Diego Petersen Farah.
En la medida
en que avanza el frente de los dos nombres, para algunos amplio y democrático,
para otros ciudadano y mexicano, más arrecian las críticas. La principal
objeción y señalamiento que se ha hecho contra el Frente es la mezcla
ideológica, como si eso fuera pecado mortal. Seamos honestos: si algo
caracteriza a los partidos políticos mexicanos es su ambigüedad ideológica: el
PRI pasa de la izquierda a la derecha sin tapujos y de acuerdo a los tiempos, a
los vientos que soplen y al lugar donde esté; Morena es de izquierda en
política económica y al mismo tiempo moralmente conservador; el Verde no tiene
ideas, solo intereses; Movimiento Ciudadano es totalmente amorfo
ideológicamente hablando. Los más definidos, y no por ello ausentes de
contradicciones, son el PAN que se asume de derecha y el PRD que se asume de
izquierda, cualquier cosa que eso signifique.
Lo que sí
tiene el Frente es sentido electoral. Para cualquiera de los tres partidos ir
solo les significaría ser solo actores de reparto en la elección. La mejor
prueba de que esta coalición de partidos puede ser efectiva es el golpeteo que
se ha desatado en contra de ella. Más allá de quien sea el candidato (hay muy pocas
posibilidades de que sea alguien distinto a Ricardo Anaya) hay cosas
interesantes en la propuesta del Frente que pueden refrescar la democracia
mexicana.
Lo más
interesante, me parece, es el esquema de equilibrios que se plantea con el
secretario de Gobernación, a quien por un lado le dan estatura de jefe de
gobierno y además deberá ser por obligación de un partido perteneciente a la coalición,
pero distinto al del presidente. Eso genera un equilibrio necesario no solo en
un gobierno de coalición sino en un país donde la diversidad política es
amplia.
La agenda
legislativa, por el contrario, más que generar una nueva visión de país es por
lo pronto una suma de diversas prioridades. Los tres se apoyan para sacar
adelante los temas que han promovido con su electorado. Es evidente que en
estos momentos la prioridad de los tres es quedar lo mejor posible con sus
electores y demostrar que con el Frente es más fácil ganar batallas, pero está
lejos de ser una agenda de cambio para al país, al menos no por ahora.
Habrá que
ver cómo termina por conformarse la Coalición no solo en lo referente al
reparto de las candidaturas (al parecer ese paso está dado) sino si realmente
logran proponer un proyecto de país distinto al del PRI y el de Morena, que
tenga identidad propia y sentido político más allá de un no a la corrupción,
vendible pero hueco, y no al populismo, otra visión ramplona y superficial.
Ambos son slogans fáciles y huecos con que se ataca al PRI y a Morena respectivamente,
pero están muy lejos de ser un proyecto de nación.
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