San Antonio Alpanocan, comunidad
perteneciente a Tochimilco, Puebla, es una de las más devastadas tras el
terremoto del 19 de septiembre. Casi el 90 por ciento de viviendas tienen daños
irreversibles. Su iglesia está en ruinas y los caminos para acceder presentan
derrumbes. A pesar del escenario desgarrador, el pueblo ha dicho no a la ayuda
gubernamental y solo agradecen la que los civiles les dan.
Debido a la gran cantidad de personas
que quieren ayudar, el camino de Atlixco a Alpanocan que normalmente es de no
más de hora y media, ahora es de hasta tres por el número de automóviles que
ingresan al lugar.
Esta
comunidad se encuentra a media hora de Axochiapan, Morelos, el epicentro del
terremoto de 7.1 que sacudió el centro de México a las 13:14 horas del 19 de
septiembre.
Por ello, el
golpe a su población es inaudito. Conforme se recorren sus calles aumenta la
catástrofe. Casas sin muros o con huecos en sus paredes; techos colapsados y
viviendas caídas en su totalidad es parte del escenario de esta localidad.
“Mi casa se
levantaba del suelo y brincaba”, narra una mujer que lo perdió todo y no tiene
un lugar para que vivan sus cuatro hijos.
Cada hogar que logró resistir el
movimiento telúrico se han pegado cartulinas con mensajes de agradecimiento a
toda la gente que ha aguantado el viaje y llegado a estas calles a brindar el
apoyo. Esta vez no importan las faltas de ortografía, sino el contenido que
sale del corazón para reconocer a los héroes sin capa.
En estos mensajes es clara la postura
de la gente de Alpanocan a las autoridades: “Fuera el gobierno. Gracias
personal civil y estudiantes”.
Y el mensaje
no sólo ha sido enviado vía cartulinas. Una
representante de la Secretaría General de Gobierno, la misma que reconoció que
la autoridad está rebasada, les expuso que es complicado que lleguen las
maquinarias, por lo que la gente del lugar le dejó en claro que no los
necesitan y ellos pueden continuar con la tarea de poner de pie a su comunidad.
Alpanocan es una comunidad de cerca
de 3 mil habitantes, pero es tanta la ayuda civil que por momentos se duplica
la población.
Sus habitantes han agradecido una y
otra vez la llegada de ayuda humanitaria. Pero enviaron el mensaje de que ya no
necesitan más víveres: “nadie sufre por una despensa”, gritó un poblador en medio de una
reunión con representantes del gobierno estatal.
“Queremos máquinas para sacar el
escombro. Queremos picos, queremos material”, reviró otra persona.
Esta
comunidad provoca incredulidad. Es complicado entender cómo la naturaleza
generó tal destrucción.
Pero los pobladores ya lo asimilaron
y buscan darle la vuelta. Los dueños de las casas inservibles, con la ayuda de
los voluntarios, ya derribaron la infraestructura que genera riesgos de
accidentes o de plano han tirado todo su hogar para dar paso a la
reconstrucción.
Otros han aceptado las casas de
campaña que lleva la gente o han montado campamentos para que sus hijos no
duerman a la intemperie, pues la lluvia también se ha aparecido y no le importa
las condiciones en las que se encuentran.
La avenida principal de Alpanocan se
ha convertido en un mural de agradecimientos. “Gracias Puebla. Gracias
Querétaro. Gracias Jalisco. Gracias países extranjeros. Gracias maestros.
Gracias estudiantes. Regresen con bien”, son las leyendas que quedarán marcadas
para siempre, aunque las cartulinas desparezcan.
Y así será
recordada la comunidad. La misma que al gobierno le dijo “gracias, pero no
gracias”.
PAGAR POR
AYUDAR.
Poco después del sismo, estudiante y
ciudadanos llegaron al pueblo con ayuda. Fueron recibidos con gran alegría.
Había alumnos del Tecnológico de Monterrey campus Puebla, de la Universidad
Iberoamericana.
Días después, sin embargo, ni una
sola autoridad había puesto un pie.
Los pobladores
dicen que el miércoles se asomó la
Alcaldesa de Tochimilco, municipio al que pertenece el pueblo. Se asomó, y ya
no regresó.
Y es hora de que no se para ni un
sólo representante del Gobierno federal o del Gobierno poblano.
Los que acuden al pueblo como voluntarios,
sin embargo, no se salvan de pagar cuotas en las carreteras. Trescientos pesos.
La Carretera Siglo XXI fue entregada por el ex Gobernador Rafael Moreno Valle a
la empresa Pinfra. Costó un dineral, pero aisló a la comunidad, que no sale ni
entra porque es entregarle lo que gana un hombre en dos días de labor.
Obvio, Pinfra no se ha solidarizado
con nadie. Sigue cobrando cuotas en la emergencia.


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