Francisco Ortiz Pinchetti.
Las advertencias de expertos sobre los riesgos de la
construcción de edificios en la Ciudad de México, hechas hace décadas, vienen a
confirmarse ahora con un estudio fundamental realizado por el Centro de
Geociencias (CGeo) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Los
especialistas elaboraron un mapa que permite conocer en dónde se ubican las
principales fracturas que afectan la infraestructura urbana de la capital, que
es revelador.
Y que confirma cómo una combinación perversa entre la
corrupción, la irresponsabilidad y el negocio inmobiliario.
Queda
claro, como lo advirtieron también desde hace tiempo diversos expertos, que la
extracción criminal del agua del subsuelo es el factor que detona y pone en
evidencia las debilidades que ya existían en el suelo, pues por el “estrés
hídrico” el subsuelo se consolida y se compacta, y las irregularidades y
discontinuidades que ya estaban comienzan a manifestarse o propagarse hacia la
superficie. La Ciudad de México se hunde en promedio de 20 a 30 centímetros al
año, debido en gran parte a la sobreexplotación irracional del acuífero, por lo
que esos desplazamientos, dicen los expertos, deben ser considerados en un plan
de reconstrucción a corto y mediano plazos.
Desde 2009, ingenieros de la propia UNAM delimitaron las
zonas de mayor riesgo sísmico de la ciudad y advirtieron de la fragilidad del
suelo y de las deficiencias de las construcciones examinadas en esa parte de la
capital. Ahora se confirma que las zonas más afectadas por el terremoto son
precisamente aquellas en las que se ubican las fracturas del subsuelo.
El trabajo
del CGeo dado a conocer apenas este jueves, ha permitido identificar la
vulnerabilidad física del suelo de la capital del país susceptible a
fracturarse y a estimar la fragilidad social en zonas de fracturamiento, pues
este problema afecta de diferente manera a la población, dependiendo del nivel
socioeconómico.
Las fracturas obedecen efectivamente a un “contraste” entre
los suelos de las sierras que conforman el Valle de México y lo que fue el
lecho del lago. “Existe una relación directa entre la aparición de las
fracturas y las áreas de contraste entre las zonas del lago y los edificios
volcánicos”, explicó la investigadora Dora Carreón Freyre al dar a conocer el
estudio del CGeo. Explicó que al
comparar los mapas de fracturas con los sitios dañados por los sismos de 1985 y
2017, se identificó que los edificios colapsados se sitúan en las zonas con más
fracturas, especialmente en las delegaciones Benito Juárez y Cuauhtémoc.
No
obstante, esas dos demarcaciones son precisamente las que registran en los
últimos 15 años el mayor número de construcciones de edificios a raíz del boom
inmobiliario. Amparados en el Bando Dos y luego en la Ley de Desarrollo Urbano
que auspiciaron un “repoblamiento” de las delegaciones centrales de la ciudad
para evitar que continuara un crecimiento inadecuado de la mancha urbana, los
gobiernos delegacionales de esas demarcaciones, coludidos obviamente con los
desarrolladores de vivienda, permitieron y facilitaron de manera irresponsable
y corrupta un verdadero festín de edificaciones, muchas de ellas para colmo
ilegales, pues violaban las normas vigentes para el uso del suelo y la
preservación del medio ambiente.
Se llegó al
extremo de permitir casos tan aberrantes como la construcción de dos torres de departamentos
en pleno Parque Hundido, en la colonia Insurgentes Extremadura de la delegación
Benito Juárez, con la anuencia del gobierno delegacional panista. Ante una
movilización vecinal sin precedentes, la obra fue finalmente detenida y
demolida por el gobierno central de Marcelo Ebrard Casaubón, aunque luego de
¡indemnizar a sus propietarios!
Tras
conocerse el nuevo estudio de la UNAM, es de esperarse que la construcción de
edificios altos en esas delegaciones con mayor afectación por fracturas del subsuelo
sencillamente se detenga de manera definitiva; pero sería también necesario que
se castigue a los culpables de la tragedia, tanto autoridades corruptas como
desarrolladores sin escrúpulos y directores responsables de obra (DRO)
absolutamente indolentes y rateros. ¿Habrá siquiera uno que sea encarcelado?
Un ejemplo flagrante de la manera criminal de actuar por
parte de eso tres actores, es el del edificio colapsado en Bretaña 90, en la
colonia Zacahuitzco, donde fallecieron dos personas. Se construyeron con
materiales de pésima calidad dos pisos adicionales a un edificio de tres pisos
que ya estaba dañado previamente por la demolición de una casa adyacente. Y fue
uno de los 38 que se derrumbaron en Benito Juárez.
La DBJ
denuncia ahora a la constructora, la empresa Dijon, S.A. de C.V., como
responsable por utilizar materiales de mala calidad, aunque no explica por qué
la autoridad no actuó oportunamente para impedir la obra. Tampoco ha dicho que existe otro edificio
de seis plantas en el mismo predio, según reveló este jueves el sitio
Libreenelsur.mx. Fue edificado de manera subrepticia, sin manifestación de
construcción, en los primeros meses de este año. También en esa obra
absolutamente ilegal se agregaron dos plantas a una construcción ya existente,
donde hace años se fabricaban bocinas. Y pese
a las quejas, reiteradas, presentadas por los vecinos, el director general
Jurídico de la delegación panista, Armando Ramírez Solórzano, no actuó para
evitarlo. Se hizo guaje ante un atropello flagrante. Ese funcionario es el
mismo al que los juarenses reunidos frente a la sede delegacional el pasado
sábado 7 de octubre le gritaron “¡asesino!”.
Los casos
de corrupción en el desarrollo inmobiliario de la capital suman miles. Es
escandaloso. Dudo que haya una sola construcción en la que se cumplieron en
algún grado las normas y no se pagó mordida a la autoridad. Es usual. Las
empresas constructoras incluyen en su presupuesto el monto del cohecho. Ellas
financian campañas electorales y proyectos personales de funcionarios.
Violación
de uso del suelo, falsificación de manifestaciones de construcción, edificación
de más niveles que los permitidos, utilización de materiales y técnicas de mala
calidad, incumplimiento de las disposiciones sobre áreas verdes y
estacionamientos y toda una letanía de infamias, abusos y corruptelas son
práctica cotidiana, en aras de un “desarrollo sustentable” usado como
máscara de la inmoralidad.
Nuestra
ciudad está quebrada, dicen los expertos. Y también, digo yo, está podrida por
el lucro.
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