cuadrados dentro de una pequeña plaza comercial de Ciudad del Carmen, Campeche,
operan oficialmente las empresas E&P Solutions y Energy Oil and Gas. Es un
despacho polvoriento, donde no hay mesas, sillas o personal trabajando.
El empleado del despacho contiguo
observa el cristal sucio de la oficina, que solo tiene un aparato de aire
acondicionado empotrado en la pared, y asegura que no recuerda que en ese
cubículo operen esas dos compañías.
“Nunca había escuchado el nombre de
esas empresas”, dice encogiendo los hombros.
El vecino de
despacho no es el único que no conoce a esas dos empresas: el Servicio de Administración Tributaria (SAT) tampoco pudo encontrar
ni rastro de ellas.
Y no las encontró porque se trata de
empresas fantasma, es decir, compañías que no están en donde reportan, no pagan
impuestos, usan facturas falsas y no tienen la infraestructura ni el personal
necesario para dar servicios. Por eso están en la ‘lista negra’ del SAT.
Quien sí encontró y tuvo tratos con
estas empresas fue el Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco (ITSC), una
universidad pública que en 2013 las contrató por 566 millones de pesos para dar
“servicios profesionales especializados en ingeniería” a Petróleos Mexicanos
(Pemex).
Esta
universidad pública de Tabasco no solo contrató a E&P Solutions y Energy
Oil and Gas. También a otras dos empresas: Drilling and Completion Services y a
Integrated Reservoird Management Services de México.
Las cuatro participaron en el fraude
de 566 millones de pesos y tienen en común que comparten socios, representantes
legales y comisarios, quienes resultaron ser prestanombres, según se confirmó
al entrevistarlos en sus domicilios ubicados en colonias populares y con altos índices
de violencia de Tabasco.
No es la
única coincidencia. Estas cuatro
empresas tienen otro elemento en común: desaparecieron en cuanto recibieron el
dinero público, según consta en la fecha que presentan las actas de liquidación
entregadas al Registro Público del Comercio y en los datos de los contratos de
cada convenio.
Esta es la punta del iceberg. Con ese
modus operandi, entre 2011 —con Felipe Calderón en la presidencia y Juan José
Suárez en la dirección de la paraestatal— y 2014, Pemex entregó 3 mil 576
millones de pesos a 96 empresas, para lo que contó con la complicidad de seis
universidades públicas del sureste del país, con quienes firmó 39 convenios.
A través de
la filial Pemex Exploración y Producción (Pemex-PEP), la petrolera firmó esos
convenios de colaboración con la Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR), la
Universidad Popular de la Chontalpa, el Instituto Técnico Superior de
Comalcalco, la Universidad Politécnica del Golfo de México, y las universidades
Juárez Autónoma y la Tecnológica, ambas de Tabasco.
Las universidades, aunque declararon
por escrito que tenían la capacidad para cumplir con todos los convenios y se
quedaron con una comisión de 634 millones de pesos, contrataron a otras
empresas, que tampoco podían dar el servicio, por lo que contrataron a unas
más. El dinero dio tres vueltas.
La
Universidad Popular de la Chontalpa, por ejemplo, declaró por escrito que tenía
la capacidad para cumplir con servicios para Pemex-PEP y que “no requería la
contratación de ningún tercero”. Era mentira.
El convenio 425102832 entre Pemex y
la Chontalpa se firmó por 238 millones de pesos. Pero ese mismo día, la
universidad transfirió el dinero a la empresa Maheca S.A. de C.V.
Esta
subcontratación se realizó sin que la universidad justificara con un estudio de
mercado que contratar a esa empresa significaba mejores precios o mejores
condiciones para realizar los servicios.
En otro caso, en el convenio con
Pemex-PEP 428811857, la Universidad de la Chontalpa tenía tanta prisa por
subcontratar a Maheca S.A. de C.V., que firmó el contrato un día antes de
sellar el convenio con la petrolera.
La Universidad de la Chontalpa
repitió este modelo en al menos once ocasiones tanto con Maheca S.A. de C.V.
como con otras tres empresas: Surface Technology SA de CD, Pro Source S.A. de
C.V. y Cantarell Services. Así repartió 861 millones de pesos.
El modelo se repitió una y otra vez
hasta sumar 3 mil 576 millones de pesos.
Emilio Lozoya Austin fue director de
Pemex los primeros 4 años de este sexenio. Cuestionado sobre estos convenios,
respondió a Animal Político y MCCI: “dichos contratos se asignaron a nivel de las
regiones, y no desde el corporativo, de tal forma que nunca conocí ni los
detalles ni participé en los procesos de adjudicación”.
“Si hubo posibles irregularidades, mi
postura es que se investigue y en su caso deslinden responsabilidades. Esto
siguiendo el debido proceso y analizando los temas técnicos que estos contratos
hayan estipulado”.
96 empresas
y exfuncionarios involucrados.
Los 39 convenios que se firmaron con
las universidades fueron palomeados por altos funcionarios de Pemex-PEP que,
lejos de ser sancionados, fueron premiados con un ascenso. Por ejemplo, José
Luis Fong Aguilar, como subdirector de Producción Región Sur, firmó el convenio
425102832 con la Universidad Popular de la Chontalpa, lo que significó un
desvío de 238 millones. En la actualidad continúa en la petrolera como
subdirector, pero ahora del área de Producción Bloques Norte.
Un caso más
claro es el de Juan Javier Hinojosa
Puebla, quien como subdirector de Desarrollo de Campos de la petrolera firmó
dos de estos convenios por un total de 207 millones. Hoy, es director de
Pemex-PEP.
Cuando se le pidió a Hinojosa Puebla
su versión de lo ocurrido se negó a responder.
La actual
administración de Petróleos Mexicanos dijo a Animal Político y MCCI que la
petrolera “constató que las universidades e instituciones educativas estatales
con las que se celebraron los contratos cumplieran con los requisitos
(fundamentalmente consistentes en su capacidad técnica y económica), que en la
normativa de la empresa se encontraban establecidos para la contratación de los
servicios”.
Y agregó que
“en todos los casos, las universidades declararon contar con la experiencia y
recursos, así como con la capacidad técnica y financiera para cumplir con la
prestación de los servicios objeto del convenio específico”.
En su momento, la Auditoría Superior
de la Federación reportó que estos convenios entre Pemex y las universidades
públicas fueron ilegales, pues las instituciones educativas no realizaron los
servicios y, violando la ley, subcontrataron a empresas.
Medios mexicanos, por su parte,
también informaron que distintas dependencias han eludido licitaciones
realizando convenios con universidades públicas, los cuáles derivaron en
presuntas irregularidades reportadas por la ASF.
Animal
Político y MCCI revisaron cada uno de los convenios firmados entre las
universidad y Pemex para determinar qué pasó con el dinero público involucrado.
La investigación se abocó en confirmar si las empresas contratadas operan
legalmente, visitar los domicilios registrados, cuestionar a los socios de las
mismas y comprobar si se prestaron los servicios.
El resultado: se confirma que,
contrario a lo que respondió Pemex, las universidades no realizaron los
servicios y entregaron el dinero público destinado a mejorar la producción
petrolera del país a 96 empresas que presentan un amplio ramillete de
irregularidades.
Por ejemplo,
cinco de las compañías son fantasma, según el SAT; siete no fueron localizadas
por la Auditoría Superior de la Federación (ASF); seis recibieron millones de
pesos a pesar de no contar con folio mercantil —el registro que toda empresa
debe tener antes de operar legalmente—; cuatro no existían en la dirección
reportada, y 11 fueron desmanteladas tras recibir el dinero de los contratos.
Además, como parte del fraude
millonario, Pemex-PEP entregó contratos por 932 millones de pesos a siete
compañías que pertenecen, o que tienen entre sus integrantes, a 10
exfuncionarios de la misma filial petrolera.
En algunos casos, incluso, los
exfuncionarios violaron la ley de Servidores Públicos al no esperar un año
fuera del gobierno para hacer negocios con Pemex-PEP.
Pero para Pemex esto “es normal”, pues dijo que
“esos profesionistas cuentan con capacidad y experiencia en el ramo para la
efectiva prestación del servicio”.
Uno de los exfuncionarios que
presuntamente violó la ley es Héctor Vera Argüelles, quien trabajó como
supervisor en el área de Coordinación de Programación y Evaluación de Pemex-PEP
hasta que en octubre de 2010 abandonó la petrolera.
Siete meses después de dejar el
cargo, Vera Argüelles se convirtió en representante legal de la empresa Maheca
S.A. de C.V. y consiguió dos contratos por 127 millones de pesos para dar
servicios a Pemex-PEP.
En poco más dos años, esta empresa
vinculada al exfuncionario sumó 502 millones de pesos en ocho contratos.
El
exfuncionario usó el mismo esquema: Pemex-PEP contrató a Maheca S.A. de C.V. a
través de la Universidad Popular de la Chontalpa, para que diera asesorías
petroleras. Esto, a pesar de que la empresa, según su acta constitutiva, se
dedica a asesorías contables e informáticas.
Pero Maheca no fue el destinatario
final de todo el dinero. Como no tenía el perfil ni la capacidad para cumplir
con los servicios, entonces subcontrató a cinco empresas a las que transfirió
90 millones de pesos de los 342 millones que recibió de tres convenios con la
Universidad de la Chontalpa.
De esas, Logistic Peninsular S.A. de C.V. ya fue
denunciada por el SAT como empresa fantasma. Construcción, Suministros y Arrendadora
Lomax recibió dos contratos pese a no tener folio mercantil, según respondió en
una solicitud de información la Secretaría de Economía. Mientras que Pen
Comerce S.A. de C.V. y Global Baker Oil fueron liquidadas en el estado de
Guerrero, lugar de su sede, una vez que recibieron contratos millonarios.
Maheca ni siquiera tenía socios de verdad:
Francisco N., uno de los accionistas fundadores —de los dos que registró la
empresa cuando fue constituida en 2010—, es un conserje que labora limpiando el
suelo de una escuela ubicada en una ranchería pobre de Tabasco.
Francisco N.
admitió en entrevista que se alquiló a un bufete de contadores para aparecer
como dueño de Maheca. No dijo cuánto recibió por convertirse en prestanombres,
aunque sí aseguró que no vio ni un peso de los millones que le empresa ganó
mientras él fue accionista.
“Si yo hubiera ganado algo de ese
dinero no estaría trabajando en esta escuela”, dijo el conserje y prestanombres
de Maheca.
La otra persona que aparece como
dueña de la firma, Ofelia del Rosario Arce Medellín, no fue localizada en el
domicilio reportado. Tampoco se localizó a Alejandra Pinete Herver, otra
accionista. Quien vive en el domicilio negó conocerlas o saber algo de Maheca:
“En mi casa vivo yo y no sé nada de esa empresa”.
Otro exfuncionario que se benefició
de este esquema es Silvano Torres Xolio, quien de 1993 a 2003 fue
superintendente en la Subdirección de Auditoría de Seguridad Industrial de
Pemex-PEP, y en junio pasado se postuló como candidato a presidente municipal
de San Andrés Tuxtla, Veracruz, por el Partido Verde.
Torres Xolio
se asoció con Williams Morfín Silva —que tuvo el cargo de subgerente en la
subdirección de Seguridad Industrial de Pemex-PEP— para fundar la empresa
Cantarell S.A. de C.V.
Las acciones
de Cantarell se transfirieron en 2006 a Flor Estefanía Torres Gallardo, hija de
Torres Xolio. Mientras que su hermana, Diana Beatriz Torres Gallardo, figura desde
ese año como representante legal de la empresa Pro Source S.A. de C.V.
Estas empresas en 2013 ganaron 190
millones en dos contratos entregados por la Universidad de la Chontalpa para
trabajar con Pemex. De ese monto, transfirieron 28 millones a una empresa
catalogada como fantasma por el SAT y otra más que no existe en el domicilio
registrado, tal y como corroboró este equipo de investigación. Apenas 76
millones se entregaron a tres empresas que sí hicieron los servicios y los 113
millones restantes simplemente se desvanecieron.
En los domicilios que registraron Pro
Source y Cantarell en los contratos con la Universidad de la Chontalpa, Animal
Político y MCCI confirmó que las oficinas están desmanteladas. También se
visitó el domicilio reportado por Silvano Torres Xolio, en Villahermosa,
Tabasco, pero éste no respondió a la petición de entrevista.
Ante el
Registro Público de Comercio, Cantarell
aparece liquidada el 6 de julio de 2016. La empresa argumentó que se disolvió
porque estaba “agobiada por los gastos operativos”.
Regreso al
futuro.
A través de
la Universidad Autónoma del Carmen de Campeche (UNACAR), Pemex-PEP entregó en 2012 dos contratos por 86 millones a MC
Tecnologies S.A. de C.V. Sin experiencia previa con Pemex, esta compañía
recibió contratos millonarios dos años después de que su socio fundador, Benito
Javier Criollo Herrada, dejara la petrolera tras 20 años de trabajar como
gerente en el área de Perforación-división Norte.
En el acta
constitutiva de esta empresa también
figura como comisaria Candy Guadalupe Pérez, quien no solo es empresaria, sino
también —y al mismo tiempo— funcionaria de Pemex-PEP en el área de supervisión
de contratos.
MC
Tecnologies fue contratada para dar servicios a la petrolera en junio de 2012.
Sin embargo, el convenio que avaló esta contratación entre UNACAR y Pemex-PEP
está firmado en junio de 2013. Es decir,
a MC Tecnologies se le entregó el dinero un año antes de que la propia
Pemex-PEP supiera que necesitaba esos servicios.
El exfuncionario Benito Javier
Criollo no respondió a la solicitud de entrevista.
Animal Político y MCCI buscó al
rector de UNACAR, José Antonio Ruz Hernández, pero también declinó hacer
comentarios.
Con este esquema, Pemex se suma a la
lista de instancias del gobierno federal que firmaron contratos por 7 mil 670
millones de pesos.
En palabras
del Auditor Superior de la Federación, el esquema es “un acto de corrupción”.
Y eso, sin
contar que, hasta el día de hoy, el gobierno federal ha firmado 2 mil 61
convenios iguales con universidades públicas que violan la Ley de Adquisiciones
y que involucran 31 mil 668 millones de pesos.
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